20 de septiembre de 2016

María la Bienllevá. Cuarta parte.


                                                    
A los pies de la diosa desnuda


El reloj grande del hall del hospital marca las seis de la tarde. Hoy es mi día libre, por eso he querido entrar por aquí en vez de por urgencias, como si así pudiese desligar mi vida profesional de la personal; para algunas cosas soy así de rígida, ¿qué se le va a hacer?

Vengo a visitar a María. Le aseguré que me pasaría antes de marcharme a Santander de puente. 
En la floristería del hospital también venden bombones. Compro una cajita muy mona, con forma de corazón, sin preocuparme qué tipo o cuántos contiene. Estoy segura de que María no comerá ninguno..., apenas prueba bocado últimamente. Repite a menudo que quiere descansar de una vez..., nos pide que no la despertemos si vemos que está dormida, porque a veces tiene sueños muy hermosos.

En la planta, todos conocen la relación especial que mantengo con esta paciente, así que cuando me ven aparecer y les digo que estoy de visita, no se sorprenden. Me tomo con ellos un café rápido y enseguida me dirijo a la habitación que ocupa María.

Apenas he tocado la puerta, me invita a pasar. Hoy ha sacado toda su artillería: cejas dibujadas, mejillas rosadas, labios brillantes y en los ojos sombras moradas que le acentúan las ojeras. Lleva colgado al cuello el medallón que le regaló su amante.

Sonríe al verme, le correspondo y me acerco a darle un beso.
-Veo que has estado ocupada -digo refiriéndome a su maquillaje.
-Ya ves hija, para lo que sirve ya. Antes con unos polvos y un poco de carmín... Hoy te voy a enseñar otra foto... No te asustes..., que en esta estoy en cueros.
La saca de debajo de la almohada y me la da. Cuando la tomo entre las manos noto que está caliente, por un momento pienso que mi dedo pulgar, apoyado en la cadera desnuda de esa mujer, es capaz de percibir el calor del cuerpo que observo maravillada. Se me llenan los ojos de lágrimas. Hablo para que mi voz distraiga los sentimientos que afloran.
-No me extraña que un gran hombre se fijase en ti. Eras bellísima..., perfecta.
-Él me lo repetía muchas veces, lo de perfecta. Me decía que era una rosa roja en un jardín nevado...
Su voz se quiebra un poco y espero a que se recupere.
-¿Vas al mismo Santander? -Su pregunta me sorprende. 
-Sí. Voy con una amiga.
-Mi hija nació en Comillas...
-¡Ah!, pensaba que la habías tenido aquí, en Madrid.
-No... Su padre..., y su mujer, quisieron que me fuese allí hasta que diese a luz...
-No comprendo, ¿su esposa, dices? 
-Verás, hija, hay cosas que aún no sabes y que te voy a contar, porque o se pone una pa algo o no se pone. Además, ya te he dicho las cosas que hacíamos, lo de darle yo por detrás y eso... No te vayas a creer que acaba todo ahí, nanay, que lo que viene a continuación, aunque no sea cosa de puteríos, es más gordo todavía. ¿Quieres que siga con lo que falta de la historia?
-Si tu quieres, me encantaría -digo con el corazón en un puño.
-¿Dónde nos quedamos el otro día?, que no me acuerdo.
-Me estabas contando que él te pidió que no visitases a la Gaditana y que esperases a que pensase qué hacer.
-¡A sí! Bueno, pues ese día se fue pronto. No supe nada de él en una semana... Hasta llegué a pensar que me había dejado con el bombo para mí solita. Estaba casi segura, pero entonces, ¿por qué no había querido que abortara? Cuando hay amor nos agarramos a un clavo ardiendo, así estaba yo entonces: deshojando la margarita, ahora sí, y al rato no...
Siete días después, a las nueve de la noche, sonó el timbre de la puerta. No pensé que pudiese ser él porque tenía llave. Así que cuando abrí, me quedé espantada. Venía acompañado de una mujer muy elegante... En ningún momento pensé que pudiese ser la otra, porque para mí, la otra era su esposa, no yo.
                                                                         
