23 de agosto de 2016

5.48 AM. La mejor hora para hacer el amor


                                                                           
Dulzura en la piel

La curiosidad

¿Cuál es la mejor hora para hacer el amor? ¿Nunca te lo has preguntado?, seguro que sí. 
Dicen, los profesionales que se dedican a hacer estudios de este tipo de cuestiones, que la preferible ronda las 5.48 de la mañana. 

«...Así lo aconseja la ciencia, concretamente la revista especializada Brithis Medical Journal, la cual se hace eco de los estudios relacionados con la Asociación Medica Británica », recoge ABC Ciencia.
El fundamento para tal hipótesis se encuentra en que por la noche se produce un aumento de testosterona, tanto en hombres como en mujeres.  Esta hormona, además de cumplir otras funciones, estimula el apetito sexual.

Yo, que soy más bien dormilona, me pregunto quién puede estar mentalmente preparado a esas horas para una sesión sexual. Tal vez, físicamente, los hombres reúnan una de las condiciones indispensables para entrar en materia. Sí, lo has adivinado, me refiero a la consabida erección matutina. Hasta que me he puesto a investigar, pensaba que era más bien algo reflejo que ocurría en la fase MOR del sueño. Pero que dejando de la lado ese detalle, por lo demás, estaríamos tan a gusto durmiendo a pierna suelta. 

Hay un refrán que dice: Las mañanitas de abril son muy dulces de dormir, y las de mayo, y las de todo el año. No puedo estar más de acuerdo con la sabiduría de quien lo inventó.

En cuanto al horario, opino que otra de las opciones más apetecibles se presenta a la hora de la siesta, ese ratito de desconexión después de saciar el hambre, cuando nos tumbamos en el césped, el sofá o en la cama los más afortunados, y que en compañía resulta tan agradable. 

Con las persianas bajadas para que el calor no se cuele en verano y a puerta cerrada, la siesta se transforma en una invitación al goce de los sentidos. Ese tiempo no siempre se contempla como un intermedio en nuestro día para descansar, sino que puede ser una escapada para liberar pasiones después del buen yantar.  

Vamos a intentar demostrarlo: hagamos una recreación.
Nos sentamos o tumbamos en algún lugar cómodo, y empezamos a imaginar. Llena el escenario de detalles vívidos... ¿Estás listo? 

Estamos al aire libre, cerca hay un lago, río, piscina, jardín..., el marco lo pones tú. Hace calor, son las tres y media de la tarde y acabamos de tomar un helado de postre después de la paella. En tu lengua notas un sabor dulce. El ambiente es distendido. La charla animada. Al fondo se escucha el ruido de los aspersores y el zumbido de las abejas que bajan a beber agua. Llega la hora del café; hoy, mejor con hielo. Cogemos el vaso y lo pasamos por nuestra frente, cuello, comienzo del pecho. La frescura del cristal es una caricia deliciosa. 
                                                      
Al sol ardiente

Ahora imaginemos a esa persona especial. Lleva poca ropa porque el termómetro supera los treinta y cinco grados, incluso puede que esté en traje de baño. Elige cuidadosamente cómo quieres que sea la prenda. 
Fíjate en el surco húmedo que deja esa gota de sudor en su piel. La envidias...

Estás de muy buen humor, tienes motivos porque estás donde quieres y con quien quieres. 
Tal vez un pitillo con la copa de después. Enseguida nos invade un soporcillo muy agradable. La conversación decae, no porque nos aburramos, sino porque estamos cómodos en silencio. Callan las voces, pero se activan los sentidos. Una mirada basta para comunicar lo que el cuerpo siente.

Nadie se sorprende cuando te levantas del sillón de mimbre y esa persona que te hace algo más que tilín te sigue inmediatamente.
Puede que lleves años a su lado y conozca tus gustos, y en el mejor de los casos estos se habrán fusionado con sus preferencias y el resultado sera una mezcla exitosa para ambos.
                                                      
                                                                           
El corsé

Si tienes la suerte de encontrarte en una casa antigua, sabrás que las paredes gruesas aíslan de las temperaturas exteriores. Entras y notas escalofríos que recorren tu cuerpo, no sabes si se debe a la excitación que sientes o al frescor de la vivienda. 

La oscuridad del dormitorio os envuelve. El uno frente al otro, os convertís en sombras sugerentes. Oís vuestras respiraciones y sin daros cuenta, las acompasáis. Vibráis. Uno de los dos toma la iniciativa y se aproxima al otro. Tal vez un tirante se deslice obediente por un hombro antes de la caricia que da comienzo a la sesión de la tarde. A partir de ese momento la pasión es imparable... Alguno de los dos retira la colcha de ganchillo. Las sábanas blancas de algodón se notan frías al contacto con la piel que arde. 

