15 de noviembre de 2016

María la Bienllevá. Parte V Ojos de Hielo.


                                                                           
La confesión


El tiempo corre rápido cuando María habla, y se enlentece cuando calla. Después de unos minutos en los que parece que esté dormida, abre los ojos. No quiero salir de esa habitación sin que me haya contado el resto de la historia, a pesar de lo cual, le pregunto si quiere continuar.

-María, tal vez se encuentre cansada, podemos aplazarlo para cuando regrese del puente y...
-No -responde segura- no quiero que te marches sin conocer el resto. ¿Cómo ibas a poder escribir mi historia sino?
Voy a intervenir de nuevo para decirle que tenemos tiempo, aunque yo misma dudo de que esto sea cierto, pero ella me interrumpe antes de que haya abierto la boca.
-¡No se hable más! No te preocupes tanto por mí. Estoy cansada, los viejos siempre lo estamos..., pero aunque así sea, tengo que terminar lo que he empezado, para poder descansar tranquila, en paz.
De nuevo sus palabras me suenan a despedida... Quiero y no quiero conocer el final de la historia, estoy hecha un lío, se me ocurre que podría pedirle que lo dejemos por hoy, sin embargo, cuando reanuda la narración, el embrujo de sus palabras me hace olvidar todo lo que me rodea. El escenario cambia a mí alrededor y acabo sentada en el sofá del ayer entre las dos mujeres, entre las dos rivales...
-Aquella noche, después de dar muchas vueltas al asunto, decidí que tenía que contar todo a Mirella, pero suavemente, me refiero a responder con la verdad a lo que me había preguntado, pero sin entrar en detalles.
Al día siguiente volvió a mi casa. Lo primero que hizo nada más abrir la puerta fue darme otras doscientas pesetas. Le dije que no me las había ganado, a lo cual ella me respondió brava.
« No te preocupes, lo harás. Yo soy la que pone el precio..., creo que perdonar me hace merecedora de ese derecho».
No quise discutir con ella de derechos, pues me sentía algo culpable. Una cosa es saber que muchos de los hombres con los que me acostaba eran casados, y otra bien distinta conocer a sus mujeres y saber cuántos hijos tenían.
A Mirella, los aires de grandeza, o el orgullo, o como lo quieras llamar, no se le habían ido del todo. Entró de nuevo como si la casa fuese suya y se sentó en el sofá, rígida y un poco en el borde. Mientras abría el bolso negro, pensé que para guardar los guantes de piel, me pidió que me sentase a su lado. 
Obedecí, ¡a ver si no qué iba a hacer!
En lugar de meter los guantes, sacó una fotografía. Me quedé tiesa..., supe que era Mirella por los ojos de hielo. Era una imagen hermosa, pero lo que más me chocó fue que estuviese desnuda...de perfil, enseñaba poco más que un hombro, pero estaba como su madre la parió. Solo se le veía de cintura para arriba, aun así me pareció una pose demasiado atrevida para la mujer que tenía delante. Y la expresión de su cara..., con labios rojos a juego con sus uñas... No, Rosa, nunca la hubiese reconocido si no hubiese sido por aquellos ojos fríos.
Ante esta revelación, se me ocurre pensar en lo frágiles que son los juicios que emitimos basándonos solo en apariencias. Al parecer, Mirella también tenía una historia. María se mira las manos, abre y cierra los dedos como si haciéndolo pudiese retener los recuerdos..., o tal vez dejarlos escapar. Se mueve inquieta, me pongo de pie y le ayudo a cambiar de postura en la cama. Está tan débil ya..., o eso me parece al palpar su cuerpo huesudo, porque en cuanto empieza a hablar de nuevo, lo hace con energía.
-Lo que me reveló esa noche me decidió a contarle al detalle lo que ella ignoraba sobre los gustos de su esposo.
Le devolví la foto, la miró unos segundos y después dijo algo que me dejó helada:
«Poco después de nacer nuestro hijo mayor, quise hacerle unas fotografías... Nunca hubiese pensado que aquello pudiese ocurrirme a mí, ¡nunca!, sin embargo, me enamoré del hombre que estaba detrás de la cámara. Fui infiel a mi esposo...».
Debo de poner cara de asombro, porque María ríe al mirarme.
-Sí, hija, sí, ya ves, muy cristiana, muy madre de sus hijos, muy señora..., pero mujer e hija de Eva a fin de cuentas. Lo suyo duró poco, porque a ella le pudo la responsabilidad. Se quedó preñada de su segundo hijo... Me dijo que estaba segura de que era de su marido porque el chico se parecía mucho a él, pero que hasta que la criatura salió, tuvo sus dudas. 
Aquel secreto nos acercó, nos unió, ya no compartíamos solo un hombre, ¿no sé si entiendes lo que quiero decir? -pregunta María.
-Sí, claro que lo comprendo -respondo afirmando con la cabeza-, se puso en tus manos para demostrarte que podías confiar en ella. ¡Menudo giro dio la situación!
-Así es. Enseguida retomamos el asunto de la jodienda, perdón, del sexo. No sabía por dónde empezar, así que me puse de pie, fui al dormitorio y saqué los trastos...
-¿A qué trastos te refieres exactamente? 
-¡Pues a qué va  a ser!, hija, por Dios, la herramienta de trabajo.
No puedo evitarlo, me da la risa. María me acompaña con carcajadas que suenan como el golpeteo de una cascada en la piedra.
-Las putas también tenemos nuestras herramientas. Muchos juguetitos..., algunos traídos de muy lejos, como el hilo filipino que se ata a los hombres por encima de las bolas, en la base del pene... Perdona, me estoy liando, a lo que vamos, que pronto vendrán a trae la comida...
Miro el reloj, son las doce y diez de la mañana, el tiempo transcurre demasiado deprisa ahora. Las nubes no se detienen y las sombras avanzan detrás del sol. Contengo las ganas de preguntar para qué sirve el hilo ese que ha mentado, y escucho atenta.
-Fui al grano, y solo saqué las cositas que le gustaban a su marido. El arnés con la polla de plástico, un juego de consoladores pequeños que él llamaba las pichinas, y ropa que le gustaba que me pusiese antes de..., ya sabes..., para recibirle y esas cosas, vaya.

