2 de agosto de 2016

María la Bienllevá. Tercera parte


                                                         
Entre brumas de tul

La fotografía, que una mañana me enseñó María, me dejó sin palabras. De aquella belleza quedaba muy poco en la anciana que tenía delante; solo la sonrisa dejaba entrever una mínima semejanza.



Habían pasado dos días desde la última charla, pero parecía que acabásemos de separarnos. La mujer despertaba en mí una ternura más allá de la empatía que pudiese sentir hacía ella como profesional.
-¡Eras una belleza, María! -manifiesto admirada.
-Eso solían decirme. Eso me decía él...
-¿Te apetece que continuemos con la historia?
-Sí, pero ya sabes: sin nombres. Era un político muy conocido, y he de proteger a mi hija. Ya sabes que si esto se supiese..., con lo que nos estamos aficionando  remover la mierda en este país...
-Por supuesto, faltaría más -le digo a la vez que le entrego la fotografía. 
María la contempla durante unos segundos y estira la esquina superior derecha que está un poco doblada. Sus dedos, retorcidos como sarmientos de vid, son largos y delgados. No sé por qué macabra idea hago la desagradable comparación con las patas de un pollo. 
María ha continuado adelgazando, y eso me preocupa. 
Empieza a hablar un poco insegura, como si la costase arrancar o le fallase la memoria; pero solo es eso, una impresión engañosa.
-Empezamos a vernos a menudo..., él era..., bueno, un poco especial... Tenía unos gustos que convenía mantener en secreto..., no sé si me entiendes, Rosa.
La memoria me traiciona de nuevo refrescando los recuerdos que tanto he luchado por dejar atrás. En este caso, el día que mi marido me pidió que le introdujese un dedo en el ano. ¿Se referiría María a ese tipo de prácticas?
-¿Podrías ser más explícita?, por favor. 
-Sí, pero voy a ir por orden, para no perder el hilo.
Empezamos a vernos en un hotel, una vez a la semana, pero la frecuencia fue aumentando..., a veces me llamaba al mediodía para..., y así estuvimos cuatro meses. Por entonces, ya no tenía más clientes.
Una tarde de otoño, recuerdo la estación porque de camino al hotel, la lluvia, arrastrada por el viento, se colaba por debajo del paraguas, me estaba esperando nervioso. Me preocupé mucho, "aquí se acaba todo, María", pensé, pero entonces, él me agarró de las manos y me condujo hasta la cama. Nos sentamos en el borde y me ofreció un paquetito muy bien envuelto. Lo abrí nerviosa. Contenía un colgante precioso y una llave.
María se gira y abre el cajón de la mesilla, de su interior saca una cajita forrada de terciopelo azul marino y me la pone en las manos.
-¡Ábrela! -Me exige.
Obedezco. Contengo la respiración cuando veo la joya que guarda. Me parece..., única.