Vuestra ropa ha quedado olvidada a los pies de la cama. Los cuerpos desnudos son dos imanes de extraordinaria potencia.
Hay gente en casa. Intentáis amaros en silencio, lo cual resulta de lo más excitante: ahogar gemidos contra el cuello del otro. Besarse para acallar suspiros...

Las manos son silenciosas, no necesitan de palabras para expresar su lenguaje. Se deslizan por tu piel, se entretienen en tu pecho. Trazan dibujos invisibles mientras bajan hasta el vientre que se alza para recibirlas, anhelante. Tu ombligo suspira, tu sexo espera impaciente su turno. Pero las manos que te acarician son expertas y saben que lo bueno siempre se hace esperar. Te pegas a ese cuerpo adorado recubierto por un ligero sudor de aroma dulce. Te contagias de su temperatura, de su pasión. Vuestros pubis están tan cerca que tienes que contenerte para no acelerar lo que bien sabes que no hay que precipitar.

Dedos que tantean rincones como si los descubriesen por primera vez, húmedos exploradores que penetran sin miramientos por tu entrada. Sientes tanta tensión dentro de ti, que piensas que si aquello continúa en escalada vas a sufrir un ataque de furia y te vas a lanzar a conseguir lo que el otro quiere retardar eternamente, como si disfrutase llevándote al abismo. 

Por fin los cuerpos se fusionan en el abrazo íntimo. Las caderas se sincronizan como antes lo hicieron los corazones.
«No pares», dices, o tal vez solo lo hayas pensado. En un deseo, pero también un ruego. No quieres que ese instante mágico llegue nunca porque el placer de tocarlo con cada fibra, de presentirlo en tu vientre, es tan exquisito que no deseas que acabe. Quieres permanecer suspendida de los hilos del goce..., eternamente. Lo consigues hasta que tu cuerpo entra en guerra con tu mente y te arrebata la voluntad... Te conviertes en una esclava del instinto. Te rindes, no puedes hacer otra cosa que sucumbir a la exaltación de tu sexo inflamado que se libera de la tensión que ha ido acumulando en los últimos minutos. Contracciones continuas, involuntarias, que te hacen olvidar todo lo que no sea lo que estás sintiendo en ese precioso instante. Tú, solo tú importas. El placer es egoísta, lo sabes, pero no te preocupa porque sientes cómo tu compañero de siesta está ocupado creando su propio universo.

Se intercambian fluidos y besos. Los cuerpos están tan agradecidos que son reacios a separarse. Poco a poco, los músculos se relajan, aunque en los sexos aún queden reminiscencias, alguna pequeña vibración que contrae las entrañas, de la apoteosis final. Se suceden las caricias tiernas y agradecidas del después, y así, lentamente, entramos en el dulce duermevela de los cuerpos saciados. Los rayos de sol, que se cuelan por las rendijas de la persiana, caen sobre las sábanas que ahora parecen doradas en lugar de blancas. Tal vez los sueños sean de ese color, piensas mientras tus ojos se cierran.

Fin de la recreación. ¿Hay alguien que dude todavía de lo estupenda que es la hora de la sienta para practicar sexo? 

                                                       
Piel desnuda


      Y tú, ¿tienes alguna preferencia horaria para hacer el amor?

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14 comentarios:

  1. Buenas tardes arañita me ha gustado mucho el post
    La hora de la siesta es una de esas horas perfectas para el encuentro de los cuerpos
    Pero que te despierte con las caricias pícaras dé tu pareja no está nada mal

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    1. ¡Hola, Set!
      Me alegra que hayas pasado un buen rato de siesta.
      Es cierto lo que dices, ese es un buen despertar, pero hombre, ¿tiene que ser a las 5.48 de la mañana?
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  2. Sin duda ninguna, me apunto a la siesta. Reconozco que a veces mis despertares son algo complicados.

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    1. ¡Buenos días, Atalaya!
      Creo que los despertares, mejor dicho los "madrugones", que decimos por aquí, sientan bien a pocas personas que yo conozca, me incluyo en el lote. Las caras que se ven a determinadas horas lo dicen todo: labios cuyas comisuras parecen vencidas por la ley de la gravedad y ojos nublados aún por el sueño; ganas de hablar = 0.
      Te agradezco la visita.
      Abrazos.
      PD Menos mal que existe el café.

