16 de agosto de 2016

Sexo anal. El deseo de Lina o Hundir la Flota

                         
                                                                           
                                                                         
Deseo oculto
Fuente: Pixabay
 Está lloviendo, Lina mira por la ventana, pero no vé lo que hay al otro lado del cristal. Se deja llevar por los recuerdos y por las sensaciones que su cuerpo le regala. Su mano se posa con delicadeza sobre su pecho. La tela del vestido, de muselina, es tan liviana que parece que no lleve nada encima de la piel. Piensa en Roberto..., y en lo que había ocurrido la noche anterior.

 Diez años de matrimonio y su deseo por él no ha mermado un ápice. Anochece y el reflejo de su cara se va haciendo visible en el cristal. La lluvia arrecia. Se escucha el sonido repiqueteante de las gotas al chocar contra el cemento de la calzada. Supone que el agua del cielo estará fría, pero ella se encuentra a resguardo en casa, esperando...
                                                      
Recordando

Roberto llegará pronto. Hace un rato le ha enviado un mensaje que ha hecho que su sexo clamase humedeciéndose. 
«Llevo todo el día excitado pensando en lo de anoche. He comprado algo que creo te va a gustar mucho. ¡ME VUELVES LOCO, CHIQUILLA!»
Lina se alegra de haber confiado, una vez más, en su esposo. Llevaba varios meses con una idea metida en la cabeza, pero no acababa de decidirse a afrontar la cuestión, por mucho que intuyese que el asunto sería bienvenido. ¿Cómo plantearle a Roberto que después de años de reticencias quería practicar sexo anal?

Últimamente había leído mucho sobre el tema, devoraba información y buscaba en la Red tiendas de objetos eróticos para ver qué complementos se utilizaban en tales prácticas. Soñaba, pero no acababa de decidirse.
Un día, que estaba mirando artículos relacionados en Internet, vio algo que llamó su atención. Era un horóscopo especialmente dedicado al sexo. Enseguida buscó el suyo, Escorpio. 

Se quedó perpleja al ver que los gustos que vaticinaba la sección para su signo coincidían con suyos. Además, aseguraba la experta, a los escorpio les gustaba ser atados... Lina, para sus adentros, reconoció que era cierto.

Guardó el enlace de la página y después de cenar se lo enseñó a Roberto. Juntos rieron un rato las ocurrencias de la vidente, hasta que poco a poco, entre broma y broma, empezaron a personalizar.

Lina no reconoció explícitamente que quisiera probar esa nueva experiencia, pero entre ella y Roberto no hacían falta demasiadas explicaciones. Sentados en el sofá, la tablet acabó abandonada sin cerrar encima de la mesita de centro. 

Roberto empezó a tocarla por encima de la ropa, sin prisas, tal como a ella le gustaba. Sus manos grandes y un poco callosas subían y bajaban por su espalda, caricias enérgicas que tenían una doble utilidad: despertar su piel y atraerla hacia él.

Lina se dejaba hacer, sabía que el cuerpo de Roberto era mucho más rápido excitándose, así que esperó hasta estar desnuda para empezar a acariciarle. Como siempre, al rozar su entrepierna, había notado la erección a su máxima potencia. Le ayudo a quitarse la ropa, ya con algo más de prisa.

Lina pensó que iban a hacer un Hundir la flota, su postura preferida cuando hacían el amor en el sofá: él permanecía sentado y ella a horcajadas encima, con sus pelvis encajadas como piezas de un mecanismo de precisión. Lina y Roberto solían personalizar los nombres de las posturas sexuales que les gustaban. Era un juego divertido. Una palabra que solo conocían ellos, un secreto. A esta práctica concreta la llamaban Hundir la Flota porque la textura de la piel del sofá era tan blanda que las rodillas de Lina se hundían, dócilmente, mientras balanceaba las caderas sobre Roberto tratando de que la penetración fuese lo más profunda posible. Él solía referir que acababa con la sensación de haber sido tragado a medias entre el sofá y el sexo de su esposa

Pero aquella noche no la dejó encaramarse a su regazo. Cuando más excitada estaba Lina, se puso de pie. «Espera», dijo mientras abandonaba el salón con el pene en ángulo casi cerrado sobre su ombligo. Cuando poco después regreso con el tubo de vaselina, que ella tenía en la mesilla para aplicársela el los labios antes de dormir, no comprendió lo que pretendía hasta que le pidió que se colocase de rodillas con el torso apoyado en el respaldo del sofá. 
Hundir la flota

                                                     
Lina dudó. «Confía en mí», le dijo Roberto con voz serena. «Ven».

