9 de junio de 2016

Cuento prohibido: El cementerio celta



                                                                             
De la tumba a tu cama
El amante celta
                                                                           

El pasado verano viví dos meses en Dublín. Mis tíos habían ido a trabajar allí, y yo tenía muchas ganas de conocer Irlanda. Y, tengo que admitir, que no precisamente por el verdor de sus tierras.



¡Quería alejarme de mis padres porque estaba superagobiada!
En casa todo eran obligaciones del tipo:
«Julia, ¡Estudia! Julia, ¡Cuelga el teléfono!, Julia, ¡Estudia! Julia, ¡A las diez en casa! Julia, ¡Estudia!» 
 Y así, un día y otro, el mismo rollo interminable...


Había cumplido dieciocho años hacía cuatro meses, pero mis padres pretendían llevarme de la mano tooooda la vida.
¡Necesitaba un cambio de aires, YA!

Así que en cuanto el avión despegó de Madrid, me sentí LIBRE. Había echado a volar por primera vez, y nunca mejor dicho.

Me enamoré de aquella tierra nada más pisar en ella. Yo, que por entonces era muy romanticona, imaginaba a los robustos guerreros celtas escondidos entre los árboles cada vez que salía de paseo. Al principio, mis tíos no me dejaban ir sola a ningún lado, pero poco a poco, empezaron a confiar en mí. Un día me propusieron realizar una excursión a la villa de Malahide, donde había un castillo con jardines maravillosos. Además, el lugar estaba bien comunicado con Dublín; solo tenía que coger el autobús para llegar.

En cuanto el vehículo se detuvo en una pequeña plaza, me bajé y pregunté cómo llegar al castillo.

                                                    
Un lugar escondido




El paseo fue una delicia. Mi tía Irene me había preparado un pequeño almuerzo que comí en los jardines, sentada a la sombra de un árbol, después de disfrutar del interior de la fortaleza. Frente a mí, tenía lo que parecía un pequeño cementerio antiguo con alguna cruz celta. Me dije que, en cuanto descansase un poco, me acercaría para tomar unas fotos.

Cuando acabé con el postre, una manzana, cerré los ojos para disfrutar de la paz que se respiraba en aquel lugar.
Me desperté porque tenía frío y notaba la piel de los brazos húmeda. Asustada, comprobé que había anochecido. Una niebla negra y espesa me impedía ver más allá de dos metros por delante de mí. Me quedé sorprendida, pues creía que todas las nieblas eran blanquecinas, a pesar de lo cual, en aquel momento, me inquietaban más otras cosas.

Lo primero que pensé fue que mis tíos estarían ¡CABREADÍSIMOS! Me iban a poner de patitas en el primer avión que saliese hacia Madrid, seguro. Pero nada podía ser comparable a lo que iba a ocurrir con mi padre... Casi podía imaginarle en el aeropuerto echando humo por las orejas. Nunca me había puesto la mano encima, que yo recordase, pero solo pensar en la bronca que me iba a caer y en que me iba a castigar sin mi paga...


Me dije que, para poder orientarme, primero tenía que serenarme, pero, ¿CÓMO? Solo recordaba que delante tenía un pequeño cementerio, y a la derecha había un camino, pero como lo había abandonado para adentrarme en el bosque, era imposible saber a qué distancia estaba.

Empecé a notar que una mano me apretaba fuerte la garganta impidiéndome tomar aire, era la angustia, exactamente la misma sensación que cuando tenía un examen. Me concentré en respirar..., y en decidir qué hacer.

A aquellas horas, mis tíos habrían revolucionado a todo Dublín. Me tranquilicé al pensar que pronto me encontrarían. Pero cada vez tenía más frío, el suelo estaba húmedo y tenía la impresión de que la hierba, que aquella tarde había sido una alfombra mullida, ahora intentaba trepar por mis piernas.

                                               
                                                   
Envuelta en tu manto
                                                     


Decidí caminar hacia el cementerio porque el terreno estaba algo más elevado. Al moverme, la niebla bailaba a mi lado. Parecía que estuviese descorriendo un visillo negro detrás de otro.

