6 de septiembre de 2016

Cuento prohibido. El confesionario


                                                                         
Sensualidad
     


Sé que no me vas a entender, no me extraña, porque ni yo mismo lo consigo. Mira, te voy a poner un ejemplo, ayer, sin ir más lejos, Elsa estaba sentada en la cocina pelando patatas.

Con la puntilla bien afilada retiraba la piel y seguidamente las partía en trocitos, todos iguales. Lo hacía despacio, muy despacio, recreándose en esa tarea tan simple como si de ella dependiese la paz mundial. Su pelo, sujeto con una pinza en forma de mariposa, parecía recogido de forma casual. las gafas se apoyaban sobre la punta de su nariz, que es graciosa como el pico de un patito. Estaba vestida con su bata de guatiné rosa de ositos. Parecía ajena a todo lo que no fuera la tarea que tenía entre las manos. Pero con ella, nada es lo que parece...

De forma natural, la bata se deslizó por su hombro dejando al descubierto la curva del mismo hasta medio brazo. Se veía claramente que no llevaba sujetador. Continuó pelando patatas como si yo no estuviese allí, y justo cuando empezaba a pensar que había sido un hecho fortuito, levantó la vista y me miró por encima de sus lentes, se retiró un bucle que le caía sobre la mejilla, y muy sería, volvió a bajar los ojos con candor, después..., en mi vida había visto algo más..., no sé..., ¿erótico quizás? El caso es que se quitó las gafas despacio y se soltó el pelo. Aún sin mirarme, sacudió su melena que le cayó sobre los hombros. La luz del sol, que entraba por la ventana, rebotó en su cabello y lo llenó de matices. 
¡Elsa me vuelve loco! Se quita las gafas y parece que se haya desnudado del todo. Sus movimientos son sensuales incluso pelando patatas...

A veces me ocurre que siento un poco de terror de esa faceta suya tan desconocida como inexplicable. Me produce mucha inseguridad saber que cuando ella quiere, yo estoy perdido. Aunque en ocasiones me escandalice lo que me propone, bueno, la verdad es que proponer, lo que se dice proponer..., más bien poco. Lo que quiere lo toma, cuando y como gusta; sus condiciones son siempre innegociables. 

No sé si para ella es solo un juego, o si cuando lo hace piensa en mí, o solo en sí misma. El caso es que deseo que esas cosas ocurran, pero después me mortifico intentando encontrar alguna explicación a lo que parecen ser depravados entretenimientos sexuales para ella. Y no creas que me refiero al numerito de la cocina, eso solo te lo he contado para que aprecies el dominio que tiene sobre mi voluntad, ya que con solo quitarse las gafas... Hablo de lo otro, de lo que sucede de vez en cuando en los lugares más inconvenientes. Mira, te voy a contar lo que ocurrió el sábado pasado en una iglesia. Cuando Elsa quiso entrar, no sabía lo que pretendía, pero pronto me di cuenta de que desde luego no era ponerse a rezar. 

Si mi madre la hubiese visto vestida de esa forma, ¡en un templo!, la hubiese prohibido entrar en su casa, seguro. 
La falda era corta y ella tiene unas piernas bonitas, haciendo calor, no era nada extraordinario que quisiera ir fresquita, pero lo que sí llamaba la atención era la camisa. Negra y transparente, dejaba entrever el sujetador de encaje del mismo color, tampoco tendría por qué haber impresionado a nadie si no se hubiese dado la circunstancia de que tiene los pechos tan grandes que cuando camina se menean, saltarines, amenazando con abandonar las copas que los ciñen. A estas alturas no sé que es peor, si que una parte del cuerpo se vea directamente o que se insinúe tras la gasa negra para dejar el resto a la imaginación.

Es increíble cómo cambia Elsa cuando vamos de visita para ver a la familia, parece una mosquita muerta, toda dulzura y candor, ni una sola palabra subida de tono; incluso, cuando mis cuñados hacen algún comentario picante, se sonroja. ¡Ay, si de verdad supieran cómo es en la intimidad!

Entramos en la iglesia porque hacía calor, a las cinco de la tarde..., te puedes imaginar. Comparada con el día luminoso que hacía fuera, la nave me pareció oscura. Enseguida noté que se me ponían tiesos los pelillos de los brazos porque la temperatura era mucho más baja que en la calle. Se estaba muy a gusto allí dentro. Sin perder de vista a Elsa, me senté en un banco. Observaba cómo miraba en todas las direcciones como si buscase algo concreto. La vi desaparecer en una de las capillas laterales, un poco más allá de donde me encontraba. Cuando al rato asomó la cabeza y empezó a hacerme señas para que me acercase, se me encendieron todas las alarmas. Cuando llegué a su lado, Elsa inspeccionaba un confesionario antiguo. 

                                                                             
Terciopelo rojo


«¡Dios Mío, va a volver a pasar!», pensé.
 Reconocí la mirada febril y la forma de moverse de cuando se acerca porque quiere algo. Cuando me agarró de la mano y me condujo hacia el confesionario, a mi pesar, ya estaba tremendamente excitado. Abrió la puertecilla, corrió la cortina granate, y con sus ojos me invitó a pasar dentro. Intenté echar una última mirada para ver si alguien se había percatado de lo que estábamos a punto de hacer, pero la verdad, ¿iba a cambiar algo ese hecho?

