20 de diciembre de 2016

El triángulo mágico

                                                                       
El lazo tobillero
Fuente Pixabay

La gota negra se desprende del pincel y cae sobre la uña del dedo gordo de mi pie derecho. Rebeca, mi futura cuñada, coge un trocito de algodón y lo embebe en acetona. Despacio, lo acerca y retira el círculo oscuro que ha formado la laca. 


-No pasa nada, Marina, ya está -dice mientras vuelve a tomar el pincel con decisión.
Concentrada, y con la respiración un poco agitada, acaba de pintarme las uñas de los pies. El color negro brillante que ha elegido contrasta vivamente con mi piel blanca. 
-Tienes unos pies preciosos, ¿sabes? -dice a la vez que señala la depresión que forman en su nacimiento los dos primeros dedos -. Esta parte me recuerda a un pubis femenino depilado..., ¿a ti no? Es un triángulo mágico, muy sensitivo...
Formula la pregunta y, mientras me mira a los ojos sin esperar respuesta, eleva mi pie hasta su boca y sopla como si quisiera acelerar el secado del esmalte. Sus labios están muy cerca de mis dedos. Noto el calor de su aliento que se cuela entre ellos. Rebeca continúa exhalando sin quitarme la vista de encima. Hasta que se detiene para descalzarse. Sus pies, al contrario que los míos, son morenos; sus uñas visten de rojo oscuro. 

Rebeca sigue con la maniobra..., ahora ha empezado a acariciar la base abultada de la planta, donde los dedos se unen al tronco del pie. Yo me dejo hacer, mientras estudio los suyos y me pregunto si se los habrá lavado desde la noche anterior. 

Dieciséis horas antes...

Llevaba pensando en el día de Nochebuena desde que un mes antes, Jacobo, mi novio, me había pedido que le acompañase a su casa. Quería presentarme a sus padres y hermana. Me ilusionaba que quisiese dar ese paso, pues eso significaba un compromiso mayor aún.

Llegamos a El Espinar la mañana del día del sorteo de la lotería. El volumen de la televisión estaba alto y el soniquete de los bombos, y de los niños cantando los números, se escuchaba por toda la casa. Me recibieron, como suele decirse, con los brazos abiertos. Con Rebeca, la sintonía fue inmediata. A la hora de comer ya nos habíamos puesto al día de casi toda nuestra vida.


Nieve tras los cristales
                                                   
La tarde siguiente, mientras mis futuros suegros preparaban la cena para quince personas, ya que vendrían unos tíos y primos de mi novio, Rebeca y yo nos dedicamos a ponernos guapas.

Más por complacer a mi futura cuñada que por otra cosa, me dejé aconsejar sobre qué ponerme. El vestido negro que había traído para la ocasión le pareció bien, pero no los zapatos...

Rebeca y yo teníamos el mismo número de pie, circunstancia que aprovechó para hacerme probar un montón de pares de zapatos, entre ellos unas sandalias rojas con un tacón de diez centímetros. Cuando me vio con ellas empezó a aplaudir con entusiasmo..., en un principio me negué, pero al ver la ilusión que le hacía, no quise contrariarla.
Ella quiso que entre nosotras hubiese mucho contraste, y optó por un micro vestido de raso del color del marfil antiguo y sandalias de un tono parecido.


Piel marfileña
                                                    
El revuelo que se formó a las nueve de la noche fue fabuloso. Estaba encantada con las muestras de simpatía hacia mí, me sentía en una nube, flotando de felicidad.

Todos elogiaron el estilismo que había elegido. Jacobo tuvo que tragar saliva cuando me vio aparecer con el vestido que se ceñía a mi cuerpo resaltando los «rinconcitos jugosos», como el llamaba a mi relieve, que yo consideraba demasiado femenino, y subida en esos andamios que producían la sensación de que mis piernas no acababan nunca.

Para sentarnos a la mesa, Rita, mi suegra, había colocado unos papelitos con los nombres de los comensales según la distribución que había planeado al detalle. A Rebeca y a mí nos había puesto separadas, cuando nos dimos cuenta de este detalle, disimuladamente, mi cuñada cambió el orden y se adjudicó el plato frente al mío.
Juegos de mesa
                                                    
Los entrantes, acompañados de buenos vinos y de mejor ambiente familiar, atemperaron mis nervios iniciales y me relajé dispuesta a disfrutar de la noche. Jacobo continuaba mirandome, sentado al lado de su hermana y frente a una de sus primas, sonreía mucho y hablaba poco. Intuía que estaba deseando pasar unos minutos a solas conmigo. Estaba valorando la posibilidad de una escapadita para «un aquí te pillo, aquí te mato», así llamábamos a esos desfogues repentinos y apurados de tiempo. No llevaba encima más que el vestido, la braga de encaje y las sandalias; al elegir este calzado, no me había puesto medias..., en fin, que no había elementos arquitectónicos de ropas farragosas que salvar. El vino siempre me ha alterado un poco los sentidos..., de verdad estaba empezando a apetecerme mucho esa huida desesperada.

