27 de septiembre de 2016

Cuento prohibido: Un buen corte de pelo.

                                                                             
Harén


Asunción intentaba entender por qué las relaciones sexuales con su marido no eran como las que describían sus amigas. En la intimidad repasaba una y otra vez lo que le contaban Elisa y Lola. Podía comprender lo que le ocurría a Lola, la "Entendida", que seguía soltera y disfrutaba de muchos amantes, pero ¿y Elisa? ¿Qué diferencia había entre su matrimonio y el de su amiga?

 La tarde anterior, mientras tomaban café antes de reanudar la jornada laboral, Elisa les había hecho una de esas confidencias que a ella le dejaban derretida por debajo de la mesa.

-..., y cuando Ernesto se quitó los pantalones, chicas, de verdad,¡casi me caigo de la cama del respingo que pegué! ¡Se la había pelado entera! La tenía como un mástil, y al haber desaparecido el vello negro, parecía hasta más grande. Se me hizo la boca agua..., bueno, es que con solo recordarlo me dan ganas de echarme una escapadita a casa.

Al final del turno de trabajo, Asunción continuaba con una idea fija en la mente: le pediría a Pepe que se depilase la entrepierna. Estaba decidida. 
Para esa noche de viernes habían planeado tomar unas copas en el mismo local de siempre: una cervecería decorada con carteleras antiguas de cine. Le gustaba sentarse en una esquina, rodeada de King Kong y de Charles Chaplin, siempre en semipenumbra.

Asunción esperó a que el camarero se alejase de la mesa, y mientras removía su café, sacó el tema sin rodeos.
-Pepe..., necesitamos un poco de emoción en nuestro matrimonio... No te has dado cuenta de que la chispa se está apagando.
Él la miró como si le acabase de decir que el café estaba frío. 
-Asun, cariño, ¿no te irá a bajar la regla?
Estrella inmortal
-¡Estoy hablando en serio! ¿Qué manía te ha dado de achacar todo a la regla? ¡Pepe, quiero que te depiles el aparato!
-¿Qué aparato?... ¡Ah, no, no, no, de eso nada!
-¿No harías eso por mí? Ves a lo que me refiero..., no quieres hacer nada emocionante.
-A ver, cariño, todavía recuerdo cuando me tuvieron que quitar el bultito de grasa del testículo izquierdo, y antes de entrar a quirófano me afeitaron todo..., ¿tu sabes lo que pican los pelos cuando empiezan a salir? No puedes hacerte idea de lo que es que te estén picando las pelotas en una reunión y no poder arrascártelas como Dios manda. 
-Si quieres te depilo yo...
-¡De ninguna manera!
-Vale, ¿y si me rasuro yo también?
Pepe había empezado a negar con la cabeza, pero en vez de continuar recostado con desgana en la silla, se había echado para adelante y apoyado los codos en la mesa a la vez que sonreía.

                                                                 *******
Una semana después...
Asunción se afanaba con los preparativos. Era viernes por la tarde e iban a tener por delante todo el fin de semana para experimentar.
Había comprado cuchillas de afeitar que rotaban 360º y que prometían rasurar con delicadeza, y la espuma de afeitar más cara que había encontrado en la droguería, pues opinaba que la relación calidad- precio era siempre proporcional en cualquier producto.

Mientras esperaba a que regresase Pepe, empezó a inquietarle la posibilidad de que se volviese atrás; no sería la primera vez que su marido se arrepentía de algo a última hora... Cuando Asunción se preocupaba, se adentraba en una especie de bucle del que no sabía salir. De la ilusión había pasado al desencanto más absoluto. Estaba segura de que había cambiado de opinión.

Mecánicamente, agitó el bote de la espuma de afeitar y lo abrió. Pulsó el dispositivo apuntando la boquilla sobre la palma de la mano. Un churrete azul salió initerrumpidamente hasta que aflojó la presión de su dedo. Contemplo la nuez gorda y azulada que tenía en la mano y se la llevó a la nariz. El olor, un poco mentolado, le pareció fresco y muy agradable. Dejó el bote sobre el lavabo y se frotó las manos. El aroma se intensificó y el color azul liberó un montón de partículas irisadas. 

«Y si...»