La querida


Mirella era muy blanca de piel, pero cuando vio aquellos objetos, su cara se coloreó como si debajo de ella se hubiese encendido la luz roja de un semáforo. Con la boca apretada, tomaba el aire por la nariz con fuerza. Me dio miedo su posible reacción. 
Piel de nácar
                                                                               

 De nuevo, María calla, quizá pretenda que mi deseo por saber qué ocurrió a continuación crezca a medida que transcurren, silenciosos, los minutos. Sonríe, seguramente para quitar gravedad a mi expresión. No puedo resistirme y la imito. Empieza a hablar y yo de nuevo contengo la respiración.

«¿Para qué sirve esto? -preguntó Mirella agarrando el arnés como si le diese asco- ¿Para atarle?»
-No..., esto me lo pongo yo...
«¿Dónde? ¿Te ata él a ti?»
-No, me lo ciño a las caderas.
«No entiendo lo que quieres decir... ¿Para qué?»
 Noté que Mirella se estaba impacientando. Sus ojos se habían oscurecido, en vez de hielo, ahora parecían de plata vieja. Como si un resorte hubiese saltado dentro de mi cabeza, recordé que la mujer que tenía ante mí había engañado a su marido, y posado desnuda, y vete tú a saber qué más... Me puse de pie... Ella me miraba fijamente...
Me coloqué el arnés primero, y después, por la arandela grande que quedaba a la altura de mi sexo, remetí el consolador. Mirella continuaba sin quitarme la vista de encima; aquella mirada suya..., me daba miedo.
«Acércate, me pidió».
Volví a obedecer y me coloqué frente a ella. La situación me trajo el recuerdo de uno de los juegos de su esposo, mi amante... Muchas veces había estado en esa posición, solo que en vez de Mirella, era él quien ocupaba su mismo lugar en el sofá. Le gustaba lamer el consolador cuando yo lo llevaba puesto mientras me acariciaba la entrepierna. Tiraba de la cinta del arnés que cruzaba entre mis piernas, haciendo que se me ciñese a lo largo de toda la ..., la..., la raja, para que me entiendas.
Era solo un recuerdo, porque quien estaba ante mí era Mirella, y estaba segura que eso, a ella, ni se le hubiese pasado por la cabeza..., por eso, cuando acercó su mano y agarró el aparato, di un paso hacia atrás. 
«Acércate -Volvió a exigir-. ¿Mi marido lo tocaba cuando lo tenías puesto?» 
-Se lo metía en la boca -respondí rápida.
Creí que al decirle eso... se escandalizaría, soltaría el consolador y recuperaría la cordura que parecía haber perdido en los últimos minutos... ¡Pues ni por esas, oye! 
Mirella acercó sus labios a la punta del pene de plástico, que sobresalía de mi pubis como si naciese en él. Creí que iba a marearme... Algunas de mis compañeras de profesión contaban que habían hecho ciertas cositas con mujeres..., e incluso entre ellas mismas..., algunas veces por dinero, porque había hombres que pagaban bien por ver esas cosas.
 Ya, ya sé que ahora eso no escandaliza a nadie -reflexiona María, tal vez porque cree que estoy emitiendo algún juicio mental al respecto-, pero entonces era algo prohibido..., bueno, prohibido, prohibido, no, más bien algo de lo que no convenía hablar fuera de ciertos lugares. Yo nunca quise hacerlo... ¿Sabes?, tiempo después saqué la conclusión de que a veces renunciamos a algo por miedo...
-No te entiendo -digo intrigada y algo desazonada por lo que intuyo me pueda revelar. Tiemblo un poco.
-Muy sencillo, niña. Tan fácil como decir que renunciamos por temor a que algo nos guste... demasiado.