Sus pechos, un poco grandes para el tamaño menudo de su cuerpo, quedaron pegados a la piel del mueble, a la vez que elevaba los brazos para agarrarse a la manta, parecida a una piel de oveja, colocada encima del respaldo. Respiró y cerró los ojos. Detrás de ella, Roberto no hacía ruido.

Tenía la espalda rígida y las piernas le temblaban un poco, pero notaba cómo el fruto de su excitación resbalaba entre sus piernas. 
Sintió las manos de su amado que le recorrían la espalda hasta aferrarse a ambos lados de sus caderas. Con suavidad, Roberto tiró de ellas hacia sí, de tal forma que su pene quedó encajado entre  sus glúteos. Las conclusiones de Lina se confirmaban. Su vagina aplaudió con unos cuantos espasmos rápidos.

Le pareció que si ese miembro entraba en su interior la partiría por la mitad, sin embargo, a pesar de la aversión consciente a ser penetrada por esa puerta virgen, sentía un deseo incontenible de consumar el acto con el que llevaba tiempo soñando.

Cuando sintió que Roberto se separaba de ella, Lina giró la cabeza para ver qué hacía. Le observó abrir el tubo de vaselina, y apretarlo fuertemente contra la palma de su mano. Cuando hubo depositado una cantidad generosa, la extendió a lo largo de su miembro, que a aquellas alturas parecía a punto de romper la piel que lo recubría.

Sobresaliendo de entre el vello púbico negro, negrísimo, Lina vio brillar al más magnífico de los atributos de su esposo, altivo como nunca antes había estado.

Maravillada, contempló como volvía a apretar el tubo ya casi vacío. En esta ocasión la sustancia iba dirigida a su propia entrepierna. El contacto con la vaselina le hizo dar un respingo. Estaba fresca en contraste con la piel de Roberto, que se notaba caliente, muy, muy, caliente. Sintió que colocaba la otra mano por delante de sus caderas y empezaba a masturbarla lentamente. A aquellas alturas su marido sabía muy bien cómo complacerla. Mientras, con la otra extremidad, se dedicaba a extender la vaselina por todo su perineo. Entre sus propios jugos y la pomada viscosa se había formado un engrudo muy lubricante.

Lina desplazó hacia atrás sus caderas para pegar su trasero al pene de su marido, quería volver a experimentar su proximidad. Era una invitación.

Roberto no se lo permitió. «Espera, impaciente, que aún no estás lista».

Cuando notó que le introducía un dedo en el recto, Lina intentó contenerse. Cada vez que tenía un orgasmo sentía algo parecido a cuando se acercaba al borde del trampolín más alto de la piscina olímpica. Correrse era parecido a saltar, solo que mucho más placentero. Llegaba un momento, cuando vencía su cuerpo hacia delante, que ya no había vuelta atrás, eso estaba sintiendo en ese instante..., estaba volando, en el aire..., ¡libre!

Hundió sus dedos entre los rizos de la manta para tensar los músculos de sus brazos, a la vez que juntaba las piernas intentando contenerse, pero incluso ese conato de frenada pareció relanzar las sensaciones multiplicadas por mil. No quería contraer los músculos en torno al dedo que Roberto, pero su cuerpo no le obedecía, actuaba según un criterio animal que hasta nunca antes había experimentado. Aguantó cuanto pudo hasta que sintió que Roberto acariciaba la pared sensible que separaba su vagina del recto, como si pretendiese que sus dedos, prisioneros cada uno en una celda, se comunicasen. 

Lina se hundía en el sofá mientras trataba de agarrarse a la piel de oveja. Su esposo frotaba el pene arriba y abajo como si estuviese utilizando su viscosidad para masturbarse. 

El orgasmo arrancó el poco sentido que le quedaba a Lina. Notó como su esposo, al mismo tiempo que ella, cruzaba los límites del placer, explotaba a su espalda entre gemidos sin dejar de taladrarla una y otra vez con sus dedos asombrosos... 

Continúa lloviendo. El ruido de las llaves al girar en la cerradura devuelve a Lina al presente. Es él. Corre a su encuentro. Roberto sonríe mientras ella se pone de puntillas para besarle. No la abraza porque tiene las manos detrás de la espalda. Esconde algo.

Roberto la besa la nariz. De su pelo oscuro caen gotitas de agua, está empapado. Lina se retira para que pueda quitarse la gabardina gris. Se miran, se comen el uno al otro.