 Una vez que la idea se coló en su cabeza, no tuvo dudas. Se limpió las manos y se sirvió una copa de champán en la cocina. Después se fue hacia el vestidor. Mientras se desnudaba, dejó la bebida sobre la alfombra de piel de oveja junto a los zapatos que había elegido para la ocasión. Descalza, regreso al baño y de nuevo agarró el bote; lo agitó con ganas. En está ocasión fue más generosa con el gel azulado. Con la otra mano, fue tomando cantidades más pequeñas para depositar sobre el vello de su pubis. Poco después tenía un triangulo azul, casi marino, que cubría su Monte de Venus como si se lo hubiesen pintado. 
                                                     
Tacón de aguja


Se sentó en la tapa del inodoro y se abrió de piernas colocando la derecha sobre el lavabo que tenía justo enfrente. Así, según estaba, tomó el espejo de depilarse las cejas y lo colocó a la altura de su sexo. La imagen la sorprendió agradablemente. En conjunto, sus genitales parecían una fruta exótica a la que hubiesen cortado un gajo para dejar a la vista la pulpa rosada de su interior. 

Dispuesta a continuar la tarea, agarró con decisión la cuchilla por el mango y empezó a deslizarla de abajo hacia arriba. Después de un par de pasadas volvió a tomar el espejo. El contraste entre la piel limpia de vello y espuma, y el resto, le recordó la estela que dejaban las maquinas quitanieves en el asfalto. Acarició la zona para comprobar si estaba tan suave como a simple vista parecía. Muy despacio y con delicadeza, desplazó las yemas de los dedos a lo largo de su ingle hasta casi rozar su vulva. Notó una sensación de cosquilleo muy agradable, y no solo en el lugar donde se había tocado.

El olor mentolado llenaba el cuarto de baño mientras la piel que recubría el sexo de Asunción iba quedando desnuda. No tardó mucho en acabar. 

Volvió a agarrar el espejo de mano para mirar la obra terminada. La imagen que reflejó el cristal le pareció muy hermosa, limpia, inocente, casi virginal. Mientras que el resto de su cuerpo estaba bronceado, aquella parte lucía blanquísima. No podía dejar de mirar su interior, pues le parecía sublime. 

De nuevo sintió unas cosquillas en su coxis -parecía que el inodoro vibrara levemente- que ascendían hasta su perineo y se adentraban en su gruta provocando unos espasmos muy gratos, como si sus carnes se movieran por dentro de la vagina. Entonces recordó lo que le había explicado hacía unos días su amiga, la Entendida, sobre la localización del punto G. Decidió explorarse un poco para indagar e introdujo un dedo en su interior. La flexible y húmeda mucosa lo acogió ciñéndose con firmeza a su alrededor. Intentó seguir las indicaciones que le había dado su amiga. Rebuscó bajo el hueso del pubis, cerca de la entrada, alguna señal que le indicase dónde estaba ese lugar mágico que producía orgasmos maravillosos. 

Disfrutaba del sexo. Que ella recordase nunca se había quedado a medias, así como tampoco se había preocupado de localizaciones de puntos, ni de lo que le parecían leyendas sexuales que ella no necesitaba, pero ese día era diferente. Allí sentada, en aquella pose tan poco glamurosa, sujetando el espejo con una mano y con un dedo de la otra entrando y saliendo de su vagina después de haberse depilado entera, algo había cambiado. Necesitaba evolucionar, no quedarse estancada en lo mismo de siempre, y aquello tenía toda la pinta de ser una ruptura con la comodidad de lo conocido.

Sacó el dedo y llevó la humedad que lo acompañaba hacia su clítoris, su adorado botoncito, Estaba abultado y muy sensible. Una presión excesiva le provocaba algo parecido a una convulsión nerviosa, así que siempre lo estimulaba con suavidad e indirectamente a través de sus alitas. Solo al final arremetía con saña hacia el centro del seísmo. 

Aquello había dejado de ser una exploración para reconocer el terreno; se estaba masturbando. A pesar de que hubiese querido tener libres las dos manos, no quiso renunciar a la visión del espejo. Era como ser la protagonista de una película porno, solo que ella no tenía que fingir. Observó fascinada como el color de su vulva pasó del rosa al rojo, y su sexo le pareció mucho más hermoso aún. El ruido de chapoteo que se producía cada vez que ella volvía a introducir el dedo en su interior para humedecerlo de nuevo, era muy excitante. Continuó un poco más, alternando caricias con penetraciones, ya olvidada del punto G. Sintió como su vientre se endurecía a la vez que todo su cuerpo se tensaba preparado para el sprint final. 