El cementerio, que me había parecido hermoso aquella tarde, ahora se había convertido en un lugar siniestro. ¡De pronto escuché una especie de suspiro! Algo así como un: ¡aummmmh! Me dije que tal vez había sido yo, pero inmediatamente, le siguió un crujir de ramas.
«¡La hostia! Yo no he sido porque no me he movido del sitio». Pensé HORRORIZADA.
Empecé a caminar deprisa en dirección contraria al ruido. No veía nada más que una pared negra que oscilaba delante. 
Escuchaba un susurro, como de correr de alimañas por el suelo, cerca, muy cerca.
 «Algo me está siguiendo. Date prisa, Julia. ¡CORRE!»
Me sentía como Caperucita Roja atrapada en el bosque sabiendo que la sigue el lobo feroz con las fauces abiertas. 

                                                      
El misterio de la niebla



Sin mirar atrás, empecé a correr como una loca, hasta que tropecé con una raíz  y me di de morros contra el suelo. Me senté enseguida obligándome a mirar hacia donde provenía el ruido. Nada, solo la niebla y silencio... Mi corazón se fue serenando, hasta que una lechuza ululó. Me reí de mi histeria: claro, los sonidos que había escuchado los producían los animales nocturnos. 
 «¡Qué tonta!»
Más tranquila, agarré la mochila para coger la botella de agua, quité el tapón, pero el envase se quedó a dos centímetros de mis labios.
Frente a mí, la niebla se abría y dejaba paso a una sombra oscura enorme.
«Estoy imaginando cosas... ¡Cierro los ojos, cuento hasta tres y...!»
Ni por esas.
Una figura que, a pesar de la envergadura, parecía humana, me miraba desde arriba. Llevaba la cabeza cubierta con la capucha de la capa negra que le llegaba hasta los pies. Al principio solo distinguía los ojos, que eran redondos y brillaban; parecía que llevase dos monedas de plata colocadas encima de los párpados. Después, pude comprobar que tenía una cara blanquecina y lisa, como si llevase una máscara.
-Hola, me he quedado dormida y..., no sé regresar..., tal vez usted fuese tan amable de informarme...
Sus ojos, ¡sus dichosos ojos y esa palidez verdosa de su rostro! 
«¿Y los labios?, ¿no eran demasiado rojos?» 
Sin mediar palabra, se agachó y me cogió en brazos como si fuese una pluma. Estaba frío y no olía a nada. Era como si la misma noche me llevase en su regazo. Enseguida noté un soporcillo agradable y me acurruqué  bien pegada a su pecho robusto. 

El hombre caminó entre la niebla hasta llegar a una puerta antigua que parecía que llevase sin abrirse mucho tiempo. Todo me parecía confuso, como aquella vez que hice botellón con mis amigas y me pasé tres pueblos bebiendo.

                                                    
La guarida del amante


La estancia era grande, tanto, que no distinguía el final de la misma, solo oscuridad. Una cama con dosel, parecida a las que había visto en el castillo, destacaba frente a la chimenea encendida. El hombre, al que a estas alturas consideraba mi salvador, me depositó sobre una alfombra de piel de oveja suave y mullida. Yo estaba empapada. Sin mediar palabra empezó a quitarme la ropa. ¡Ya, ya sé que tendría que haber salido corriendo, pero es que aunque era yo, no era yo! Lo que estaba ocurriendo me gustaba ¡muuuuucho! Creí que se conformaría con la chaqueta y el jersey, pero no, no fue así. A pesar de que sus manos estaban heladas, cuando empezó a desabrochar los botones de mi blusa, no quise que parara. Al poco, estaba completamente desnuda frente a ese gigantón que no se había quitado ni la capa.

¡Aquello era lo más excitante que me había pasado jamás! Mi tío y mi padre habían desaparecido de la faz de la tierra. 

Volvió a tomarme en sus brazos y me depositó en la cama con suavidad. El colchón era tan blando que pensé que iba a tragarme. Con los ojos muy abiertos, observé cómo mi salvador se quitaba la capa. No era hermoso, sin embargo, incluso su cráneo despejado y sus facciones cadavéricas, me atraían de forma enfermiza.
«¡Julia!, ¿qué coño te está pasando?»
Silencie la voz de la responsabilidad en cuanto vi aquellos brazos robustos, llenos de tatuajes de espirales y signos incomprensibles, cubiertos de brazaletes intrincados que trepaban por ellos como si fuesen serpientes. ¡ESTABA HIPNOTIZADA! El pantalón, que se ceñía a sus piernas y a sus caderas, remarcaba toda su anatomía. Yo respiraba embobada. 

