10 de mayo de 2016

Una rosa para Teresa

Amor inmortal

        
           Los hijos de Teresa y Alejandro eligieron el siguiente epitafio para su tumba:

             «Las historias de amor verdaderas nunca tienen final»

Es hermoso y se ajusta a la realidad. En lenguaje literario lo llamaríamos microrelato: una historia importante contada con muy pocas palabras. 

Desde que enterramos a Teresa, un mes después que a su esposo, no he dejado de pensar en lo que vi aquel día en el cementerio. Sus hijos, también Teresa y Alejandro, me han permitido contar parte de su historia de amor.

La tarde de Nochevieja de 2011 era fría y oscura; declinaba, cuando familia y amigos depositábamos las cenizas de Alejandro junto a las de sus suegros, a los que en vida había amado como a padres, esa había sido la decisión de Teresa, su viuda. Ella, junto a sus hijos, había querido acompañar la urna con un centro piramidal de rosas rojas, perfectas. No aceptaron ninguna ofrenda floral más porque no querían contaminar el simbolismo que esa flor tenía para la pareja: cada primavera, cuando los rosales se plagaban de capullos, Alejandro esperaba ilusionado a que la primera rosa se abriese para ofrecérsela a su amor: Teresa.


Durante la misa de funeral, el cura había proclamado, como si nos hiciese partícipes de una premonición, la siguiente frase: «El amor llama al amor». Reunidos alrededor de la tumba de Alejandro contemplamos cómo su hijo depositaba en el interior, primero la urna, y al lado, las rosas. Cuando los operarios volvieron a colocar la lápida en su lugar, salimos del cementerio y nos despedimos con abrazos y palabras de cariño.

                                                         
Eternamente juntos


Un mes y cinco días después, el 5 de febrero de 2012, Teresa fallecía. Rotos de dolor, sus hijos decidieron seguir las mismas pautas que ella había marcado el día que murió su marido: incineración y rosas, otro centro idéntico al que habían elegido para Alejandro.
El enero que transcurrió entre las muertes de los esposos fue extremadamente frío. Segovia se vestía de gris y blanco durante el día porque las nieblas impedían que el sol asomase. Dolía respirar el aire que con violencia penetraba a través de nuestra nariz o boca, y que después era expelido transformado en un vaho blanquecino que tardaba en fundirse en el ambiente.

De camino al cementerio, la hija llevaba el centro de rosas, mientras que el hijo portaba el vaso de mármol con las cenizas. Algunas personas se habían anticipado y les esperaban en la puerta, otras, más impacientes, salieron a su encuentro para darles la noticia.

La primera pirámide de rosas rojas, la de Alejandro, estaba perfectamente conservada, parecía que las flores acabasen de ser cortadas.

"Alejandro la espera", me dije ese día y otros muchos después. No fui la única que lo pensó.

Los hijos colocaron las urnas pegadas la una a la otra, al igual que los centros. Tenían una razón poderosa para hacerlo: respetar una voluntad que aunque no había sido manifestara con palabras, sí con hechos. En todos y cada uno de los recuerdos que guardaban de ellos, siempre aparecían agarrados, muy juntos. Como si cada uno fuese la mitad del otro.


                                                                 
Historias de amor sin final
         


Puede que haya explicaciones científicas para el hecho de que unas docenas de flores frescas, enterradas en una tumba, sin luz y con una temperatura nocturna de diez grados bajo cero, durante treinta y cinco días, puedan conservarse intactas. Sin embargo, a día de hoy, nadie ha podido darme un argumento racional.
En esta ocasión, la última imagen que vimos antes de que sellasen la tumba por segunda vez en poco tiempo, fue la de dos vasijas gemelas acompañadas de sendos centros de rosas frescas recién cortadas para Teresa.

De las anécdotas que sus hijos han compartido conmigo, me quedo con la siguiente:
Corrían los años sesenta cuando sus padres se enamoraron. A la pareja les separaba una ridícula distancia de diez kilómetros, o eso nos parecería hoy en día que todos tenemos coche, sin embargo, por aquellos años era habitual visitar a las novias salvando el trecho con las socorridas bicicletas. Cuando el tiempo era benigno, el camino podía ser un paseo agradable por una carretera rodeada de bosque, pero cuando hacía frío... Y bien sabemos todos cómo son los inviernos segovianos.