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  3. Estoy completamente de acuerdo con esa Asociación Médica, las 5,30 de la mañana es una hora realmente mágica, las noches de luna llena son....uffff....los pálidos rayos lunares entran débiles por los cristales dejando entrever la belleza del cuerpo de la pareja, en ese momento todavía de semiinconsciencia las caricias se vuelven exigentes por la urgencia de la hora (joder!!!! que me tengo que levantar en un rato) pero el sexo es absolutamente placentero. Eso sí, para todas aquellas entre las que me incluyo que tienen la costumbre de practicarlo que sepáis que eso de que la cara es el espejo del alma es cierto, cuando llegáis a vuestros respectivos trabajos aún tenéis esa cara de quien acaba de cometer una travesura. Vivan las niñas traviesas!

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    1. Buenas tardes, Anónimo.
      ¡Bueno, bueno, bueno!, me encanta cómo describes la experiencia, la faena merece ¡orejas y rabo!
      Entiendo que te gusta madrugar, o tal vez lo que ocurre es que no te importa levantarte después de..., un baño de luna llena. Bueno, he de reconocer que saldrás de casa bien despejada, y no como yo, con cara de zombi.
      A partir de ahora, me pienso fijar en la expresión de las personas, a ver si adivino. Tal vez esté ahí el quid de la cuestión, me refiero a la diferencia entre la gente que se levanta de buen humor y los que no.
      De momento admito que algo de razón tienen los señores científicos, pero aún ganamos tres a uno. A ver si contrastamos con más opiniones.
      Gracias, Anónimo.
      Un abrazo.

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  4. Buenas noches araña y compañía.
    A mi me gusta a todas las horas, mañana, tarde y noche. Aunque la recreación de la siesta ha estado a punto de convencerme. Pero también que mejor forma de empezar en día que como dice aquí la colega Anónima.
    Buenas noches.

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    1. Buenos días, Capricornio.
      No ayudas en la encuesta, te apuntas a cualquier tendencia y listo, jjjj.
      La verdad es que se trata de una práctica que agrada a cualquier hora, pero yo tengo la teoría de que todos tenemos alguna preferencia que posiblemente tenga mucho que ver con el tiempo disponible, la tranquilidad, el ambiente...
      Gracias por el comentario.
      Un abrazo.

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  5. Buenas noches!
    Yo soy más de siesta,me gusta mucho eso de meterme en la cama con mi pareja y en lugar de dormir,despertar todos los sentidos de nuestros cuerpos,y después,sin prisas hacernos caricias,e incluso dormir,que se pueden hacer ambas cosas si se tiene tiempo.
    Aunque no descarto la hora científica,¿a quien no le ha pasado q le hayan despertado de madrugada para practicar sexo? Esa sensación de estar dormida e ir despertando poco a poco sin esperar que vas a tener ese momento placentero antes de un duro día de trabajo también es mágico,y si hace que vayas con mejor cara a trabajar bienvenido sea.
    Por cierto araña,muy buen post,has conseguido por un momento que entre en ese escenario que has ido recreando.
    Un saludo

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    1. ¡Hola, Dama!
      Eres más de siesta, se nota por cómo describes tu propia versión del encuentro. Y sí, claro que después se puede dormir un rato. Será un sueño de calidad, muy reparador, porque el cuerpo estará relajado.
      Tendremos en cuenta también la versión científica. Lo cierto es que no suena igual la teoría que se basa en las hormonas que la vuestra, más... visual, digamos.
      Escuchar las opiniones de otros, me hace matizar las propias. No dejo de pensar en lo de acudir al trabajo con una sonrisa radiante y un rubor natural en las mejillas...
      ¡Gracias!
      Un abrazo.

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  6. Hola a todos!!!menudo post el de esta semana,me a encantado ir visualizando cada momento según lo ibas describiendo me a parecido un ejercicio muy agradable y excitante,seguramente a la hora de irme a hechar la siesta recuerdo estas palabras y la hago más interesante.Para mi la mejor hora de prácticar sexo no existe, es el momento,el sitio o la hora que a ti te apetezca ya sea mañana,tarde o noche el caso es disfrutar a cualquier hora.un saludo

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    1. Tienes razón, para practicar el sexo o hacer el amor da igual la hora o lugar. El caso es disfrutar.
      Buen post araña

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    2. ¡Hola, Leo!
      Interpreto que te sumas a la opinión de Tere. Me parece muy bien que disfrutes en cualquier ocasión y lugar; sigue cultivando tan grata afición.
      Gracias y hasta pronto.

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  7. Buenos días, Tere.
    Oye, ¡qué bien eso de que te guste a todas las horas por igual!
    Si tienes capacidad para recrear, o sea, para utilizar la imaginación, no lo dudes y aprovéchate de esa "virtud".
    Y si mis palabras te sirven para ayudar..., bueno, en lo que sea..., me doy por satisfecha.
    Feliz domingo (un buen día para disfrutar a la hora de la siesta).
    Gracias por dejar tu opinión.
    Un abrazo.

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