24 de mayo de 2016

Un regalo especial


                                                    
La primera experiencia sexual


      
       Pablo suponía que no se era mayor de edad hasta los dieciocho años, sin embargo, el mismo día que cumplió los dieciséis, en cuanto la tía Aurora se fue a la cama después de la cena, el tío Blas le hizo un regalo muy especial.



-Toma, chico -le dijo a la vez que ponía en sus manos cincuenta duros-. Ve a la casa de la Regina, le das esto y le dices que vas de mi parte. Ella sabe para qué es. Y múdate antes de ir, que hueles a conejo -añadió con esa risa suya tan particular que a Pablo le recordaba el croar de las ranas en verano. 
El muchacho, que por entonces era muy obediente, subió a su alcoba para hacer lo que su tío le había ordenado. Ni se le hubiese ocurrido llevarle la contraria y postergar el encargo.
 «¡Faltaría más!, gracias a él como cada día y duermo caliente».
Pablo estaba tan a gusto en casa de sus tíos, que ni siquiera se acordaba de sus padres. 
«Por mí, pueden quedarse para siempre en Francia», pensaba cada vez que alguien les mentaba en su presencia.

                                                   
Cena de celebración



Después de asearse un poco por encima, salió dispuesto a cumplir con el mandato. Mientras cogía el abrigo de la percha de la cocina, escuchó la voz de su tío que estaba sentado al lado de la lumbre.
-Esta noche, sale de casa un niño y ha de regresar un hombre. Así se hizo con tu padre, conmigo, con tus primos y ahora, te toca a ti.
A Pablo no le hicieron mucha gracia esas palabras. 
«Por menos de nada, me manda también a Francia. Como dice el señor Feíto: ¡Ay que joderse, vivirás sin sobresaltos si te dejan!» 
Hacía mucho frío y le dio pereza salir tan tarde. La calle estaba desierta, el suelo resbaladizo y, encima, la casa de la señora Regina se hallaba en la otra punta del pueblo.

Pablo echó a correr para entrar en calor, y en un santiamén se personó frente a la puerta de la vivienda. El llamador, una mano de metal, estaba helado. Cuando lo dejó caer, resonó como cuando su tío golpeaba el hierro en la fragua. Algo así como «tastatatás».

                                                    
Un buen martillo.

La puerta se abrió enseguida y una vaharada de calorcito le atravesó entero. Por eso, cuando la señora Regina le mandó pasar, se apresuró a obedecer. Una vez dentro, se fijó en el aspecto de la mujer. 

Era bastante ancha, sobre todo por arriba, de la ubres, que decía su tío para referirse a esa parte del cuerpo de las mujeres y de las vacas. A través de la abertura superior de la blusa color granate que llevaba puesta, se veía el pliegue profundo y oscuro que formaban los pechos al juntarse. Tenía el pelo recogido en un moño como el que solía llevar su madre. Así, a oscuras, casi hasta se parecían; solo que la señora Regina olía mejor.
                                                     
                                                        
La señora Regina



-Buenas noches señora... Mi tío me ha dado esto pa usté.
-¡Vaya, otro Taparajas! Hacía tiempo que no venía uno nuevo -exclamó ella complacida, al tiempo que el dinero desaparecía tragado por una mano que parecía demasiado grande para ser de mujer-. Pasa, pasa, guapo. A ver si haces honor al apodo que has heredado de tu abuelo. ¡Ay, señor, qué recuerdos! ¡Ese si que era un hombre!

Pablo, confundido, siguió a la señora hasta un dormitorio con una cama grande, cubierta por una colcha del color de la sangre de los cerdos cuando se empieza a cuajar en el barreño. Olía a las bolitas de alcanfor que la tía Aurora metía en los cajones de los armarios. Sobre una cómoda de cuatro cajones, un quinqué iluminaba la estancia.
-¿Te ha contado algo tu tío?
-No..., no señora Regina. 
-Qué dulce criatura. Anda, siéntate en la cama, que para la primera vez no hace falta que te desnudes.
Cuando el muchacho escuchó que la mujer se refería a su ropa, se encogió y agachó la cabeza pegando la barbilla al pecho. No veía lo que la señora hacía. Sabía que estaba frente a él, un poco retirada porque divisaba sus pies sobre una alfombra de piel blanca de oveja. Empezó a escuchar el sonido de cremalleras aflojando. Al poco, una prenda oscura que parecía un tubo con cordones a un lado, cayó a sus pies.  
-Mírame.
Pablo no podía moverse, continuaba con los ojos clavados en la prenda azul marino que yacía tiesa en el suelo, y, a pesar de que le recordó a la que usaba su madre, notó que su ánimo se elevaba en forma de picor entre las piernas. 