El camafeo


La tomo de la cadena y la sostengo delante de mí. María me mira satisfecha.
-Nunca me la quito, pero aquí en el hospital no me dejáis... Bueno, voy al grano, como ya te he dicho, el colgante no venía solo. La llave era de un piso en la calle Atocha. Quería que me fuese a vivir allí para verme más. Quería sacarme de esa vida..., de la vida que yo había elegido. Hubiese dicho que no, pero estaba enamorada hasta las uñas de los pies.
La mujer calla pensativa y yo le entrego la joya. Vuelve a guardarla en su cajita y la deposita encima de su fotografía. Me mira, sonríe, y continúa hablando con voz serena y dulce.
-Me puso un pisito, que se decía entonces cuando un hombre se echaba una querida. Acepté emocionada. Esa noche me hizo el amor muy despacio, supuse que así se haría a una esposa...
Cuando se fue, se lo conté a mis compañeras; algunas se alegraron por mí, otras..., otras anticiparon que me haría sufrir. Esa noche nació María la Bienllevá, pues así me llamaron desde entonces porque me llevaba un hombre de bien.
El día de Nochevieja me visitó por la mañana. Estaba todavía en bata cuando llegó. Le dije:
-Espera, voy a arreglarme para ti.
Él me siguió hasta el tocador y contempló ensimismado cómo me maquillaba. Cuando terminé de pintarme los labios, le miré a través del espejo.
-Hazme lo mismo a mí.
Me quedé helada..., había conocido gustos raros, pero en esta ocasión, me costó reaccionar. Mi reflejo continuaba mirándole, hasta que por fin reaccioné.
-Siéntate aquí -ordené.
Minutos después, había transformado su rostro en el de una mujer. Fui más allá y le coloqué una de mis pelucas, rubia. No contenta con eso, quise vestirle con ropas de femeninas...
Él se dejaba hacer. Sus ojos brillaban mucho, y sus labios, maquillados en rojo terciopelo, estaban húmedos.
Le desnudé. La tenía como un burro, te lo juro. Estaba muy excitado. Le puse unas bragas rojas de encaje, y le recoloqué como pude su ..., ya sabes. ¡Qué hombre, Rosa, qué hombre! ¡Qué buena pieza tenía!, te lo digo yo, que he visto muchas.
El sostén era rojo también. Con algodón rellené las copas. Unas medias negras y un liguero, completaron el atuendo.
 -Finjamos que somos mujeres -Pidió.
-Yo no tengo que fingirlo -respondí.
Pero, Rosa, el juego me había excitado a mí también..., ya ves, éramos tal para cual.
Empezamos besándonos y acariciándonos por encima de la lencería.Yo apretujaba las copas del sujetador rojo intentando imitar los movimientos que el ejecutaba sobre mi pecho... Se corrió solo con eso, entre espasmos placenteros, abrazado a mí y musitando mi nombre. 
Después se fue, pensé que confundido por lo que había ocurrido, sin embargo, al día siguiente volvió con un paquete bajo el brazo. Su rostro estaba serio, pero a aquellas alturas yo sabía reconocer las señales de un buen calentón. ¡Y te puedo asegurar que vaya si lo tenía!
-Mira lo que traigo -dijo mostrándome un arnés muy particular.
 No voy a engañarte, Rosa, aunque yo no los había utilizado, los conocía y sabía para qué servían... Los hombres a veces quieren saber qué se siente siendo mujer... Había compañeras que también lo usaban entre ellas, en sus juegos de cama. El aparato consistía en unas correas que se sujetaban a las caderas y que en el centro tenían anclado un consolador.  
-Primero quiero que me vistas y me pintes como el otro día -me dijo excitado.
No tardé mucho. Aquella tarde le transformé en una mujer pelirroja y le coloqué lencería negra y una boa de plumas de color rojo.
                                                                               
Te abraza

No hubo besos, ni caricias.
Me desnudé y me coloqué el arnés. Al pasarlo bajo mis piernas, comprobé lo húmeda que estaba. Del vello de mi entrepierna brotaba un consolador de color carne de buen tamaño. Volví a sentirme poderosa.
-Ponte de rodillas en la cama -exigí.
Él obedeció sin rechistar. Tenía el trasero níveo, sin vello y algo femenino por sus redondeces. No quise hacerle daño y embadurné el apéndice supletorio con bien de vaselina. 
Cuando empecé a penetrarle, se quejó, a pesar de lo cual me pidió que continuase..., y yo, que me sentía una capitana, arrecié los movimientos sin contemplaciones. Al profundizar, mi pelvis chocaba contra sus nalgas, y con el retroceso sentía la presión de la base del pene falso en mi vulva...
 A pesar de que aquello me pillo por sorpresa, gocé tanto ese día, que supe que a una parte de mí persona le gustaba dominar y que, una vez descubierta la afición, no iba a renunciar a ella... Cuando lo nuestro terminó, me gané muy bien la vida, ¿sabes? Ofrecía algo diferente, algo sofisticado y exclusivo..., pero antes de eso, mucho antes, me enamoré perdidamente y me quedé preñada.
El silencio llena el espacio entre las dos cuando María me mira con sus ojazos, ahora secos, que seguro han llorado mucho.
No digo nada, pero me mantengo en tensión, expectante. Espero que María me ilumine con su historia; que rellene los huecos que aún quedan vacíos con palabras... Acaso la vida no es eso..., esperar y seguir esperando, aunque la esperanza se haya acabado, a que alguien nos explique lo imposible.
-Llevábamos siete meses juntos cuando ocurrió... No era la primera, ni la última que caía..., para todo había remedio... La Gaditana, ella solucionaba esas cosas por poco dinero..., decían que con una aguja de hacer calceta con la punta doblada en forma de gancho. Había ayudado a malparir a muchas. Contaban que con ella pinchaba la bolsa, la desgarraba y la hincaba bien dentro..., después la naturaleza obraba sola. Se libraba de lo que no tenía futuro.
Estuve tentada de hacerlo por mi cuenta, pero al final me arrepentí y se lo conté. Desesperado, comenzó a caminar por la habitación como si le faltase espacio. Se echaba el pelo para atrás una y otra vez, sudaba, sudaba mucho...
De pronto se detuvo y me pidió que no hiciese nada, que esperase instrucciones y, sobre todo, que no se lo contase a nadie...
María hace otra pausa, y yo miro mi reloj de pulsera y compruebo admirada que llevo casi una hora en la habitación. Tengo trabajo que hacer, así que me levanto y le doy un beso, la anciana me mira complacida.
-Si puedes, Rosa, vente luego. Me gustaría contarte lo que falta de la historia antes de partir. El tiempo se acaba.
Quisiera creer que está hablando de su alta médica, pero aunque no hay señal de que pueda morir de forma inminente, se me ponen los pelos de punta y noto un escalofrío que hace que me tiemblen los labios. Mi vida parece estar llena de despedidas, tal vez ese sea mi misión: aprender a decir adiós.