Trataba de encontrar alguna excusa para levantarme de la mesa y hacer que mi novio me acompañase, no serviría cualquier cosa, tendría que ser algo creíble. 
Mi suegra y las tías estaban en la cocina, ocupadas con el siguiente plato: el pavo. Tal vez si dijese que iba a echar una manita, Jacobo entendería mis verdaderas intenciones y... Claro, que eso era mucho suponer... Estaba elucubrando, perdida en mis pensamientos, trazando un plan sensato, cuando...

Note un roce en el tobillo, supuse que alguien, posiblemente Rebeca, había estirado las piernas y me había dado una patadita sin querer. Sin embargo, el contacto no se interrumpió inmediatamente, como sería lo lógico si hubiese sido un hecho accidental. El pie ajeno estaba descalzo y subía y bajaba a lo largo de mi pierna, desde el tobillo hasta el inició del muslo. Pensé en Jacobo, pero enseguida descarté la idea, era estratégicamente imposible. 


Mujer
                                                   
Rebeca charlaba con la prima Berta, así que tampoco... Estaba pensando en agacharme para comprobar qué estaba pasando por debajo de la mesa, cuando mi futura cuñada me miró fijamente y sonrío de medio lado. Sus labios se amohinaban un poco, como si estuviese concentrada en alguna tarea complicada. Con una mano se sujetaba al borde de la mesa como si estuviese haciendo equilibrio para no caerse de la silla. Cuando estuvo segura de que había captado el mensaje, continúo hablando con la prima Berta como si tal cosa.

Hubiese sido tan fácil como levantarme de la mesa... Sin embargo, no sé si por no contrariar a Rebeca, porque había bebido vino y me había desinhibido un poco, o porque estaba muy excitada, separé las rodillas... 

Rebeca me miró sorprendida y asintió levemente con la cabeza. 
Notaba el pie caliente, blando y muy hábil. La caricia superficial se fue volviendo más intensa. Tenía la impresión de que la planta de ese píe podía arquearse prodigiosamente, cuando quería su dueña, para abrazar y amasar mis músculos. Se entretuvo un rato rotando en mi rodilla. Los dedos eran pequeños masajistas que actuaban bajo las órdenes del mismo cerebro. Tomé la copa de vino que tenía delante y la bebí de un trago, poco a poco iba entrando en el juego que mi cuñada había iniciado. 

Disimuladamente, me escurrí un poco de la silla, para adelantar mi pelvis, metí la mano bajo la mesa y agarré el pie de Rebeca. Aprisionado el talón entre mis muslos, empecé a acariciar los dedos, uno a uno primero, y después recorriendo su base abultada en la planta. Ella se había servido más vino y agarraba la copa como si quisiera romperla. No dejaba de removerse en el siento. Sin duda aquel juego le gustaba. 

Como estaba de los más creativa, se me ocurrió dejar de acariciarle por un momento para provocar que me mirase, entonces, yo me llevé los dedos índice y medio a la boca y los lamí con la punta de la lengua. Excepto Rebeca, nadie se dio cuenta. De nuevo con mi mano bajo la mesa, y mis dedos húmedos, introduje el índice entre el dedo gordo y el siguiente; dentro, fuera, dentro. Mi cuñada echó la cabeza hacia atrás y gimió de forma audible. Jacobo y la prima callaron y la miraron preocupados.
-Rebe, ¿te ocurre algo? ¿Te encuentras mal? -preguntó preocupado mi novio.
- ¡Sí! Nooooooo. ¡Qué va! -contestó mi cuñada demasiado efusivamente-. Es el efecto vino, que me ha aturdido por un momentoooo.
Mi cuñada arrastraba las terminaciones de las palabras, y yo continuaba, con entusiasmo al ver su reacción, mi maniobra de «penetración interdedos».