Taparajas!, que me mires he dicho.

Dispuesto a obedecer, el muchacho empezó a mover la cabeza. Respiraba muy deprisa y notaba cierta sensación de mareo. Cuando sus ojos se posaron sobre la cintura de la señora, se quedó embobado. Un pecho le caía como una enorme lengua hasta cerca del ombligo. 

«¿Solo uno?» 

Pablo se esforzaba por comprender qué extraño fenómeno era aquel. Notaba, además de la cabeza embotada, más calor y apretura en la entrepierna. En esas estaba, cuando notó el primer impacto. Enseguida pensó que la señora Regina le había dado un sopapo en el lado derecho de la cara. Con el impulso del golpe, su cabeza se había desplazado hacia arriba. Fue entonces cuando vio venir el segundo ataque, esta vez destinado a su otra mejilla.

En esta ocasión, la mujer sujetaba la mama que un momento antes descansaba lánguida sobre su torso, y la impulsaba como si fuese una enorme mano abierta hacia la cara de Pablo. Sonó como una torta bien dada. 

Primero una y luego otra, las embestidas mamarias se fueron alternando hasta que Pablo quedó con la cara al rojo vivo. 
Cuando estaba a punto de reventarle la bragueta, la señora Regina paró.
-Vamos, levántate, que ya has gastado los cincuenta duros. La próxima vez, dile a tu tío que te de sesenta, que la tarifa, desde la última vez que él estuvo aquí, ha subido.

Pablo desanduvo el camino a la vez que iba preguntándose si valía la pena pagar para volver a casa con dolor de huevos y la cara como un pan. 

                                                    
El regreso


Ya en la cama, quiso recordar la zurra que le había dado la señora Regina con el tetamen. Sus manos, como si hubiesen tomado la decisión por sí solas, empezaron a moverse rítmicamente por debajo de las sábanas, arriba y abajo, mientras calculaba cuánto tiempo tardaría en reunir sesenta duros con la propina que le daba el tío Blas los domingos y fiestas de guardar.

      ¿QUÉ OPINAS DEL REGALO QUE RECIBIÓ PABLO?




31 comentarios:

  1. Dios da pañuelos a quien no tiene mocos. Pobre chaval.
    Es un relato que engancha, lectura muy muy entretenida y divertida.
    Hasta el jueves Araña Rosa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, munrodal.
      Sí, pobre muchacho. Volvió algo zurrado a casa, pero mira por dónde,se acostó pensando en volver a la casa de la señora Regina.
      ¡Qué complicada es la mente humana!
      Gracias por tu compañía.

      Eliminar
  2. Buenisimo,me a divertido un montón eso si pobre chico que entre el desconcierto que tenía y que se a quedado con todas las ganas...has sido un poco mala con él,esty deseando de leer el próximo me tienes enganchada

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Tere.
      Gracias por comentar.
      De eso se trata, de pasarlo bien.
      Lo de mala..., no exactamente; solo un poco traviesa.
      Hasta pronto.

      Eliminar
  3. Pobre muchacho, después de pasar mucho frío para ir, volvió bien caliente a casa. ¡Menudo regalo!
    Un saludo araña rosa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Capricornio.
      Al parecer, Pablo ha despertado la compasión de todos. Pero fijaos que al final está pensando en volver al ataque. Y es que por lo visto, hay palizas y "palizas".
      Gracias por el comentario.
      Un saludo.

      Eliminar
  4. Vamos, un despertar sexual con sobresaltos. Osea, como si en vez de sonar el despertador te lo estampan en la cabeza.
    Pobre chaval ( o tal vez no). Vaya primera impresión.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Atalaya.
      ¡Menos mal que alguien se plantea hasta qué punto es tan inocente nuestro Pablete!
      Yo creo que más bien es un poco inexperto, pero que al final, si le damos tiempo (y su tío propinas), acabará siendo digno sucesor del abuelo.
      Gracias por aportar tu punto de vista. Lo del despertador: buena comparación.
      Hasta pronto.

      Eliminar
  5. De todas maneras, el chaval que tenía la "suerte" de iniciarse antes de empezar su vida de pareja, luego era todo un campeón. ¿ que pasaba con las mujeres en esos tiempos?
    La gran mayoria en la inopia o con una idea preconcebida que las iba a marcar de por vida.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Efectivamente. Mientras que al hombre se le "facilitaba" el camino para iniciarse en las relaciones sexuales, la mujer pasaba de la supervisión paterna a la del marido, y ahí te las apañes.
      ¡Menos mal que algo hemos evolucionado al respecto! Muuuucho. Hasta el punto de estar charlando tranquilamente de sexualidad en un blog de temática un poco XXX sin juicios misóginos.
      Más gracias por este comentario.

