18 de octubre de 2016

Cuento prohibido: El testigo


                                                     
Diablo azul


Decían que Marina estaba loca porque le gustaba la soledad, pasear  de noche por el bosque, y velar a los muertos. Yo, que por entonces tenía diecinueve años, solo veía a una mujer hermosa de gustos diferentes. Si hubiese tenido que escribir un cuento de hadas, me hubiese inspirado en la muchacha para recrear el aspecto de estos seres mágicos. 


Marina tenía una cabellera rubia de princesa de cuento y andaba con el cuerpo perdido dentro de los vestidos anchos que solía usar. Yo la imaginaba de caderas estrechas y pechos virginales, casi planos, apenas una elevación del pezón y poco más. Decían que sobrepasaba los veinticinco, aunque no aparentaba más de quince.

Aquel año, mi padre, recién separado de mi madre, había decidido pasar el verano en la casa de los abuelos, que llevaba cerrada desde que murieron hacía un porrón de tiempo. La razón no era otra que llevarse a "La Pelandusca" -así llamaba mi madre a la querida que se había echado mi padre- lejos de Madrid. 

Era una mujer alta, morena, ancha de pecho y caderas, y muy estrecha de cintura. Su constitución era igual que la de mi madre, solo que distribuida al revés. 

En el pueblo se armó un buen revuelo el primer día que llegamos. Los vecinos se posicionaron al otro lado de la calle en lo que bajábamos el equipaje. Cuando terminamos de vaciar el maletero, mi padre se acercó a saludar como Dios manda. Desde donde estaba escuché los comentarios de los hombres.
-¡Menuda jaca te has echado, Madaleno!
Mi padre se llama Jesús, como yo, solo que aquí nos llaman por el apodo paterno. Somos los Madalenos.
Otros muchos cumplidos dijeron de la novia de mi padre, pero eran solo opiniones de viejos.

La cosa cambió cuando mis amigos, casi todos veraneantes también, empezaron a decir los mismos disparates. Me preguntaban que si la había visto desnuda, o en bragas..., pero lo peor fue cuando quisieron entrar al patio para ver si en la cuerda de la ropa había algún sujetador tendido. Me enfadé tanto con ellos, que me marché solo a dar un paseo.


El cementerio estaba como a dos kilómetros del pueblo. Se me ocurrió entrar y rezar un Padrenuestro a mis abuelos, total, no tenía nada que hacer...


De pie ante su tumba, oré mecánicamente. Cuando hube terminado, miré alrededor distraído, hasta que vi a una mujer de largos cabellos rubios bailando entre las tumbas. Levantaba los brazos como si quisiera tomar el sol entre sus manos y acercarlo a la tierra. Su vestido flotaba a su alrededor como si el viento lo soplase desde abajo. El juego de sus manos era rápido, pero resultaba hermoso ver los bucles que dibujaba en el aire con los dedos. Pasados unos minutos, la muchacha se detuvo frente a mí y me miró tranquilamente. Levantó una mano, me saludó, se dio media vuelta y se perdió entre las lápidas de piedra.  

No tardé mucho en hacer las paces con mis amigos; aquella misma noche salimos a jugar a las cartas al bar de la piscina municipal. Entre partida y partida, les conté lo que había visto en el camposanto. Todos coincidieron en lo mismo: se trataba de Marina. Coincidían en que la muchacha estaba como un cencerro, incluso había quien decía que era medio bruja. Nadie la quería al lado, aunque se le permitía velar a los muertos porque al parecer, en su presencia, les volvía el color a la cara. Los que éramos de Madrid nos reímos de aquella aseveración ridícula.

Empecé a visitar el cementerio a diario para encontrarme con ella. Pero no lo conseguí hasta el séptimo día. Esa noche había decidido quedarme un poco más, pues había luna llena y se veía bien.
                                                    
Cementerio angular

Serían más de las once de la noche cuando escuché el chirrido de la cancela. Ya está aquí, pensé.
Escondido detrás de un ángel grandote, observé cómo dos figuras agarradas de la mano se acercaban por el pasillo bordeado de cipreses. Como ya he dicho, los rayos de la luna caían sobre las tumbas como si fuesen los de un sol velado. Como a unos siete metros de donde me hallaba, se detuvieron en un espacio despejado, pues justo ahí confluían los dos senderos que dividían, como si formasen una cruz templaria gigante, el cementerio en cuatro partes.