Cuando por fin muestra las manos, le ofrece un elegante paquete negro. 
Bajo la atenta mirada de su esposo, que continúa sin quitarse la gabardina, Lina lo abre excitada como una niña que desentraña su regalo de Navidad.

Asombrada, contempla el contenido; mira a su esposo y mentalmente agradece que sea capaz de leerla la mente de esa forma tan genuina. Despacio, como si los objetos que contienen las cajas pudiesen volatilizarse, Lina acaricia las esposas plateadas con manguitos negros y un plug anal morado, su color preferido.

«Aún es pronto para cenar, ¿verdad?», pregunta Roberto mientras la agarra de la cintura y la conduce hacia el sofá.
Lina se deja llevar y piensa que esa tarde, por fin, van a conseguir Hundir la Flota.

                                                     
Hundir la flota



¿Crees que Hundir la Flota es un nombre adecuado para una práctica sexual?




12 comentarios:

  1. Buenas tardes arañita me parece un buen nombre para una práctica sexual
    Me a gustado el relato de hoy esperó la próxima entrega de este post y que nos cuentes si liña consigue su undir la flota agarrada a la piel de oveja ;-)

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    1. Buenos días, Set.
      Tuve que pensar el nombre, no creas. Al final, ese me pareció divertido y que despertaba la curiosidad.
      Me alegra que te haya gustado el relato. He disfrutado mucho creando esa ambientación romántica que contrastase con la práctica sexual que se lleva a cabo.
      Gracias por el comentario.
      Hasta pronto.

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  2. Buenas tardes!!
    Yo creo que es un nombre apropiado y divertido. Es ese lenguaje en clave que confirma la confianza y compenetración que existe entre la pareja. Me ha gustado mucho este post,sobre todo,el descubrimiento de practicas sexuales no rutinarias después de diez años de matrimonio. Es una buena forma de mantener esa llama de pasión encendida que muchas veces suele atenuarse con los años.
    Un saludo

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    1. Buenos días, Dama.
      Después de leer tu comentario, tengo que decir que has captado perfectamente el mensaje que NO se cuenta en la historia de los protagonistas. Efectivamente, esas son las premisas que he utilizado para escribir sobre esa pareja.
      La última frase que escribes: "Es una buena forma de mantener esa llama de pasión encendida que muchas veces suele atenuarse con los años", podría aplicarse como consejo, porque en mi opinión es una gran verdad.
      Muchas gracias por este comentario tan certero.
      Hasta pronto.

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  3. Hundir la flota es un buen nombre para esa práctica sexual. Pero ojo!!! hay que tener cuidado con el tamaño de la flota. Buen post araña

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    1. Buenas tardes, Leo.
      Pues sí, en cuestiones de tamaño, la estrategia se puede complicar un poco. Habría que buscar nuevas vías para abrir brecha.
      Gracias por comentar.
      Un saludo.

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  4. Undir la flota jeje buen nombre pensaba que siempre se decía lo de hacer un griego
    El tamaño jeje estrategia como dirían los hermanos más más Vaselina :-)

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    1. Buenos días, Anónimo.
      Sí, tiene muchos nombres, pero la "genialidad" consiste en crear un vocabulario que sea único y secreto para los amantes. La vaselina tiene una gran utilidad, claro que sí :))
      Gracias por comentar.
      Buen fin de semana.

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  5. Buenas noches araña, me ha gustado mucho el post.El nombre de hundir la flota es divertido. También puede llamarse entrar por la puerta de atrás.
    Estoy de acuerdo con lo que dice dama, en lo que se refiere a experimentar.
    Un saludo a todos.

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    1. Buenos días Capricornio.
      Podríamos elaborar una lista de nombres para las distintas prácticas sexuales que sin duda sería muy larga. Aunque sigo diciendo que lo verdaderamente entretenido, sería saber cómo las denominamos en la intimidad. El lenguaje secreto que comparte la pareja.Aunque si es secreto...
      Me alegra mucho que te haya gustado el post. Y, efectivamente, Dama tiene razón al indicar que la relación de pareja debe evolucionar para no convertirse en rutinaria.
      Gracias por comentar.
      Feliz fin de semana.

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  6. Recuperada por fin del ataque de risa.
    Me preguntaba cuándo iban a salir las palabras clave del juego. ¡Mira que han tardado!
    Buenas tardes, Atalaya.
    Desde tu puesto elevado, seguro que podrás ser testigo privilegiado de cualquier "batalla naval".
    Gracias por comentar.
    Un abrazo.

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