No supo cuando abandonó el espejo en el suelo y cerró los ojos, tal fue la intensidad del orgasmo. Apretó las piernas alrededor de su mano y aguantó la respiración mientras la electricidad de su entrepierna perdía intensidad.

Aquel placer inesperado había cambiado por completo su ánimo negativo. Se volvió a vestir, acabó de maquillarse, y mucho más tranquila se sentó a tomar una cerveza en lo que volvía Pepe.

Cuando su marido entro en la cocina, se levantó y le abrazó. Después de un beso apasionado durante el cual se pego a él como si quisiera atravesarlo, Pepe le pidió que le dejase ir a ponerse cómodo.
Asunción estaba entusiasmada. Se volvió a sentar e imaginó cómo reaccionaría cuando la viese desnuda, sin duda la idea le había gustado cuando se la propuso en la cafetería. Ahora le tocaba a él. Cuando Pepe entró en bata a la cocina, Asunción se fijó en que llevaba las piernas al aire y que por arriba se le veía la mata de pelo negro que cubría su pecho. Se sorprendió de que todo fuese tan rápido. Cuando empezó a hablar de pie ante ella, se dispuso a escuchar con atención.
-Asun, cariño. He estado buscando la manera de sorprenderte, y creo que la he encontrado. Para ti, mi amor, porque te quiero y deseo complacerte en todo aquello que pidas.
 Apenas hubo terminado la frase, Pepe se abrió la bata y se mostró completamente desnudo ante su esposa. La mandíbula inferior de Asunción cayó como si se le hubiese desencajado, y sus ojos, en aquellos momentos muy abiertos, amenazaron con saltar de las órbitas. 


La sorpresa
                                                    
Muy cerca de su cara, Pepe exhibía una pelambrera verde hierba en la entrepierna. Se había recortado el vello y teñido. Parecía que se hubiese puesto en el pubis una matita de césped bien tupido. El pene, en estado semiconsciente ya que mantenía una media erección, lucía en el prepucio una argolla dorada. 

¿Qué te parece el estilismo de entrepierna que ha elegido Pepe? 

  
  







18 comentarios:

  1. Hola Araña.Pobre Asun después estar toda la tarde preparando su entrepierna por dentro y por fuera para la llegada del marido y tener adelantado el trabajo ,le llega con esa sorpresa.Seguro que se la paso el calenton o bien viene preparado para pasar el cortacesped por sus genitales jajajaja.TE QUIERO.

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  2. Hola, Turquesa.
    Para que veamos que, a veces, lo que habíamos planeado hacer se nos vuelve del revés, y la sorpresa que pensábamos dar, nos la llevamos nosotros.
    La verdad es que Pepe fue poco comedido al elegir su nuevo look. Aunque estoy segura que pasado el primer momento, a Asun le gustó el experimento. El tema de la anilla..., uf, ¡qué dolor!
    Gracias por comentar.
    Un cariñoso abrazo grande y fuerte.

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  3. Buenas noches araña y compañía
    Bueno pero no decíamos que estaba de moda los peluquines pues toma un peluquín Roquero es pepe el Roquero.
    Bueno bromas a parte creo que pepe después del estilismo no estaría para muchos rodeos que el verde era para disimular lo morado que tenia el aparato:-)

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    1. Hola, Set.
      Veo que aún te acuerdas del post de los peluquines (Cuestión de pelos), no me extraña, ¡lo pasamos genial debatiendo sobre el tema! Recuerdo que me dolía el estómago de reír mientras contestaba vuestros comentarios.
      Tienes razón, creo que el pobre tendría que estar algo dolorido, al respecto, me cuesta un poco ponerme en su lugar...
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  4. Jajaja... pues a mí me ha parecido muy gracioso... Pepe debió pensar que lo de depilarse era algo que le iba a molestar mucho después, pero si hay que sorprender... se sorprende a lo grande... Creo que hubiera preferido que se lo tiñera de rosa ;)

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    1. Hola, Carmen.
      Bienvenida a la Araña.
      Pues sí, en este caso no sé que hubiese sido mejor, si la opción A (depilación), o la B (el piercing). ¡No quiero ni pensar lo que tiene que doler! Además eso se puede enganchar..., en fin, voy a dejar de elucubrar sobre las posibilidades de sufrir un accidente, y que al tirar te lleves por delante... ¡Aaaggg!
      Cuando debatimos sobre la moda de los peluquines para las zonas íntimas, yo expresé mi preferencia por uno rosita, ya ves, no eres la única que opina así.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  5. Buenas tardes a todos.
    Pobre Pepe. Ay que ver las cosas que se hacen por amor. Ella pensaba que le iba a sorprender y al final se lleva un susto. Me hubiese gustado saber si la gusta o no.
    ¡Menudo dolor en...!
    Buena historia araña.
    Un saludo.