A Marina ya la había reconocido, pero a la otra mujer no. Hasta que se quitó el pañuelo de la cabeza y una chaqueta gruesa y larga. Era La Pelandusca. 
Observé cómo trazaban unos dibujos en el suelo con unos palos, después, se colocaron una frente a la otra y se desnudaron. Aquella visión era fascinante. Las mujeres no podían ser más distintas, diría que opuestas, eso sí, muy bellas las dos; aunque yo prefiriese a Marina.

Cada una con las manos apoyadas en los hombros de la otra, empezaron a mecerse suavemente. Movían sus caderas, como si estuviesen ejecutando una danza oriental, a la vez que echaban la cabeza hacia atrás, curvaban sus cinturas separando los torsos y conectando los pubis; sus cuerpos unidos imitaban la forma de una copa. 

Acompañaban sus movimientos con un cántico extraño que adormecía algunos sentidos y despertaba otros. Me hubiese gustado estar en le medio de las dos mientras ellas continuaban con el meneo. Una me rozaría por delante y la otra por detrás, mientras, yo acariciaría los pechitos de Marina a la vez que sentiría en la espalda la blanda presión de los de La Pelandusca... 

Estaba tan excitado que me bajé la cremallera del pantalón y empecé a acariciar a Excalibor, que más que de acero parecía de vidriagón. Fantaseé con echarle morro y salir al claro para unirme a la fiesta, pero no pasé de ahí. No me atrevía.
Continué mirando sin perderme detalle mientras manipulaba arriba y abajo, intentando acompasar mi ritmo al de las caderas ondulantes de las mujeres, hasta que noté que la tierra a mi alrededor temblaba un poco.
¡La hostia, un terremoto!
Pero enseguida pasó. Por un momento, había soltado mi pene, para agarrarme al ángel que me ocultaba, y perdido de vista a las dos mujeres. Cuando volví a mirar en su dirección, me quedé tan de piedra como la estatua que tenía ante mí. Las mujeres estaban separadas, y en el centro del círculo que habían dibujado se había abierto un agujero del que salía una luz azulada y mucho humo, o niebla, o bruma..., o lo que fuese aquello. De haber podido, hubiese salido de allí pitando, pero para eso, o bien tendría que saltar la tapia, que era demasiado alta, o pasar cerca de esas dos brujas, pues a aquellas alturas ya había comprendido que lo eran.

A pesar del miedo, la curiosidad me pudo. La bruma se disipó un poco y, juro que es cierto lo que cuento, del agujero empezaron a emerger unos cuernos larguísimos. Al principio no sabía lo que eran, pero cuando vi aparecer aquella cabezota horrorosa de ojos brillantes, lo tuve claro: era el mismísimo demonio que salía del averno, porque esas dos tipas le habían invocado, en una especie de plataforma como la que utilizan los Boys en las discotecas. Cubierto solo con una piel de oveja alrededor de la cadera, mostraba un cuerpo velludo, sobre todo en las piernas que acababan en una pezuña de gran tamaño

He de decir que el diablo era feo de cojones, sin embargo, tanto Marina como La Pelandusca estaban de rodillas como reverenciando a la aparición.

El bicho se acercó primero a La Pelandusca.
-Dime, mujer, ¿por qué me has llamado?
La voz, un poco metálica, tenía eco y vibraba dentro de mi pecho; al escucharla se me puso la piel de gallina.
-¡Mi adorado señor, os traigo una ofrenda: una virgen!
Lucifer, o como quiera que se llamase el engendro, miró en dirección a Marina, que seguía con los ojos fijos en el suelo, y empezó a caminar en su dirección. Con cada paso, la tierra temblaba y yo pegaba un bote.
Se detuvo frente a ella y le levantó la barbilla para que le mirase, o para verla la cara, no sé.
-Me place este presente. Serás recompensada.
Y tras decir esto, agarró de la cintura a Marina y la elevó hasta colocarla a su altura. De entre las piernas del monstruo salio un falo inmenso, cuya punta era la reproducción en pequeño de su rostro. La cara, del tamaño de mi puño cerrado, tenía los ojos cerrados, pero la boca abierta, y de ella salía una lengua extraña que parecía gelatinosa.  
Marina, suspendida en el aire, colocó las piernas alrededor de la cintura del diablo..., al parecer estaba más que dispuesta. Lentamente la fue dejando caer sobre su miembro, que iba desapareciendo en aquel cuerpo menudo con una facilidad pasmosa. Imaginé la boca de la carita de aquel pene gigante dando mordiscos por dentro de la vagina de Marina y me estremecí.