Dulzura de hielo

Tenía los ojos muy claros, parecían de cristal. Me quedé embobada por la elegancia de sus andares, era como si pisase una línea recta dibujada en el suelo. No tenía formas de mujer, parecía un lapicero de lo derecha que iba, pero tenía algo que yo nunca conseguiría: clase. Él, le cedió el paso sin pedir permiso para entrar..., era su piso, claro. No dijo nada hasta que la puerta se hubo cerrado. 
-Esta es Mirella, mi señora.
No supe que decir. Ella, por el contrario, se adueñó de la situación al momento.
-Tengo cuatro hijos que atender, por lo tanto dispongo de poco tiempo. Déjanos solas -ordenó a su marido.
Y él, como un calzonazos, se fue hacia la cocina y cerró la puerta. 
-Sentémonos -pidió cuando estuvimos a solas.
En la sala, esperé a que eligiese dónde. Una vez que se hubo sentado en el sillón, yo lo hice en el sofá, frente a ella. No se anduvo por las ramas, enseguida me puso las condiciones bien claritas.
 -Mi marido me ha contado todo. Como comprenderá, el disgusto en mayúsculo, tanto que cogería a mis hijos y me iría con mis padres al norte, pero ante todo soy madre..., y católica. Con esto quiero decir que voy a perdonar como manda la Santa Madre Iglesia, y además voy a hacer una obra de caridad. Está decidido, yo voy a criar a esa criatura -dijo señalando mi cintura.
Me puse mala. El corazón latía tan fuerte y rápido que el pecho empezó a dolerme. 
-No -conseguí decir por fin-. No, no, no -. Negaba una y otra vez con la cabeza. 
-No he venido aquí a perder el tiempo...
-¡Entonces váyase!
Debí vocear, porque él apareció con cara de susto en el quicio de la puerta.
 Ojos de hielo miró primero a uno y después al otro, se puso de pie y salió sin despedirse. Él me miró como queriendo decir algo, pero al final salió detrás de su mujer con el rabo entre las piernas. Ahí dejé de quererle un poco, ya ves, pero no me duró mucho el desamor.
Tengo un nudo en el estómago. La historia es tremenda, y me impacta aún más porque sé que probablemente será la última vez que la cuente. Callo, no quiero interrumpir el flujo de sus recuerdos.
-Pensé que ahí se acababa lo nuestro..., creí que me había quedado sola... Te juro que lo que hice al día siguiente fue pensando en la criatura que llevaba en el vientre. Aún no se me notaba la preñez, y tenía que ganar dinero para cuando no pudiese trabajar. Sabía que había hombres que pagaban una fortuna por joder con una preñada..., pero hasta entonces aún quedaba mucho. 
Lloré toda la noche. Me había acostumbrado a un solo hombre al cual amaba, y ahora tenía que empezar donde lo había dejado, solo que con una criatura de camino.
Le eché un par de huevos, y a la noche siguiente salí a buscarme la vida. Estaba hermosa..., me miré al espejo y me vi más guapa que nunca... Creo que llevar un hijo en el vientre embellece a la mujer, Aunque tenía los ojos tristes y brillantes, estaba guapa, guapa...
No tardé en encontrar acompañante. Un moreno, joven y simpático que era de Cuenca y trabajaba en una peletería. Enseguida llegamos a un acuerdo. Yo no tenía ganas de hablar y a él le corría prisa el desahogo.
Serían las once de la noche cuando nos fuimos para el piso. Por la escalera iba metiéndome la mano por donde podía. Lo que meses antes me hubiese divertido, ese día me producía rechazo. Pero había que comer...
                                                                               