-¿Te refieres a que la intuición te aconsejó no tomar parte en esas..., esas..., no sé cómo llamarlo?
-Fiestas de castañuelas.
-¿Cómo? -pregunto porque creo que he escuchado mal.
-Lo que has oído: fiestas de castañuelas..., así llamábamos a las jodiendas entre mujeres, participasen hombres o no. No me digas que una mujer como tú, que escribe sobre estas cosas, no entiende la comparación...
Me hace gracia lo de las castañuelas para referirse al sexo femenino y río con ganas, hasta se me saltan las lágrimas. María parece complacida por esta expresión mía tan espontánea.
-Vamos a lo que vamos -pide María-, que el tiempo vuela. Mientras veía la punta de la lengua paseando por el consolador, empecé a sentir ganas de orinar..., o eso me dije porque no quería reconocer la verdad...
-¿Te estabas excitando? -Mi pregunta está cargada de sorpresa.
-Eso es. Por eso me retiré y me saqué el arnés... Creí que ahí acabaría todo..., pues no, nada de eso.
«Quiero ponérmelo yo, dijo Mirella, otra vez sus palabras sonaban a órdenes. Enséñame cómo».
Creí que iba a hacer lo mismo que yo, probárselo encima de la ropa, pues no, ojos de hielo, que por su brillo en ese momento parecían diamantes, empezó a desnudarse.
Me fijé en la lencería que llevaba, era la que correspondía a una mujer que le gusta ir tapadita y discreta, muy distinta a la que yo utilizaba.
                                                                       
Rojo sobre negro

Tal vez por eso era más chocante aún lo que estaba ocurriendo. Le dije que no hacía falta que se quitase las bragas... Sin dejar de mirarme, se las bajó...cuando estuvieron en el suelo, las dio un puntapié y las arrojó a mi lado. 
«Ayúdame» -pidió.
 No pude hacer otra cosa..., o no quise, o yo qué sé. Te juro que lo que ocurrió a continuación no se repitió..., ni ella ni yo volvimos a hablar de ello jamás.
Un toque suave en la puerta me saca de repente de la historia, me molesta la interrupción, a pesar de lo cual, cuando una de mis compañeras abre la puerta con la bandeja de comida, sonrío y me pongo de pie para ayudarla. Cuando nos volvemos a quedar solas, María me pide que no me vaya porque quiere acabar de contarme lo que queda de la historia. Le digo que sí, pero que primero tiene que comer y después descansar un rato. Se inquieta, me dice que no quiere dormirse de nuevo sin haber terminado. Le vuelvo a asegurar que hay tiempo. Las palabras que dice a continuación me producen dolor de estómago.
-No quiero dormir esta tarde, tengo que acabar... Cada vez me cuesta más volver a abrir los ojos para ver pasar un día más... A veces sueño que se me da la oportunidad de elegir, solo tengo que dejarme llevar, estoy en paz y quiero quedarme... Hasta ahora siempre he regresado, porque en el último momento me he arrepentido, pero no sé si la próxima vez que cierre los ojos encontraré algún motivo para volverlos a abrir. No, Rosa, hoy no voy a dormir la siesta. 
Tengo un nudo en la garganta. No puedo tragar la saliva, ni contener las lágrimas que se acumulan en mis ojos. Con un hilo de voz, le digo a María que voy a comer algo a la cafetería y que regresaré enseguida. Antes de salir, poso la mirada sobre la única rosa blanca que contiene el bouquet, un pétalo se desprende y cae sobre la encimera de la mesilla.
                                                   