Cuando la chica, gimiendo, empezó a abrazar y lamer la cara del diablo, me di cuenta de que estaba equivocado en mis conclusiones, al parecer, en vez de dolor, sentía un gran placer.
El demonio, a pesar de que la estaba sujetando por la cintura, se mantenía pasivo. Era ella quien brincaba en su regazo ensartada en aquel manubrio.

La Pelandusca, acuclillada a un lado, no perdía detalle. Tenía la mano izquierda desaparecida entre sus piernas como si su sexo se la hubiese zampado, mientras con la derecha se apretujaba los pechos. 
A pesar del miedo que sentía, o tal vez por eso, no lo sé, volví a empalmarme. Con decisión, empecé a masturbarme imaginando que en vez de escondido tras la estatua estaba junto a La Pelandusca, de rodillas detrás ella y agarrándole de las tetas mientras veía lo que ocurría a dos palmos de mis narices. 
Cerré los ojos dos segundos, nada más, cuando el placer me partió por la mitad como si me hubiese caído un rayo encima. Creí que iba a morir a consecuencia de vaciarme por dentro, pues el orgasmo casi me hizo perder el conocimiento.

Cuando me recuperé de la conmoción, el agujero se había cerrado, el diablo había desaparecido, y Marina caminaba hacia mí. Por un instante, la noche se oscureció un poco. Miré al cielo. Recortada contra la luna se veía la silueta de una mujer de pelo largo que montaba una escoba. 

                                                    
Aquelarre


¿Qué crees que le pasó a Jesús a continuación?

  



18 comentarios:

  1. Buenas tardes.
    Pues no sé que responder, nos lo podías haber contado tu araña.
    Ha sido una sorpresa lo de las dos cabezas de demonio, muy buena idea.
    Me he divertido mucho leyendo esta historia. Estoy deseando de que llegue el próximo martes.
    Un saludo.

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    1. Hola, Capricornio.
      No, no, no, el lector tiene que completar la historia, así habrá muchos finales... felices, supongo. Hay que trabajar la imaginación, amigo Capricornio.
      Me alegra que te hayas fijado en el detalle de las dos cabezas, creo que ayuda a caracterizar al diablo haciendo que se diferencie de otros de su misma especie, porque cuernos y pezuñas ya sabemos que tienen todos.
      Nos vemos el próximo martes. ¡Auuuuuuuhhhh!
      Un saludo.

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  2. Buenas tardes no sé lo que le Masó a Jesús pero supongo que los aluzinojenos son malos jjjj
    Con que cara mirari a la madrastra bueno mejor dicho la pelandrusca mas apropiado
    Vamos una paja mental un abrazo arañita

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    1. Buenas tardes, Set.
      Alucinando sí estaba el pobre, ¿y quién no en su lugar? Lo más chocante de todo es que se quedase quietecito..., era un poco temerario, la verdad. Aunque a veces el miedo paraliza, eso dicen, ¿no?
      Gracias por el comentario.
      Te espero el próximo martes.
      Un abrazo.

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  3. Pues yo creo que se había fumado unos cuantos porros, y como se encontraba ya en otra dimensión , se emparanoió con las dos mujeres que en ese momento estaban en su subconsciente.Oye....es otra posibilidad....Besos a todos!!

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    1. ¡Jajaja! Hola Casiopea.
      Bueno, esa podría ser la explicación de alguien con una mente lógica y analítica, que no cree en brujas, ni en diablos bien dotados... Sobre las brujas, ya sabes lo que dice el refrán: que haberlas, haylas ,-)
      Si fuese como dices: ¡menuda imaginación la del muchacho!, no se privó de ningún elemento "decorativo".
      Gracias por comentar. Te espero el próximo martes. Será interesante ver qué explicación sensata encuentras al fenómeno que se produce en la nueva historia.
      Un abrazo.