Pero lo que me dejó muerta, fue la funda de la espada que colgaba de su cinturón. Era enorme. La empuñadura que asomaba por arriba me pareció tentadora y quise tocarla. Él me lo permitió. Tenía mi mano tan cerca de su bragueta, que al acariciar la pieza, la rocé deliberadamente. La dureza que noté era granítica.

                                                   
Dureza granítica




Mi salvador sacó la espada, que brillo al reflejar las llamas, y la dejó junto a su capa. Después se quitó el cinto y se acercó a mí. Mientras me miraba, yo permanecía muy quieta, aguantando la respiración. Con el envés de la mano hizo un recorrido lento desde mi cuello hasta mi pubis. Sus dedos estaban helados, pero el rastro que dejaban era cálido.

Comenzó a besarme por donde antes me había rozado. Mi piel, ya sensibilizada, respondió con anhelo. Su boca estaba fría, pero su saliva quemaba. ¡La sensación me taladraba, me confundía, me enloquecía! Jamás me había ocurrido nada parecido, ni con Javi, que follaba de maravilla.

Cuando llegó a mi pubis, paseó sus labios de hielo por mis inglés. Abrí mis piernas dispuesta, pero él volvió a cerrármelas. Me abandoné. Según estaba, con ellas bien juntas, paseo la punta de su lengua por mi sexo, de arriba abajo. Sin embargo, el efecto que me produjo ese roce, no quedó en la superficie. 

Notaba una montaña rusa de sensaciones, primero en mi sexo, después subían por mi vientre hacia arriba, para después bajar frenéticamente de nuevo hacia el lugar donde se habían originado.
Me mantenía al borde de un orgasmo que prometía ser bestial, pero que no llegaba. La excitación crecía y crecía y yo seguía sin ser yo. Me había salido de mi propio cuerpo y solo me importaba culminar la cumbre que intuía tras ese placer sin límites.

Su lengua, un animal que reptaba por mi cuerpo, me pareció demasiado larga para ser humana. ¡Y qué importaba eso! Llegaba a todos los rincones, los taponaba; a veces era suave y gelatinosa, otras áspera como la de un gato.

De forma inesperada, me giró dejándome con el culo en pompa. Cuando noté una dureza pegada a mis nalgas, me acordé de la empuñadura de la espada. El contacto, que en un principio era frío, después se volvió abrasador.

Se coló entre mis piernas, me invadió, me asaltó... Penetró en mi una y otra vez. Notaba frío, después calor, frío otra vez... El contraste dentro de mi vientre me volvía loca. Sus caderas arremetían y me dejaban clavada en el lecho sin poder moverme. Estaba a su merced. No sé lo que duró aquello, pero en varias ocasiones estuve a punto de desmayarme debido al orgasmo continuado en el que me mantenía suspendida como en una tela de araña.

Hasta que de pronto noté un río de hielo que cristalizaba en ascuas ardientes dentro de mi vagina. Rotos los diques, me dejé llevar por el placer y debí perder el conocimiento, porque no recuerdo nada más.

Cuando desperté, porque alguien me sacudía por los hombros, estaba de nuevo sentada a la sombra del árbol que había elegido para descansar.
-Señorita, la hemos escuchado gritar..., pensábamos que le ocurría algo... -me decía una mujer joven mirándome preocupada-. Seguro que ha sido una pesadilla, ¿verdad?

Confundida, consulté mi reloj de pulsera; solo habían pasado treinta y cinco minutos desde la última vez que lo había hecho.

Antes de irme, quise hacer una visita al cementerio. Al acercar el objetivo a una de las cruces, observé que uno de los dibujos centrales del labrado era idéntico al que mi salvador llevaba en el antebrazo derecho.

                                                     
La tumba del amante




Me acerqué a la cruz y la rocé con la yema de mis dedos. Estaba helada.

              ¿Qué opinas? ¿Crees que Julia tuvo una pesadilla?  












                                                                             

24 comentarios:

  1. Hola Araña esto parece que ya se pone muyyyyyy caliente.Yo siempre he oido que una pesadilla es cuando ocurre algo malo en el sueño(miedo,tristeza,muertes,sangre etc).Pero en este relato es todo lo contrario.Ella lo que ha tenido es un sueño maravillosooooooo.Lastima que la despertaran asi habriamos sabido mas de la historia y no tendriamos que estar pensando si es real o ficcion.
    TE QUIERO

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    1. Hola, Turquesa.
      El final es abierto para que que lo diseñéis vosotros.
      Julia no se había acercado al cementerio antes de su aventura, sin embargo reconoció el dibujo de la cruz en cuanto lo vio.
      La intensidad, el calorcito que tu dices, tiene que ir creciendo poco a poco. El erotismo puede ser muy sutil o algo más intenso, y cada historia demanda su propia temperatura.
      Lo importante es que te ha gustado.
      Muchas gracias y un beso grande.