      Eliminar
  6. Beeee....Araña Rosa que tienes tú con las pieles de oveja que tanto las mencionas????.....creo que ya no voy a poder revertir mis malos pensamientos cuando vuelva a ver alguna.....beeee

    ResponderEliminar
  7. Hola, Casiopea.
    ¡Mira que me parecía extraño que nadie se hubiese percatado del detalle! Creo que va a ser una constante en todos los relatos, ¿qué te parece?
    Siento mucho crearte malos pensamientos..., aunque pensándolo mejor, no, no lo siento en absoluto, beeee.
    Hasta pronto y gracias por entrar.

    ResponderEliminar
  8. Ja ja ja....me encanta y me va a dar la risa cada vez que vea alguna, aunque la gente no me entienda....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que a mí ya me está empezando a pasar, hasta sueño con pieles de oveja.
      Nuestra contraseña secreta.

      Eliminar
  9. Tengo una vaca lechera, no es oveja cualquiera, da sopapos en la cara tolòn tolón, tolón tolón. Buen relato araña, muy gracioso y entretenido.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Leo.
      ¿En qué quedamos, tienes una vaca o una oveja?
      Me alegra que te haya gustado.
      Gracias por comentar.
      Hasta pronto.

      Eliminar
  10. Buenas noches!
    Me ha gustado mucho el relato de hoy,nuevamente de manera indirecta,vuelves a demostrar que en el sexo casi todos somos un poco masocas,hasta un chico inexperto que se va a casa con dolor de huevos e hinchado a tetazos en la cara y ya está deseando de volver a la casa de Regina. Muy entretenido.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas tardes, Dama.
      La mente humana es un misterio; efectivamente, contra todo pronóstico, Pablo quiere volver a la casa de la señora Regina.
      Puede que tengas razón respecto a que seamos un poco "sufridores o castigadores" en lo tocante a la sexualidad; pensaré en ello.
      Muchas gracias por pasarte de nuevo.
      Hasta pronto.

      Eliminar
  11. Hola Araña muy bueno y gracioso el relato con un final inesperado jajajaja.Mañana te espero.TE QUIERO.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Turquesa.
      Me gusta imaginarte riendo.
      Final inesperado, como debe ser. Personajes un poco raros, tal vez un poco extremos..., la vida misma.
      Hasta mañana.
      Un abrazo.

      Eliminar
  12. Buenas tardes araña de todo se aprende.
    Y de casta le viene al galgo con el mote lo dice todo taparajas, me da que pensar le pasaría lo mismo al tío al padre y abuelo.
    Un ritual de iniciación como el le pone una (N) en La frente el primer día de uní o algo así.
    Osa Pablito quedo tetamentizado.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas noches riquenjausen.
      Efectivamente, fue un ritual de iniciación.
      Muy buena definición TETAMENTIZADO, me encanta.
      Gracias por aportar este neologismo sexual, tal vez lo utilice en algún relato, si me das tu permiso, claro.
      Un saludo.
      Hasta pronto.

      Eliminar
    2. Claro los palabros son eso y de todos los que hay no tienen dueño

      Eliminar
  13. Je je...me gusta eso de tetamentizado...muy bueno riquenjausen

    ResponderEliminar
  14. Carmiña, enhorabuena por cómo escribes. Eres un diablo.
    Continúa en esta línea.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. demasiada teta para la primera vez. y si leda un infarto al chaval que hacer con su tio menudo problema
      pero yo hubiera querido tener un tio como ese.

      Eliminar
  15. Buenas tardes, Adobe.
    Me alegra que te hayan gustado el relato y el tío del chaval. Me encanta tu sentido del humor.
    Muchas gracias por entrar y dejar un comentario.
    Hasta pronto.

    ResponderEliminar
  16. Un poco tacaño el tío Blas,por un poco más de dinerito habría rematado la faena.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola, Borjaabraham!
      Tal vez el hombre pensase que para el primer contacto con eso bastaba.
      Me han llegado varios mensajes pidiendo que la historia continúe, y lo estoy valorando, aunque si vuelve a la casa de la señora Regina se encontrará con una sorpresa..., una pista: la mujer tiene las manos muy grandes.
      Gracias por el comentario.
      Un abrazo.

      Eliminar