La entrada en el comedor de mi suegra y tías con la bandeja del pavo, hizo que todos se pusieran de pie para aplaudir a las cocineras. Rebeca y yo, sentadas, nos perdimos en nuestro mundo, cobijadas por el anonimato que procuraban los vítores y aplausos a las mujeres. Nadie se fijaba en nosotras. Aprovechando la confusión, Rebeca articuló una frase, vocalizando despacio para que pudiese leer sus labios.
-Te vas a enterar.
Pero no retiró el pie del cobijo de mis muslos...


El mordisco
                                                
Jacobo continuaba mirándome. Es de esos hombres que sabe hacer que una mujer lea, en sus ojazos azul piscina, el deseo que le provoca. Estaba más pendiente de las tonterías de las miraditas, guiños, besitos..., cuando el pie de Rebeca cobró vida de nuevo. 

No conforme con mantenerlo en su lugar empezó a gatear por mis muslos hasta la entrepierna. Con el primer toque de sus dedos en mis bragas, estás se embebieron de mis jugos, mojándose. Lo noté por el chapoteo interno entre mis piernas. 

Rebeca se entretuvo un rato presionando con el dedo gordo, como clicando el botón del ratón del ordenador o llamando al timbre del ascensor, sobre mi zona más sensitiva, que, a la vez que iba creciendo, me producía descargas nerviosas muy placenteras que se dispersaban por todo el perineo.

El asado en mi plato debió quedarse frío. A mi alrededor, la familia alababa el buen hacer de la cocinera y ayudantes. Afortunadamente, excepto mi novio y su hermana, nadie prestaba atención a los botes que de vez en cuando y con disimulo pegaba en el asiento.

La situación, en lugar de ponerme nerviosa, me excitaba cada vez más. Y eso que Rebeca aún no había agotado su despliegue de habilidades...

Con una facilidad que me dejó perpleja, el dedo gordo de su pie se coló por un lateral de mi braga y se sumergió en la viscosidad de mis genitales. Fue entonces cuando Rebeca, escurriéndose de nuevo un poco en la silla, me penetró con el dedo gordo de su pie. Me abrí de piernas, me sujeté al borde de la silla, y me dejé llevar por las sensaciones vibrantes y eléctricas de un orgasmo diferente..., después solo recuerdo las miradas preocupadas de todos fijas sobre mí, y a mi novio levantándose solicito de la mesa para ayudarme...

Las palabras tranquilizadoras de mi suegro me llegaron lejanas.
-Pobrecilla, es la emoción de estar en familia, seguro...
-Pues a mí me ha parecido más una crisis epiléptica -escuché que decía uno de los tíos de Jacobo. 
-¿No será contagioso? -preguntaba una de las primas. 
Al otro lado de la mesa, Rebeca escondía la sonrisa tras una copa de champán.

Y ahora, mientras contemplo los pies de mi cuñada, me pregunto si se los habrá lavado o, por el contrario, aún conservarán mi olor.


Dedos mágicos
                                                  
Quiero agradecer a Corazón de Dragón (@corazondedrag) su inestimable colaboración en este post tan especial para mí. Me ha aportado una información muy valiosa sobre el significado del fetichismo de los pies, sin censuras y de forma abierta y clara.
¡Gracias!


¿Te gusta cuidarte los pies? 
¿Y que te den masajes en esta parte del cuerpo?






14 comentarios:

  1. Me encantan los masajes, pero todos todos y cuando digo todos en mis pies es todos desde los manuales hasta con lengua cómo los besos hay para todos los gustos. Al igual que otras partes del cuerpo de las cuales nos podamos sentir orgullosas los pies forman parte de ese mundo infinito que es el erotismo, esas sandalias rojas son una de las formas tal vez más reconocidas de proporcionar cierto placer más que nada visual, porque reconozcamos que físicamente son un castigo para nuestros pies, las uñas son otra historia..... preciosas, sólo de imaginarlas (voy corriendo a por el pintauñas) y cuando te las pintan con ese cuidado, en fin posibilidades infinitas para este post

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Anónimo.
      Lo describes muy bien. Me gusta cuando dices: "Los pies forman parte de ese mundo infinito que es el erotismo".
      Las sandalias rojas son fantásticas, claro que sí, son como un "envoltorio" para embellecer los pies de quien las lleva, pero para caminar, poco o nada.
      Las uñas..., voy a confesar que, inspirada por el post, he pedido a Papa Noel que me traiga un estuche de pedicura bien completo.
      Me alegra que te haya gustado este cuento tan especial para mí.
      Muchas gracias por este comentario tan sincero.
      Un abrazo y ¡feliz Navidad!