                                                    
Pétalo de terciopelo
Fuente:Pixabay


¿Te gustaría tener la historia de María completa?








  







19 comentarios:

  1. Buenos días araña,
    Claro que me gustaría tener la historia de María completa,es un personaje al que he cogido cariño,como si estuviese yo en vez de Rosa en la habitación con ella.
    Siempre nos dejas en el mejor momento del relato,espero que no nos hagas esperar mucho para el final.
    Vaya,vaya con ojos de hielo...al final casi nadie es lo que parece,y Mirella ha resultado ser una caja de sorpresas.
    Por cierto,que gracioso y apropiado el nombre que le dan al sexo entre dos mujeres "juego de castañuelas",me parece muy original.
    Bueno,creo que no me dejo nada,que los post de María siempre me dan mucho juego para comentar,y sobre todo muchas dudas que espero que se resuelvan en el desenlace que tanto espero.
    Q tengas un feliz día.
    Un beso

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    1. Buenas tardes, Dama.
      La intensidad del momento requería un receso..., Jajajaj.
      Pues sí, en la mayoría de los casos solo conocemos a las personas con las que convivimos en facetas aisladas, las que quieran, o queramos, mostrar abiertamente. Mirella ha sido un enigma hasta hoy, parecía una mujer contenida, casi un estereotipo, pero hoy nos ha sorprendido.
      Ya queda poco. El final se acerca..., el tiempo de María se acaba. Aunque recuerda que aún tenemos pendiente el secreto de la rosa blanca.
      Gracias por el comentario.
      Un beso.

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  2. Otra vez lo has vuelto a hacer!!! Joooo...quiero saber ya el final de la historia!!! Si fuera una novela ya me la habría leído de un golpe!!! En esta historia como en Uñas de Gata en el que hay un fragmento que dice algo asi como ..《las personas tenemos muchas caras... 》 y muchas veces nada es lo que parece.....En fín creo que cuando la completes la descargaré para leérmela de una sentada aunque ya conozca la historia...

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    1. Buenas tardes, Casiopea.
      Ya llegamos, de verdad. No me negarás que estabas conteniendo un poco la respiración con esas dos haciendo "fiesta de castañuelas", si hasta yo he dejado de hacerlo mientras escribía, jajajaj.
      Efectivamente, Rosa tiene muy clara la afirmación que haces, la autora también. Qué de tiempo nos lleva conocernos, y tal vez nunca lo consigamos del todo.
      Pienso reunir todos los capítulos con una cubierta chula para que podáis leer la historia de un tirón. Me apetece que María continúe circulando por ahí, porque me he encantado este personaje y porque tiene muchos seguidores que lo merecen.
      Gracias por comentar.
      Un beso.

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  3. Por cierto: ¿sabe alguien qué es el "hilo filipino"?
    Si la respuesta es negativa, hacemos un post especial de técnicas sexuales "poco comunes", por llamarlas de alguna manera.

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  4. Qué interesante, eso de las castañuelas es completamente nuevo para mí voy a cabilar un poquito a ver cómo lo puedo aplicar con mi chico.

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    1. Buenos días, Anónimo.
      Cuenta el resultado si lo consigues, y ya sabes: ¡la imaginación al poder!

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  5. Buenas tardes arañita la verdad es que la historia de Maria nos tiene enganchados por un lado quiero saber el final pero por otro no me da que se derramara más de una lágrima.
    Si yo también tendré que leerla de un tirón aunque sepa el final.
    Un saludo y un tirón de orejas sabes dejarnos con la miel en los labios bss.