Tristeza
                                                       

      ¿Por qué crees que María renunciará a visitar a la Gaditana? 

                                                                               


   









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18 comentarios:

  1. Buenas noches araña!
    Tenía muchas ganas de leer la tercera parte de la historia de María,y no me ha decepcionado,al contrario,me ha dejado con mas intriga,dudas,preguntas...Yo creo que tanto él como ella querían tener a la niña y que hicieron un pacto de silencio y por eso María no decidió ir a ver a la Gaditana,pero me gustaría que este desenlace nos le contara Rosa.
    Seguramente que si hay una cuarta parte,nos va a tocar esperar un poco para poder disfrutarla así que esperaré pacientemente y con muchas ganas,porque María parece una mujer maravillosa y con una gran vida que me ha encandilado.
    Un beso

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  2. Buenos días, Dama.
    No será un pacto de silencio precisamente. Te anticipo que conoceremos a otros personajes que tendrán mucho que decir. El desenlace se acerca...
    María podría contarnos muchas cosas curiosas, ha conocido personas en circunstancias difíciles, y se ha movido en ambientes diversos. Desde la casa lujosa donde conoció al padre de su hija, hasta el prostíbulo donde compartió experiencias con sus compañeras.
    La mujer sabe que su tiempo se agota, quizá por eso quiera contar su historia, para que no se olvide.
    Muchas gracias, Dama.
    Un abrazo grande.

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  3. Buenas tardes arañita como dice dama nos dejas con las ganas de más un abrazo arañita

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    1. Buenas tardes, Set.
      Tranquilo, que todo se andará. Ya estamos llegando al final de la historia.
      Gracias por el comentario.
      Un abrazo.

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  4. Buenas tardes, compañeros de tela. Cuando dices que no es un pacto de silencio Araña, el tema me sugiere, que los pactos son acuerdos y me da la sensación de que a María no la van a dar mucha cabida a opinar.
    Pero creo que María si como le cuenta a Rosa está enamorada hasta las "uñas" (de gata) y ese embarazo no es un "accidente" sino fruto del amor, por muchas cosas que tenga en contra en el fondo creo que desde el principio no quiere llamar a la gaditana.
    Estaremos espectantes al desenlace. María es una persona fascinante que cautiva, al igual que Rosa, al igual que nuestra querida araña...

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    1. Buenas tardes, Atalaya.
      Dices bien. María entendía a su amante perfectamente, eran tal para cual, como ella dice, pero el verdadero factor que desencadena la historia es el amor. María, como muchas mujeres en las mismas circunstancias y en aquellos tiempos, hizo lo que consideraba mejor para su hija. La Gaditana era una posibilidad que menciona, pero ahí queda la intención. El personaje de esa mujer, practicando abortos con la aguja..., te digo que mientras escribía sobre ella he notado un poco de taquicardia.
      Gracias por esas palabras de cariño que me dedicas, y que ahora mismo me saben a polo de fresa :)
      Un abrazo.