Balaustre

En el último rellano, me agarro por el talle y me empujó contra la pared. El muchacho, demasiado impetuoso debido a su juventud, empezó a restregarse contra mí. Notaba contra mis muslos su monumento, porque eso era lo que parecía aquello, mientras apretaba mis pechos por encima de la blusa. Empecé a agobiarme apretujada entre la pared y su cuerpo. Le pedía que parase, que esperase un poco, pero creo que ni me oía. 
El sonido de unos tacones se escuchó tan recio, que por fin reaccionó. Nos quedamos, yo contra la pared, y él pegado a la barandilla para dejar a pasar a la mujer que bajaba. Estaba tan avergonzada que no me atrevía a levantar la vista del suelo, hasta que escuché la voz de Mirella; en esta ocasión había venido sola.
-¡Váyase! ¡Fuera o llamo al portero! -ordenó mirando de frente al muchacho.
-Y el dinero que he pagado a esta puta, ¿qué? -protestó él sin convencimiento.
Abrí el bolso y le devolví el billete que me había dado. Lo cogió y empezó a bajar las escaleras despacio, sin mirar atrás, pero cuando llegó al último peldaño se giró.
-¡Putas pervertidas! ¡Que os joda el diablo a las dos! -Y entonces echó a correr hacia la calle como si temiese que le fuésemos a seguir.
Ojos de hielo se acercó a mí. No podía retroceder porque tenía la espalda pegada a la pared. Estaba asustada..., pero, infinitamente, más avergonzada. Era un poco más alta que yo..., no mucho. Estaba muy seria y no hablaba. Podía oler su perfume, como a polvos de tisú. El cuello de la camisa blanca estaba bien planchado y almidonado, el collar de perlas de dos vueltas se movía un poco con su respirar algo rápido. Levantó despacio la mano derecha y me acarició la mejilla. Empece a llorar.
Me acompañó hasta el piso y entró conmigo. ¡Qué distinta me pareció ese día! Empezó hablándome de sus hijos, de sus padres, de Comillas, de Santander, y de otras muchas cosas... Yo escuchaba en silencio preguntándome qué quería Mirella en realidad. Cuando calló repentinamente, supe que había llegado el momento de saberlo.
-No quiero perder a mi marido... He venido para saber qué encuentra aquí que no tenga en casa... Quiero que me explique que hacen cuando están juntos. ¡María, quiero aprender lo que solo una mujer como usted puede enseñarme! Se lo suplico con toda humildad..., además, estoy dispuesta a pagar bien.
Aquello me dejó hecha polvo, ¿cómo explicar a Mirella, toda una señora católica, que a su marido le gustaba que le diesen por el cu..., por atrás? Le dije que necesitaba pensarlo, para ganar tiempo. Me respondió que lo comprendía, me dio doscientas pesetas y me propuso que volviésemos a encontrarnos la tarde siguiente.
Esa noche no pude dormir pensando en qué le iba decir al día siguiente.  
 María calla. Veo cómo se encoge en la cama. Le agarró de la mano y ella me agradece el gesto con una sonrisa. Tan delgada, casi etérea, me parece un ángel que haya perdido un ala y no pueda volar.
La piedra eterna


¿Crees que Mirella aceptará las enseñanzas de María?
                                                                                 


  












16 comentarios:

  1. Bueno bueno bueno arañita lo as vuelto a hacer dejarnos con la miel en los labios
    Espero la próxima entrega de maria y ver cómo termina esta historia un saludo arañita

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    1. Buenos días, Set.
      La historia es compleja, pero María, la protagonista, es tan buena narradora, que resulta fácil, hasta cierto punto, entender lo que ocurrió y las razones de cada personaje para actuar.
      Gracias por el comentario.
      Un abrazo.

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  2. Qué ganas tenía de volver a leer otro capítulo de esta historia!! ...Ay madre...qué mal se tenían que sentir las dos , enamoradas del mismo hombre, las querría él también a ambas?...Creo que Mirella tenía que sentirse fatal por rebajarse y pedir a la prostituta que se acostaba con su marido y encima futura madre de un hijo bastardo de éste, que la enseñase sus técnicas amatorias, y María , desde mi punto de vista,creo que tenía que sentirse tan inferior...una relación de tres...¡ cuánto sufrimiento !...Esto es como un libro cuando te engancha,no puedes contárnosla ya de una vez??? Nos tienes en ascuas!!.Besos

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    1. Buenos días, Casiopea.
      Por un lado tengo ganas de acabar la historia, pero por otro, yo que sé cómo termina...
      Te diré que he empatizado mucho con Mirella. El orgullo, que aparenta durante la primera visita, es solo un camuflaje para que la otra no vea lo vulnerable que es. Pero quiero que el personaje, pasado este primer momento, cambie. Ya ha empezado a hacerlo.
      María que, como bien dices, se siente inferior y empieza a tomar conciencia al fin de que la otra es ella, va a salir fortalecida. Es una superviviente.
      Las relaciones de tres, cuando se está enamorado, tienen que ser demoledoras.
      Pronto, muy pronto. El ángel ya ha perdido un ala.
      Un abrazo.
      Muchas gracias por el comentario.