                                                                           
Por amor


La tarde de un lejano 17 de enero, Alejandro había querido celebrar su cumpleaños con Teresa. Lo pasaron bien, pero las horas de luz eran escasas y enseguida llegó el momento de la despedida. A modo de broche final, ella le ofreció un regalo que él colocó amorosamente en el sillín de la bicicleta, bien sujeto para que no se soltase.

Casi de noche, como siempre con gran pesar, se dijeron adiós. Hacía tanto frío, que a los pocos minutos Alejandro empezó a perder la sensibilidad de las manos. Apenas podía sujetar el manillar. Se soltaba de una para llevársela a la boca y soplar sobre los dedos medio congelados, a pesar de lo cual, enseguida volvían a quedarse fríos. Incluso probó a remeter, alternativamente, bajo el brazo y en contacto con sus axilas, lo que en aquellos momentos debían parecerle apéndices corporales inservibles. Los diez kilómetros se transformaron en un camino interminable. Cuando por fin divisó las luces del pueblo, ya no sentía nada.

Ya en su casa, contemplo sus manos moradas y rígidas. Las calentó acercándolas a algún rescoldo que aún quedaba en la lumbre. Poco a poco, y con dolor, la sangre empezó a circular de nuevo. Cuando hubo recuperado el control sobre sus extremidades, decidió abrir el regalo de cumpleaños que su amor había preparado para él: eran unos guantes.
  

                                                                      
No pases frío, mi amor



¿Conoces alguna historia de amor que deba ser recordada?

21 comentarios:

  1. Aún estoy emocionado. Un ejemplo de amor. Siempre juntos.....

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    1. Tú lo has dicho: "Siempre juntos". Cuando habla el corazón, nunca nos equivocamos. Entre otras muchas cosas, eso fue algo que aprendí de ellos.
      Bien sabes que ese día recibimos un mensaje que, a pesar del tiempo transcurrido, permanece muy presente.
      Recibe un abrazo muy grande, munrodal. Siempre juntos...

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  2. Un aprendiz de poeta de andar por casa pensó una vez: [...] porque historias cercenadas no debiera haber ninguna[...]
    Pero está en cada uno compartir estos tesoros. Creo que está historia es eso, un tesoro.
    Gracias Araña. Nos tienes como moscas,atrapados en tu tela.
    Sólo que en este caso no esperamos ser devorados sino que esperamos impacientes que nos deleites con estas historias maravillosas.

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    1. Buenas tardes, Atalaya.
      Tus palabras bailan las unas junto a las otras. Me dice mi olfato que te gustan las letras, y no solo para leerlas. Te gusta escribir. ¿Me equivoco?
      Me alegra que te haya gustado el post. De las cinco categorías que tiene el blog, Gente que enamora es la que más ilusiona.
      Muchas gracias. Te invito a continuar colaborando con tus palabras; a tu aire.
      Hasta pronto.

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    2. Cuantas sensaciones han pasado hoy por mi cabeza y mi corazón. Estoy tumbada en mi cama con los ojos como platos y creo que mi último pensamiento antes de dormir será para Teresa y Alejandro.

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  3. Hola araña rosa es impresionante ver por escrito esta maravillosa y real historia.Esta mañana contaba los minutos para ver la publicación. Millones de gracias por este homenaje a los grandes pilares de mi vida. Según lo estaba leyendo recordaba lo que me dijiste en esos cuatro últimos días de Teresa cuando la acompañamos antes de emprender su ultimo viaje :"Déjala marchar,no te aferres a ella",pero yo no podía,no era posible que en tan pocos días me quedara sin mis referentes.Al final me decidí,me acerque a su oído y la dije:nosotros te necesitamos pero si quieres irte con papá vete,busca lo que tu desees y lo que sea mejor para ti. A los pocos minutos expiró.
    No me canso de darte las gracias y decirte que lo he compartido con mis compañeros que se han emocionado y de su parte darte la enhorabuena por lo bien escrito,el sentimiento y el AMOR que has puesto en ello.
    TE QUIERO