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  5. Por cierto, nada de lo que cuenta esta hitoria tiene desperdicio, pero la frase de: [...] se libraba de lo que no tenía futuro[...] tiene tela...

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    1. María y Rosa son mujeres sensibles. Y el tema..., se las trae.

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  6. Buenas noches,madre mía estoy de los nervios que manera de cortarnos la historia araña,me has dejado con muchas ganas de saber que pasa después,como se desarrollan los acontecimientos.No tardes mucho en desvelarnos el desenlace,y sobre la pregunta que planteas yo pienso que como madre que iba a ser lo primero era el amor x su hija que es más fuerte que nada ni nadie o me equivoco?un saludo

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    1. Hola, Tere.
      Tranquila, que pronto pondremos final a esta historia. María se lo contará a Rosa, y ella, nuestra emisaria, a nosotros.
      No sé si primero fue el amor por la criatura o por el padre de la misma. O tal vez María quería ser madre. Ahí lo dejo.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  7. Maria decide no abortar por que comienza a tener sentimientos hacia el bebé que lleva dentro.
    Porfavor que la historia de esta mujer no termine, ya que es muy interesante. Un 10 para este post.

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  8. Buenas tardes, Leo.
    La criatura es fruto del amor, aunque María sabe que eso puede complicarle mucho la vida. La historia tiene que terminar, porque como María ha dicho, su tiempo se acaba...
    Gracias por tus palabras, Leo, eres muy generoso.
    Un abrazo

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  9. Buenos días:
    Menuda historia la de María, engancha y nos tienes colgados de tú tela de araña.
    María estaba enamorada por eso al final decide no ir a ver a la gaditana porque quiere tener un hijo de su amor. El la obliga o acuerdan entre los dos un pacto de silencio para él sería un escándalo, dentro de su estatus social no le perdonarían que tuviera un hijo con una prostituta.
    Tengo ganas de leer el desenlace, nos has dejado con la miel en los labios.
    Hasta pronto

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    1. Buenas tardes, Taconcitos.
      Efectivamente, aunque él quiere a María, no está dispuesto a enfrentarse al escándalo social que eso supondría, y que sin duda acabaría con su carrera. Además existe otro factor importante: su vida personal... Todavía no sabemos casi nada de él.
      El próximo capítulo va a sorprender, te lo aseguro.
      Gracias por comentar.
      Abrazos.

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  10. Yo creo que María se enamoró perdidamente aunque sabía de antemano que la historia no tendría mucho futuro x eso creo que quiso tener a su hija como recuerdo a ese gran amor, su gran amor, ¿qué mejor manera de recordarle cada vez que mira a su hija?.Y él...yo creo que también la quería, pero sabía que era un amor imposible.Parece una historia dolorosa
    Me está gustando mucho la historia..Impaciente por saber el desenlace.Bss

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    1. Buenas noches, Casiopea.
      ¡Me encanta ver cómo nos gusta el amor a todos! Claro que se amaban, a pesar de que su relación se apoyaba en una gran compenetración sexual, se querían. Sin embargo a veces el amor no es suficiente para romper con toda una vida...
      En parte sí es una historia dolorosa, y mira que le advertí a Rosa que aquí veníamos a divertirnos, pero como dice una buena amiga, a veces los personajes cobran vida y ningunean al autor.
      Me quedo con lo que vendrá a continuación: la verdadera historia de amor.
      Feliz noche. ¿Sabes que pronto habrá lluvia de estrellas?

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  11. Buenas noches araña y compañía. Me parece una historia muy interesante, opino lo mismo que Casiopea, que estaban enamorados y por eso tuvieron a su hija. Espero que no se te ocurra matar a María en el último capítulo.
    Un saludo.

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  12. Buenos días, Antonio.
    Vaya, qué sorpresa, nos cuesta despedirnos del personaje..., buena señal.
    María está muy enferma, es anciana y puede morir. Veríamos el acontecimiento normal, ley de vida que se dice, si no fuese porque la mujer ha despertado nuestra simpatía. Es una luchadora valiente y rebelde que vivió como quiso y se enamoró locamente de quien no le convenía..., o tal vez sí. Seréis vosotros quienes decidáis si mereció la pena o no.
    Me alegra que la historia te haya enganchado.
    Un saludo.

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