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  2. Menudo relato!!!!!!eso no era una pesadilla de ninguna de las maneras x lo menos las mías no son así son bastante peores,esty de acuerdo con turquesa estaba deseando saber el desenlace me e quedado con la miel en los labios está historia hay que continuarla,un beso

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    1. Buenos días, Tere.
      La historia no continúa. No debe. Lo importante es que te haya hecho cavilar al mismo tiempo que divertido. La aventura pudo ser un sueño..., pero dejo la pista que he comentado a Turquesa para abrir la puerta a otras posibilidades. Elige tú cuáles.
      Tal vez Julia podría buscar la puerta y..., ¿qué quieres que haya detrás?
      Muchas gracias por entrar en el cementerio.
      Hasta pronto.

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  3. He de decir que me ha encantado la historia de hecho me gustaría que se hiciese una segunda parte o una tercera,esta genial genial,este tipo de lectura es el que me gusta,enhorabuena
    Has conseguido que me quede con ganas de leer más sobre este relato.

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    1. Hola, María.
      Bienvenida a la Araña Rosa.
      En mi opinión, una de las cosas más agradables que un escritor puede escuchar, es que los lectores le digan que se han quedado con ganas de más. Me siento muy agradecida por estos comentarios que van en esa línea.
      Casi hasta me tienta la idea...
      Gracias por comentar.
      Hasta pronto.

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  4. Bueno, bueno. Pesadilla, segun se mire, jeje. En la mayoría de este tipo de sueños lo que suele ocurrir es que te despierten cuando va a ocurrir lo mejor. Algunos despertadores y codazos suenan y ocurren de la manera mas inoportuna, pero en este caso parece que la protagonista ha tenido suerte y ha llegado a un buen final.
    Ahora bien, esto por supuesto pide una segunda parte.
    Me da a mi que tal como pinta la niña a sus padres no se yo si les haria gracia un yerno así, tan frio y misterioso.
    Brutal, araña!!!

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    1. Buenos días, Atalaya.
      Sí, raro, pero tuvo suerte y pudo culminar la fase "crítica", como tú bien dices. He sido clemente con la criatura, me estoy refiriendo a Julia, no al amante, quería que se llevase un buen recuerdo de sus vacaciones.
      No sé por qué me da que al final el amante celta me va a perseguir hasta que continúe con la historia...
      Respecto a los padres, creo que lo mejor será que la niña mantenga oculta su aventura si quiere volver a subirse en un avión.
      Gracias por el ratito de compañía.
      Hasta pronto.

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  5. Una historia increíble,literalmente hablando...ya no se si ha sido una pesadilla de Julia o algo misterioso que le ha ocurrido que solo puede pasar en un cementerio celta...Lo que si que sé es que me he quedado con ganas de más!!
    Me ha parecido muy interesante cuando dice que era ella pero no era ella...como nos dejamos llevar por las sensaciones y emociones en algunas ocasiones dejando de lado la razón y abandonándonos a nuestros más oscuros deseos,porque no sé vosotros,pero yo pensándolo friamente no creo que me dejara desnudar por un hombre con aspecto cadavérico. Una vez más nos haces ver que somos movidos por impulsos,sea en sueños,pesadillas o sucesos inexplicables.
    Por cierto,nadie va a comentar nada sobre la alfombra de piel de oveja?jajaja.
    Un relato fantástico.
    Buenas noches a todos.

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    1. Buenos días, Dama.
      Me gusta eso que dices sobre cómo nos dejamos llevar a veces por nuestros deseos oscuros. Imagínate que te encuentras a un sujeto así, seguro que echarías a correr, como yo, como cualquier persona sensata, pero si le das una vuelta de tuerca a la situación y creas una extraña niebla negra..., o es el día de carnaval y tu vas disfrazada de angelito..., tal vez entonces..., ¿ángel o demonio?
      La piel de oveja es IMPRESCINDIBLE en nuestros relatos. Será para todos nosotros como una contraseña secreta.
      Gracias por pasarte por aquí a echar una charla.
      Hasta pronto.