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    1. Buenos días, Set.
      No, de lágrimas nada, aunque sea una despedida no vamos a caer en dramatismos. Espero que quede una sensación entre dulce y amarga en el lector.
      Me aplico el tirón d orejas.
      Y me alegra que estés pendiente de María.
      Un abrazo y gracias por comentar.

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  6. Hola de nuevo sólo quería comentar que la técnica del hilo también se llama carrete filipino , creo que una famosa que anunciaba porcelana y bombones la conocía o eso decían las malas lenguas

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    1. ¡Hoooola, de nuevo!
      Genial, eso es, se le llama de las dos maneras. Lo que desconocía era lo dicen las malas lenguas ,-)
      Personalmente me parece una técnica un poco arriesgada, me recuerda un poco a las gomitas que se ponían hace años a los perros, y otros animales, en el rabo cuando eran cachorros, para que se interrumpiese la circulación sanguínea y se secasen; vamos una especie de estrangulamiento, ¡arggg!
      Gracias por el comentario.
      Un beso.

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  7. X que nos haces esto!!!!!estaba ya nerviosita sin poder apartar los ojos del móvil deseando saber que pasaba entre las dos mujeres y vas y cortas me has matado...me encantaría ver la historia completa de María pero x favor no nos hagas esperar mucho para leer como sigue esta historia que cada vez me sorprende más.Un beso

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    1. Buenos días, Tere.
      Me parece estupendo que te hayas metido tanto en la historia, señal de que algo estaré haciendo bien.
      No creo que tarde mucho en acabar la historia de María, porque otros personajes-pacientes del hospital están esperando para contar la suya.
      Gracias por comentar.
      Un beso.

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  8. Buenas tardes Araña Rosa:
    Por supuesto que me gustaría tener la historia completa, es una historia que engancha y estoy deseando saber el final, unas veces pienso que María tuvo que tener una vida difícil y otras por el contrario pienso que al final llegaron a un acuerdo con la familia de su amante aunque es difícil aceptar que tu marido tiene una amante, bueno no me voy a devanar la sesera eso te lo dejo a ti que lo haces muy bien.
    Hasta pronto.

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  9. Hola, Taconcitos.
    La historia ya está más o menos decidida. La suerte está echada, como suele decirse.
    Ha sido un verdadero placer escribir esta historia tan humana, he disfrutado mucho imaginando cada punto de giro.
    Me alegra saber que te ha enganchado y que la has seguido fielmente.
    Creo que el desenlace que tengo pensado os va a gustar mucho, espero vuestro veredicto final.
    La actitud de María es un poco engañosa, por un lado afirma que ha vivido bien, y por otro cuenta cómo ha sido esa vida, y desde luego a mí no me parece que haya tenido una vida fácil.
    Gracias por comentar. Continúo devanándome la sesera.
    Un abrazo.

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  10. Buenas tardes a todos.
    Yo también me apunto a la colección completa.
    Veo que me amargas el final porque María se muere.
    He indagado sobre el hilo filipino, y desde luego a mí eso no me lo ponen, prefiero perderme ese gustillo.
    Un saludo.

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    1. Hola, Capricornio.
      No creo que vayas a sufrir demasiado, al menos no es lo que pretendo..., ya veremos.
      Me parece bien que tengas tanto aprecio a tus "valores", de todas las formas he de decirte que hay personas muy experimentadas que controlan a la perfección hasta dónde pueden llegar. Querido Capricornio, estamos hablando de un hilo, no de una guillotina ,-)
      Gracias por participar con una opinión tan sincera.
      Un abrazo.

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  11. Tengo unas ganas locas de conocer el final de la historia. Seguro que Maria y ojos de hielo se lían, y después a ese dúo se unirá el marido y harán un trío. ¡¡¡¡Ya estoy impaciente por leer el desenlace!!!!. Muy buen post araña.

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  12. Buenos días, Leo.
    ¡Menuda mente compleja la tuya!
    Tienes que entender que hay secretos que deben quedar entre las dos mujeres...
    Liarse..., pues sí, se lían.
    Falta poco para el final.
    Un abrazo y feliz Navidad.

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