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  3. Que historia!!!Me deja sin palabras! Que difícil tiene que ser pedir ayuda a la amante de tu marido. Por otra parte,aunque Mirella parece una buena mujer,en alguna ocasión es un poco arrogante cuando dice que va a hacer un acto de caridad y va a criar a la hija de María,¿acaso le ha pedido ella que lo haga? Como,a veces,las personas con una posición social alta se creen superiores a otras que, como María,se gana la vida de otra forma. Respondiendo a tu pregunta,no se si aceptará de buen grado sus enseñanzas,pero seguro que por lo menos las escucha. Otra vez mas me dejas intrigada,¿como acabará todo esta historia?
    Buenas noches a todos.

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  4. Buenos días, Dama.
    La vida me ha enseñado que no sabemos quiénes somos, ni cómo vamos a reaccionar, ante un acontecimiento que deja de ser una hipótesis y se convierte en realidad (imagina algo traumático). Cuando la vida nos vapulea, dejamos de lado el fuero que antes teníamos y evolucionamos; nos adaptamos o luchamos, pero siempre, siempre, cambiamos. Eso les ocurre a las dos mujeres, en el primer encuentro, cada una asume su papel, pero en el segundo se produce una redistribución de poder más equitativa.
    En aquellos tiempos, la posición social, tan diferenciada e inamovible, era un factor que provocaba grandes injusticias, y Mirella lo sabía y actuó, en un primer momento, acorde con ese principio de: Yo arriba, tú abajo.
    María es muy buena maestra...
    Un abrazo y gracias por comentar.

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  5. Hola Araña:
    Que interesante la historia. Mirella aceptar
    las enseñanzas de María pero por supuesto bastante suavizadas no sé si llegarán a ser amigas pero alguna relación tendrán entre ellas puesto que su hija nace en Comillas después no sé cómo será la relación entre ellas o entre los tres eso no lo tendrás tú que contarAraña Rosa.
    Hasta pronto

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    1. Buenas tardes, Taconcitos.
      Mirella es una mujer tan especial como María. Las dos se crecen con los acontecimientos.
      La hija de María nace en Comillas, el misterio se descubre el próximo capítulo. Espero que te guste el final de esta historia dura, que María ha contado con naturalidad, sin dramatismos innecesarios.
      Muchas gracias por la opinión.
      Un abrazo.

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  6. Buenas tardes!!!pobre María es una detrás de otra entre que quieren quitarle a la niña,que la mujer de su amante le enseñe todo lo necesario para que no siga interesada en ella y su situación en general a mi me parece que es mucha tela para cortar como se suele decir,espero la continuación de esta historia que está que arde

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    1. Hola, Tere.
      Me alegra que sigas con tanto interés la historia de María. Le pasaron muchas cosas, es cierto, pero ella es una maestra de la vida, y además generosa.
      El final se aproxima.
      Un abrazo y gracias por comentar.

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  7. Hola Araña, esto es un sin vivir estamos deseando que llegue ya el desenlace.Pobre Maria que sufrimiento,enamorada de la persona equivocada,sin un futuro con ese amor y ademas explicar sus técnicas amatorias a su rival.Hay personas que las cae una detrás de otras.TE QUIERO.

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    1. Hola, Turquesa.
      Sí, parece que todo le ocurre a ella, sin embargo, opino que la realidad supera con creces a la ficción. Cuántas historias habrá mucho más dramáticas que la de María.
      Enamorarse de la persona equivocada: la jugada de la vida misma. Una faena, que se dice por estos lares.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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    2. Buenas tardes a todos. Los secretos profesionales no se deben contar.
      Un saludo.

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    3. Hola, Capricornio.
      Pues mira tú por dónde, no había pensado en lo que dices. Me parece que algo de razón tienes, pero según yo lo veo, María es una mujer generosa y ..., no digo más. Sigue leyendo.
      Gracias por comentar.
      Un saludo.

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  8. Si que aceptará las enseñanzas de María, porque no quiere perder a su marido.
    MUY BUEN POST ARAÑA, pero no es por nada, ¡¡¡yo me he quedado a medias!!!, así que ¡¡¡necesito más!!!. ¡¡¡Qué intriga!!!, ¿QUÉ PASARÁ?.

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  9. Hacía mucho que no comentaba este post, pero esta vez te daré mi opinión al final de la historia hay momentos en la vida que no se pueden juzgar antes del fin de la misma los sentimientos pueden hacer que las personas hagamos cosas que ni imaginamos

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