Dentro del pequeño habitáculo, estábamos incluso más apretujados que en aquel vestuario de unos grandes almacenes, donde la prueba de unos pantalones duró más de lo recomendable. Aún recuerdo la cara de la dependienta cuando Elsa le dijo: 
«No nos quedamos con ellos. Le aprietan mucho la entrepierna».
La oscuridad era total. El olor a madera lustrada y tela vieja se mezclaban con el que emanaba de Elsa, espeso y penetrante como la flor del jazmín.
Como no podía ver nada, me concentré en mis otros sentidos. Intuía que se estaba desnudando por el siseo de la ropa al deslizarse por el cuerpo. Recreé la imagen de la falda recorriendo sus caderas antes de caer al suelo. Ella balbuceaba algo sobre pecados redimidos. La verdad es que su voz me llegaba algo distorsionada, no sé si por la acústica del confesionario o por la mezcla de nerviosismo y excitación que me embargaba. 

Cuando acabó de desnudarse, comenzó a dedicarse a mí persona. Yo, hasta ese momento, había permanecido pasivo. Sabía por experiencia que ella lo quería así.
Lo primero que hizo fue colocarme las bragas a modo de antifaz. El olor de su sexo, también parecido al jazmín, inundó mis fosas nasales. ¿Se pondría perfume ahí abajo?

Penetrante
                                                        
Sentado en la tabla que a modo de banquillo cruzaba de lado a lado el confesionario, me deslicé hacia el lado derecho por indicación de Elsa. Ella se colocó como pudo en el hueco izquierdo, de rodillas.

Poco a poco, mis ojos se iban acostumbrando a la oscuridad. El pelo rubio de Elsa clareaba al caer sobre él la luz exigua que entraba cuadriculada por la celosía de su lado. Tenía la cabeza agachada sobre mi entrepierna. Respiré con alivio al ver que al menos no pensaba desnudarme.

Bajo despacio la cremallera de mis vaqueros. En esos momentos, mi pene sobresalía por encima del elástico de mis calzones como una culebra que saca la cabeza del agua para tomar una bocanada de oxígeno. Elsa paseó un dedo húmedo, supuse que antes lo había tenido en su boca, sobre mi glande al descubierto. Después comenzó a darme un masaje, también húmedo, con dos dedos, como si lo estuviese haciendo sobre una diminuta cabeza. Trazaba círculos y sus yemas, al rozar el frenillo del pene, lo desplazan  a un lado haciendo que saltase, una y otra vez. Con cada roce, mi cuerpo se crispaba respondiendo a la caricia. Hubiese querido que sustituyese sus manos por la boca, pero con ella no sirve forzar nada. Me concentré en las sensaciones que subían por mis inglés a la espera de que se decidiese.

De pronto, se detuvo y escuché la cremallera de su bolso. Sabía lo que estaba buscando. En forma de lápiz labial, siempre lleva consigo el vibrador que habíamos comprado dos años antes. Fue un capricho de los suyos... Era un objeto sofisticado y potente con apariencia inocente.
¿Qué mujer no lleva una barra de labios en el bolso?

El sonido, que era muy discreto, allí dentro se magnificaba al rebotar en las paredes. Me preocupé, pero entonces Elsa empezó a darme pequeños mordiscos donde antes me había masajeado. La piel fina del glande, muy sensibilizada por las caricias anteriores, se tensó aún más. Colocaba su boca sobre la punta de mi pene que emergía, cual periscopio de un submarino, por encima del calzoncillo. Con los labios pegados hacía ventosa sobre la piel fina, a la vez que sacaba la punta de a lengua entre ellos y sin dejar de succionar la movía como si fuese un reptil.

Sabía que Elsa se había colocado en vibrador entre las piernas. Aprisionado en su sexo, el sonido había disminuido considerablemente. La recreación del cacharro negro trazando círculos alrededor de su clítoris, me disparó las pulsaciones y algo más...

De pronto, como si despertase de repente de un sueño, el interior del confesionario se iluminó. Abrí los ojos sobresaltado. Un niño pequeño había descorrido la cortina y nos miraba asombrado.
«Mamá, aquí dentro hay una señora desnuda y un señor que la está enseñando la colita».
Lo último que escuché, antes de que la mujer se acercara, pusiera el grito en el cielo y se llevara a rastras a  la criatura, fue el sonido del vibrador de mi esposa al caer al suelo de madera del confesionario. 

                                                      
Piel sexi

¿Te atreverías a entrar a un probador "acompañado", y no precisamente para que te asesoren sobre cómo te queda la ropa?





18 comentarios:

  1. Hola buenas tardes pufff
    Para ser sincero no
    Si es cierto que la propuesta sería sorprende una buena manera de romper la rutina
    Un abrazo arañita

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    1. Buenas tardes, Set.
      La verdad es que es complicado aceptar una propuesta de ese tipo, aunque yo creo que habría que verse en la situación para averiguar hasta dónde somos capaces de llegar.
      Respuesta 1-0 a favor del NO.
      Se agradece la visita.
      Un abrazo.