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    1. Hola, Capricornio.
      Ah, sí, el amor, por él se hacen muchas locuras, ¿no crees?
      Eso venimos diciendo, ¡menudo dolor! Pero, ¿qué es un agujerito de nada en "el mismísimo" con tal de sorprender a la pareja?
      Yo creo que Asun apreciará el detalle, aunque seguro que hubiese preferido algo más sencillo.
      Me alegra que te haya gustado la historia.
      Gracias por el comentario.
      Un abrazo.

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  6. Buenas noches!!!!que manera de complicarse la vida la de pepe con lo fácil que era depilarse, pero vamos que eso no eso amor ni nada se ha montado todo ese mural hay abajo para que Asun no le vuelva a pedir nada.Un abrazo

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    1. Buenas tardes, Tere.
      Buena conclusión la tuya. Me da la impresión de que eres toda una estratega.
      Lo del "mural ahí abajo" que dices, me deja alucinada: ¡qué buena expresión para definir los bajos de Pepe!
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  7. ¡Buenas noches!Estoy de acuerdo con vosotros en la parte dolorosa de la historia...¿Pepe,era necesario el piercing? Por lo demás,me parece una historia muy divertida a la par que realista en cuanto a la parte de perder la pasión con la rutina,cuando esto pasa hay que buscar algo nuevo que vuelva a emocionar,y quien sabe...lo mismo desde ese momento a Asun la empieza a gustar la jardinería y empieza a usar el cortacésped a menudo,jajaja.
    Muy buen post araña y muy bien descrita la escena erótica en la que Asun se descubre a sí misma.
    Un beso

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    1. Buenas tardes, Dama.
      Me ha encantado tu última frase, que me digas que te ha gustado esa parte del autodescubrimiento (palabra preciosa) de Asun.
      Creo que con esta experiencia ha aprendido dos lecciones: la mencionada anteriormente y lo imprevisibles que somos las personas. Ella pide algo sencillito y Pepe se lía la manta a la cabeza dispuesto a triunfar y a sorprenderla de verdad.
      Al igual que tú, opino que hay que poner en funcionamiento la creatividad para que no decaiga la pasión. Seguro que los protagonistas, a partir de ahora, se van a divertir mucho más.
      Gracias, Dama.
      Un abrazo.

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  8. ¡¡Jolín que cuento!!, Araña, cuéntanos que opina Asun de el nuevo look de su esposo ¡¡no nos dejes intrigados!! ¡¡Yo quiero saber que pasa!!. Buen post Araña

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    1. Buenas noches, Leo.
      ¡Nooooo, no, no! El cuento acaba aquí, el resto, si es que quieres que siga, lo tienes que imaginar tú. Se guro que lo vas a hacer genial.
      Desafío: dime, ¿qué opinas?, le gusta o no le gusta a Asun lo que vé.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  9. En esta ocasión me gustaría ser hombre, Pepe en concreto. Qué SUBIDÒN

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  10. ¡¡¡Jajajajajajajajaj...!!!
    Buenos días, Anónimo.
    Interpreto que te gustan las emociones fuertes. ¿No te parece que el pobre Pepe estará un poco dolorido después del cambio de imagen de sus bajos? Eso sí, especial y único sí tiene que sentirse.
    Te recuerdo que Asunción se lo acaba de pasar estupendamente ella solita.
    Continúa imaginando, que eso es muy saludable (para la mente y para el cuerpo).
    Gracias por comentar.
    Un abrazo.

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  11. Es que como mujer ya sé imaginar araña y tal vez Pepe haya disfrutado del cambio

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  12. ¡Ahí has andado fina!, te lo digo ahora que no nos oyen los hombres (necesito carita guiñando un ojo)
    Feliz noche.

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