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  4. buenos días!
    Yo creo que Jesús sentía más placer que miedo y por eso se quedó hasta que terminó la fiesta. A la que va a tener miedo es a la pelandusca,no se si porque piense que es una bruja o porque pueda llegar a embrujarle con sus pechos,que al parecer le han gustado,por lo menos cuando imaginaba que les agarraba.
    Con respecto a Marina,lo mismo queda con ella todas las noches de luna llena en el cementerio para investigar,experimentar,convocar...quien sabe.
    Muy divertido el post,espero el del martes que viene.
    Un saludo

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    1. Hola, Dama.
      Sí, Jesús era más bien un tipo audaz. En vez de salir zumbando cuando la tierra empezó a moverse, se quedó quieto; menos más que soltó... lo que tenía entre las manos para agarrarse al ángel.
      Le gusta la Pelandrusca, ya lo creo; aunque lo que de verdad "le pone" son los contrastes: las dos mujeres no pueden se más distintas físicamente.
      Seguramente vuelva a encontrarse con Marina, más que nada porque, como bien dices, los dos han demostrado que les gustan mucho los cementerios..., e investigar, experimentar, convocar...
      Te doy cita para el próximo martes, día 25 de octubre. Trae bozal, por si acaso lo necesitamos.
      Un abrazo.

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    2. Nose que decirte,no quiero otro objeto perdido...que dejé la escoba en la puerta del cementerio y cuando salí,¡había desaparecido!Lo mismo me paso por la casa de la pelandrusca a ver si sabe algo,jajaja.

      Me sigo partiendo de risa con el post.

      Buenas noches a todos

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    3. Yo te he avisado..., si no quieres llevar bozal, atente a las consecuencias. No quiero reclamaciones tipo: ¡Ay, es que el chucho me ha mordido!
      Tampoco me hago cargo de la escoba que has perdido. ¡A saber dónde aparcaste! ,-) ¡Jajajaja!

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  5. Araña, nos tenías que haber contado el final, para saber qué pasa con Jesús ¡siempre me dejas con las ganas!. Yo creo que Marina en cuanto ve a Jesús va a cepillarsele, ya que todavía tiene ganas de otro polvete.

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    1. ¡Leo, por Dios! ¡Me vas a escandalizar a la audiencia! Jejeje
      Te das cuenta de lo bien que has completado el relato; has elegido un final, el final que deseas... Vaya, vaya, muy bien. Más claro, agua.
      Gracias por el comentario.
      También tienes una cita el próximo martes, recuérdalo.
      Un abrazo.

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  6. Buenas tardes/noches!!!menudo relato dejas lugar a la imaginación sin duda y yo la tengo muy morbosa de vez en cuando,si yo siguiese la historia este chico sería feliz, se iba a montar un trío segurísimo ese cementerio iba a tener demasiada actividad.Espero el siguiente con ganas,un abrazo

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    1. Buenas tardes, Tere.
      Me falta una pieza para completar el trío. Posibilidades:
      -Jesús, Marina, La Pelandrusca.
      -Jesús, Marina, el diablo.
      ¿A cual de estas posibilidades te refieres?
      O sea, o bien se vuelve a abrir la plataforma y aparece el de los cuernos, o La Pelandrusca da media vuelta con la escoba.
      Me pregunto qué tendrás en mente...
      Gracias por aportar esta solución final. Te espero el martes.
      Un abrazo.

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    2. Pues yo creo que Jesús prefiere con Marina y la pelandrusca,el diablo ya para otro día.

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  7. Seguidamente Jesús despertó cuando un escozor inmenso le invadía desde el pene hasta la nuca. Al oír su grito desgarrador acudieron un medico y una enfermera y lo vieron en la camilla de urgencias con la cara desencajada por el terror mientras con las piernas abiertas era observado por su propio rostro en miniatura tatuado en su miembro.
    Mañana mismo pido el traslado, dijo la enfermera. Este puto pueblo nos va a volver locos a todos.

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    1. Ahora mismo tengo los ojos fuera de las órbitas. ¡Genial!, la solución del tatuaje en la punta del ...., me parece alucinante, jajajaj.
      Parece ser que en ese pueblo al que te refieres estaban todos un poco tocados, ¿no?, lo digo por la pobre enfermera, que hasta quiere pedir el traslado. Ahora soy yo la que siente curiosidad: ¿Qué más habrá tenido que presenciar para tomar esa decisión tan drástica?
      Gracias por aportar este final inesperado. ¿Te gustan los perros grandotes? Pásate por el pueblo el martes, día 18.

      Un abrazo.

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    2. ¡Perdón, en vez de por el pueblo, quería decir que te pasases por el blog!
      Continúo en schok.

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