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  6. En esta si arañta calentita con su piel jejee
    Muy buena estoy de acuerdo con el resto abra segunda parte ???

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    1. Buenos días, Set.
      La piel de oveja te gusta mucho, a mi también.
      Pues a estas alturas, ya no sé qué responderte sobre si habrá segunda parte.
      Lo pensaré, puedes estar seguro.
      Me alegro de que hayas pasado un buen rato.
      Gracias por pasarte al lado oscuro.
      Hasta pronto.

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  7. Buenas tardes araña.
    Pobrecillos el padre y el tío, tan tranquilos en casa y la otra corriendose la juerga.
    Hacen falta ganas para enrollarse con elemento así. Como siempre nos dejas con el coitus interruptus que decía Atalaya.
    Un saludo.

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    1. Hola, Antonio Gómez.
      Pues sí, ya ves, Julia se libró de una buena, y ellos de un gran disgusto. Me imagino que, por mucha confianza que tuviese con ellos,no se lo contaría ni aunque le estuviesen torturando.
      Siento lo del coitus interruptus. Intentaré compensar.
      Gracias por comentar.
      Un saludo.

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  8. Buenas tardes araña, buen relato ,yo creo que fue un sueño mas que una pesadilla porque las pesadillas son horribles, y ha esta chica la dio gusto de todas las maneras opinó lo que todos, hay que tener ganas para irse con el celta ese

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    1. Buenas tardes, Aquiles.
      Ya sabes, sobre gustos no hay nada escrito. Tal vez la niebla fuese un gas alucinógeno que le inducía a practicas prohibidas. Era una aventura diferente, algo oscuro, y Julia estaba muy rebelde, así que...
      Gracias por el comentario.
      Hasta pronto.

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  9. buenas tardes pesadilla no se pero menudo sueño húmedo
    no es su primer rodeo que se lo pregunten a Javi jajaja

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    1. Buenas tardes, Paco.
      Efectivamente, Julia no se iba por las ramas en cuestión de sexo. Aunque el tal Javi quedó en mantillas al lado del celta. Sueño Húmedo..., interesante teoría. Jjjj
      Gracias por ponerle nombre a lo ocurrido.
      Hasta pronto.

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  10. hola enhorabuena buena histoia

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    1. Hola, Anónimo.
      Me alegra mucho que te haya gustado esta historia de "terror".
      Gracias por entrar.
      Un saludo.

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  11. Silencie la voz de la responsabilidad....me quedo con esa frase. En el sexo como en la vida hay que dejarse llevar a apacar los prejuicios de vez en cuando

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  12. Buenos días, Abril (primavera y flores).
    Bienvenida a la Araña Rosa.
    Silenciar la responsabilidad..., cuando lo hacemos escuchamos otras voces que, aunque también nos pertenecen, mantenemos amordazadas por miedos o prejuicios. ¿Qué imagen nos inspira a veces "LA RESPONSABILIDAD? ¿Una cadena?, ¿una mordaza?. Creo que de vez en cuando es bueno taparle la boca a ella, para variar. Y eso sienta muuuuy bien.
    Te agradezco que hayas metido las manos bajo la tierra.
    Hasta pronto.

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  13. Pues sería un sueño.....pero menudo orgasmo tuvo la moza...vamos que los otros visitantes de la villa se quedarían alucinados....Me ha gustado mucho y coincido con el resto en que la historia pide más....
    Por cierto tambien me ha gustado la intervención de Dama, coincido con ella ...creo que todos en alguna ocasión hemos sido o podemos ser ,seres abúlicos, llevados por nuestros instintos e impulsos más básicos. Yo tambien me quedo con la frase de ...《 silencié la voz de la responsabilidad...》 Besos Arañita y un saludo al resto de esta nuestra humilde comunidad.

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    1. Buenos días, Casiopea.
      Los orgasmos no están restringidos en los sueños, aunque en ocasiones pase lo que ha apuntado Atalaya. Más bien diría que soñando somos mucho más atrevidos, como si la fiera que todos llevamos dentro se liberase de la RESPONSABILIDAD, que está dormida, y borrara nuestras líneas rojas. ¿Quiénes somos en realidad? ¿Quién lo sabe?

      A mi también me han gustado mucho vuestras reflexiones. De ellas aprendo lo indecible, y el bucle de las ideas se riza hasta el infinito.
      Muchas gracias, y besos para ti también.
      Hasta pronto.

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