      Eliminar
  2. Me ha sorprendido mucho el post,esta genial yo desconocīa el tema del fetichismo de los pies,me ha resultado un post interesante y curioso,enhorabuena araña y corazón dr dragón.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas tardes, Lupita.
      Agradezco mucho tus palabras. Yo tampoco conocía demasiado sobre el fetichismo, a pesar de opinar que los pies cuidados son un placer para la vista, y que los zapatos son un complemento que puede ser de lo más sensual, con o sin tacón, pero sobre todo con él.
      Como ya he dicho anteriormente, me ha gustado escribir este cuento, lo cual quiere decir que repetiré.
      Gracias por el comentario.
      ¡Feliz Navidad!

      Eliminar
  3. Buenas noches!
    A mi me gusta cuidarme los pies,además,tengo un trabajo en el que se me ven todos los días,pero personalmente,es una parte del cuerpo que no me gusta que me toquen,solo me les puede tocar el podólogo o yo misma. Aunque,sabiendo todas las terminaciones nerviosas que puede haber en ellos y los sentidos y sensaciones que pueden despertar,a lo mejor me tengo que replantear cuando mi chico me dice que me quiere dar un masaje en ellos.
    Buen post araña,contigo siempre aprendemos algo.
    Un saludo y Feliz Navidad a todos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenos días, Dama.
      ¡Ese es el espíritu!: experimentar y descubrir aspectos nuevos de nuestra sexualidad.
      Hablar y leer a fetichistas de los pies, entender la sexualidad desde su perspectiva, ha sido muy enriquecedor, y me siento muy agradecida por haber tenido esa oportunidad.
      Sin lugar a dudas, habrá segunda parte.
      Que te guste cuidarte los pies, me parece estupendo.
      Gracias por comentar este post.
      Un abrazo.
      ¡Feliz Navidad!

      Eliminar
  4. Buenas noches a todos.
    Me gustan las personas que se cuidan los pies, pero no siento atracción sexual por ellos. Aunque reconozco que el post de esta semana es muy sensual y levanta pasiones... Enhorabuena,araña.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenos días, Capricornio.
      Los pies son una parte hermosa del cuerpo humano. Dentro de la diversidad humana (y sexual) está la opción de encontrar en los pies esa atracción que tú dices no sentir. Cada persona debe vivir la sexualidad según la sienta, sin forzar ni rechazar nada que el cuerpo le pida, eso sí, dentro del respeto a los demás.
      Gracias, me alegro de que te levante pasiones...
      Un abrazo y feliz Navidad.

      Eliminar
  5. Hola, creo que cuidarse lo pies es muy importante, ya sea por atracción sexual o no, unos pies bien cuidados son muy sensuales. Creo que los pies de una persona pueden decir mucho de ella. Un saludo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas tardes, Tus juguetes sexuales. Bienvenido a La Araña.
      No puedo estar más de acuerdo con la afirmación que haces. Unos pies cuidados sugieren que la persona se preocupa por su imagen, y no me refiero solo a la estética, sino también a la salud. Además, opino que un baño de pies, una pedicura, un masaje sin prisas, o cualquier otro cuidado en esta parte del cuerpo, es un auténtico deleite.
      Gracias por el comentario.
      ¡Feliz año!

      Eliminar

      Eliminar
  6. Menuda historía calentita para un día navideño con la familia de tu novio,precisamente yo no soy muy partidaria de que me toquen con los pies ni tocarlos yo(menos todavía)es la parte del cuerpo que menos me gusta pero al que le guste es otra forma de excitación.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas tardes, Tere.
      Claro que sí, en estas fechas nada mejor que una historia como esta para entrar en "calor". Todas las opciones son respetables: tanto si te gustan los pies como si no, cada cual elige sobre su sexualidad.
      Eso sí, has de tener en cuenta que es una zona muy sensitiva...
      ¡Un abrazo y feliz año nuevo!

      Eliminar
  7. Después de leer este relato, veo los pies de otra manera. Menudo entretenimiento tuvieron las cuñadas. ¿Qué pasó cuando terminaron de pintarse las uñas?,¿Habrá segunda parte?, Después del masaje en sus partes, ¿le olerá el ..... a queso?¡¡¡cuántas dudas!!!!. Buen post araña.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas tardes, Leo.
      Eso mismo me ha ocurrido a mí, que desde que he escrito este relato valoro aspectos nuevos, y posibilidades, sobre esta parte del cuerpo.
      Sí, habrá segunda parte, estoy en ello.
      A queso ¡noooooo!, en tal caso a marisco, jajajaj.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

      Eliminar