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  2. Buenas noches,que mujer más picarona si x algo dicen que las que parecen mosquitas muertas son las más atrevidas...a mi me daría mucho corte y estaría todo el rato pendiente así que eso contesta a tu pregunta,un saludo

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    1. Buenas tardes, Tere.
      Te daría corte, pero serías capaz de hacerlo, Ok. Respecto a que estarías pendiente de lo que ocurre a tu alrededor..., ya sabes, el riesgo de ser pillados in fraganti es un factor que puede actuar como incentivo.
      Respuesta 1-1, empatamos.
      Gracias por responder a la pregunta.
      Un abrazo.

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    2. Yo si que me atrevería a entrar en un probador acompañado. Así que Tere, cuando quieras quedamos y yo te asesoro con tu lencería y con lo que necesites. Buen post araña

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  3. Líbrame de las mansas...que de las bravas ya me libraré yo, ( reza el dicho).Yo no sé si me atrevería, primero tendría que ir a la iglesia...pero quien sabe si en alguna visita turistica, desde luego morbo tiene un rato..jjjj

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    1. Hola, Casiopea.
      Siempre me ha parecido un refrán muy acertado, lo que no se ve venir..., ¡cuidado!
      ¿Dudas? Te voy a responder con la adaptación de un refrán popular: "Quien duda, otorga". Esto lo dijo una persona de mi familia muy dada a cambiar el refranero según sus necesidades; creo que se podría aplicar perfectamente a tu respuesta. Lo interpreto como un SÍ, aunque con matices.
      Respuestas 2-1 Vuelve a adelantarse el Sí.

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  4. pues claro que si porque no poner a tu pareja la mano en el paquete con esos vaqueros que le marcan un roce unas caricias una cosa lleva a la otra bueno en fin

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    1. Buenas tardes, Anónimo.
      Vale, la mano en el "paquete", dices. Yo creo que el riesgo sería mínimo porque estarías vestido, y seguramente te refieras a un roce disimulado, aunque todo es empezar... Creo que esto es un Sí.
      Respuestas 3-1. Buenooo, va ganando el SÍ.

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  5. Hola Araña,no creo que fuese capaz de meterme en un probador porque es rara la vez que he entrado sola y me pillan desnuda,lo tengo asimilado,así que procuro ponerme las braguitas de los domingos para lucirlas jajajaja. Asi que si entrara a otros quehaceres pillada segura.

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    1. Buenas tardes, Turquesa.
      A eso le llamo yo el don de la oportunidad. Ocurre a veces que cuanta más intimidad necesitamos, menos vamos a tener.
      Me parece bien que vayas preparada para las eventualidades de la vida. Lo de los probadores con cortinilla en vez de puerta..., tienen su peligro, ya lo creo.
      Vamos a hacer recuento de las respuestas. 3-2. Se reduce la diferencia, pero continúa ganando el SÍ.
      Gracias por este comentario divertido.
      Un abrazo.

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  6. Buenas noches a todos. Vaya pregunta más comprometida. En un confesionario nunca se me hubiese ocurrido, pero en un probador si se me ha pasado por la cabeza,o en un ascensor. Voy a contestar que sí a tu pregunta.
    Estoy de acuerdo con Turquesa en que conviene estar preparado para todo.
    Un saludo.

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    1. Buenas tardes, Capricornio.
      Más claro imposible: un SÍ rotundo. Me parece bien que seas tan directo.
      Probadores, ascensores, confesionarios y demás lugares pequeños y cerrados, comparten características en cuanto a su apariencia, pero yo creo que lo que de verdad incita la imaginación es el hecho de que, aunque permanezcan cerrados, alguien puede abrirlos y pillar a los que estén dentro. El riesgo, la adrenalina...
      Gracias.
      Un abrazo.

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    2. Me olvidaba del recuento:4-2, a favor del SÍ.

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  7. buenas noches!
    Un probador es un lugar un tanto arriesgado para hacer algo más q probarse ropa,pero como dice el refrán...quien no arriesga no gana!
    Eso si,hay que tener en cuenta el tipo de probador y la tienda,probador con cortinillas no,mejor con puerta,y si es entera en la que no se vean los pies mucho mejor.
    Muy buen post,y muy picante!
    Un saludo

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  8. Buenas tardes, Dama.
    Cierto, los probadores con cortinillas son un poco desaconsejables, pero ya sabes que hay personas que "adoran" los deportes de riesgo.
    Veo que eres mujer previsora, "Que no se vean los pies", dices", y yo enseguida imagino el bajo de un probador donde se ven tres pies. ¿Dónde estará el cuarto?
    Por estas tierras nos gustan los guisos bien condimentados y un poco picantes, claro que sí.
    Muchas gracias por la visita.
    Un abrazo.
    En el recuento te voy a dar un sí, más que nada porque en ningún momento has dicho que no.
    Así que hasta aquí, 5-2. Gana el SÍ.

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  9. Por supuesto,es un Sí!!Vamos ganando!jeje

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