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  4. Querida Turquesa.
    Hay historias que se escriben solas. Mejor dicho: hay historias tan importantes que son imposibles de escribir; solo se puede insinuar su grandeza mediante pequeñas pinceladas. Eso ha sido "Una rosa para Teresa", un breve apunte, apenas una tímida insinuación de lo que fueron sus vidas.
    Te agradezco tus palabras. Me han emocionado. Ese "Te quiero"me llega al alma. ¿Te das cuenta de lo fácil que nos resulta expresar nuestros sentimientos? ¿De quiénes aprendimos? Da las vueltas que quieras, hasta marearte, que siempre llegarás a la misma conclusión: Ellos.

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  5. Madre mía...entre todos me habéis dejado sin palabras...menos mal que donde estoy no me ve nadie llorar...Me alegro de que este blog también cuente con historias como ésta...Un beso muy grande para Araña Rosa,Turquesa y munrodal y todos los que tuvisteis la suerte de vivirlo.Grandes enseñanzas os dejaron.Gracias por compartirla.

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    1. Hola, Casiopea.
      Me alegra haberla compartido, no sabes cuánto. Recibo ese beso agradecida.
      Las historias de Gente que enamora van a ser muy diferentes; con algunas reiremos y otras nos harán suspirar, eso sí, todas van a sorprender.
      El denominador común: lo expresa el título de la categoría. Los protagonistas son personas que inspiran; gente que enamora.
      Gracias por pasarte de nuevo por aquí.

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  6. Yo soy una persona que no me cuesta nada decir o expresar algo pero en este caso es tan emotivo lo escrito que es difícil poder decir nada,una historia preciosa.
    Siempre tendremos presente a nuestros Angeles de la guarda.

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    1. Así es, en todas las familias hay ángeles de la guarda.
      Está bien expresar lo que sentimos sin que nos importe parecer débiles por ello. La verdadera fortaleza radica en la valentía de ser uno mismo sin temor a las etiquetas.
      Gracias, lupita.
      Curiosa coincidencia: has elegido el mismo nombre que uno de los personajes de mi novela.
      Se bienvenida.

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    1. Hola, Capricornio.
      Me alegra que así sea.

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  8. Esty tan emocionada que todavía sigo con lágrimas en los ojos al leer esta historia tan impresionante,es uno de esos amores difíciles de encontrar o casi imposible, esty segura que está pareja más allá de la vida seguirá amándose hasta la eternidad.Mi más sincera enhorabuena

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    1. Hola, Tere.
      Efectivamente, es una historia de amor preciosa que llenaría muchas más páginas.
      Tus palabras me indican que eres una persona sensible. Espero que a nivel personal también disfrutes del amor verdadero.
      Muchas gracias por tu comentario.

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  9. Que historia más bonita y emotiva, ha habido un momento que las letras se han emborronado y no eran las gafas que estaban empañadas eran las lágrimas que al ratito rodaron por mis mejillas.Gracias a sus hijos por compartir sus emociones y a ti por transmitirnoslas.

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    1. Gracias a ti, Taconcitos.
      Hoy ha sido un día muy intenso. Las emociones han campado libremente por este blog.
      Sus hijos han sido generosos al compartir sus sentimientos, tienes razón. Yo solo he sido la mensajera que los ha puesto palabras.
      ¿Te he dicho que me encanta tu nombre?

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  10. Gracias, me alegro que te guste.

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  11. No tengo palabras para describir la emoción que se siente al leer esta gran historia. Yo pensaba que el amor era algo muy difícil de describir,pero tú,araña rosa,has descrito este sentimiento en un breve relato tan intenso que me has hecho vibrar. Me alegro de que hayas compartido este relato con todos nosotros,personalmente,he recibido una gran lección de amor por parte de Alejandro y Teresa.
    En una palabra: ¡IMPRESIONANTE!
    Gracias.

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    1. Gracias, Dama.
      Sentiste emoción al leerla, yo, al escribirla. La historia estaba ahí, esperando el momento adecuado para ser contada.
      Ayer vibramos todos, unos al recordarla, y otros al conocerla.
      Y sí, tienes razón: con ellos hemos aprendido una gran lección de amor.
      Hasta pronto, Dama.

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