24 de enero de 2017

María La Bienllevá. Parte VI. Castañuelas


                                                                               
Femme


La cafetería del complejo siempre está llena de gente al mediodía. Casi todos son familiares de enfermos ingresados. Bajan para alimentarse con un plato del día que ha sido cocinado sin esmero, y que solo sirve para sobrevivir al encierro físico de permanecer en el hospital. 
Pido un sándwich vegetal y un café. El primero no me sabe a nada, apenas mastico y me lo trago sin más; actúo de forma automática, con la mente cuatro pisos por encima de donde me encuentro. El café está demasiado caliente. Lo bebo despacio. Agacho la cabeza sobre la taza. Me aíslo.

Miro el reloj de pulsera, el que mi marido me regaló el día que cumplimos diez años de casados y aún nos reíamos de aquellos que aseguraban que era el momento de la primera crisis matrimonial, como si fuese una teoría demostrada de que alrededor del décimo aniversario hubiese que pasar por una. 
Para mí, el tiempo transcurrió sereno, dulce como un sueño de invierno. Acabe olvidando los augurios. Luis y yo, juntos, éramos indestructibles... A pesar de que el pasado ya no me inquieta, la historia de María ha removido recuerdos.

Termino la bebida después de que se haya templado un poco. Pido una botella de agua fría y salgo dispuesta a terminar la entrevista de una vez por todas.

He tomado cariño a María. Me inquieta su estado, y aunque a lo largo de muchos años de profesión he aprendido a aceptar despedidas, una tiene su corazoncito. A veces resulta muy difícil decir adiós.

La puerta de la habitación está entornada. Abro despacio por si acaso está dormida. No he pisado la primera baldosa, cuando empieza a hablar.
-¡Pero, leches, hija, sí que has tardado poco! ¿Qué has comido?
Sonrío ante semejante pregunta que me recuerda a las que me hace mi madre.
-Un plato de lentejas y un filete -recito una mentira piadosa.
-Muy bien. Las lentejas son buenas para la sangre..., bueno, qué te voy a contar a ti que eres enfermera. Vamos, anda, que te veo un poco parada.
 Observo complacida que María se preocupa por mí. Creo que ella también me ha tomado afecto.
-Bueno, ¿dispuesta a acabar lo que aún tenemos pendiente?
-¡Pues claro! ¿Acaso lo dudas?
-¡Dios me libre! -exclamo levantando las manos- Empecemos. Soy toda oídos.
-Te estaba contando lo que pasó con Mirella... Esto es un poco dificilillo de explicar a una mujer como tú..., que no ha estado con ninguna... ¿o sí?
-No, María, nunca he tocado las castañuelas. 
María se troncha de la risa al escucharme, y yo la acompaño agradecida al ver que conserva intacto su sentido del humor.
-Voy al grano... Después de estar un rato con el arnés puesto, se lo quitó. A continuación me pidió que actuase como si, en vez de con ella, estuviese con su marido.
                                                                               
Siénteme

Me lo coloqué de nuevo. Al ajustarlo a mi pelvis, en la entrepierna noté una viscosidad que no era mía. Me acerqué a ella y, mientras con una mano sujetaba el consolador, coloqué la otra en su nuca y tiré hacia mí. No hicieron falta más explicaciones. Después de que chuperretease la punta del cacharro otra vez, preguntó:
«¿Y ahora, qué?»
-No sé qué quieres decir...
 «Que después de esto, ¿qué le hacías a mi marido? Tienes que hacerme exactamente lo mismo, María».
Me rilaban las piernas, pero continúe adelante con lo que esa diablesa proponía.  
-Tendrás que ponerte a cuatro patas -pronuncié con más seguridad de la que sentía.
«¿Así?» -preguntó colocándose con las rodillas clavadas en el asiento del sofá y el torso recostado en el respaldo.
-No. A él le gustaba en la cama.
«Vayamos entonces» -dijo poniéndose en pie y agarrándome la mano.
En el dormitorio, me miró como si no supiese qué hacer. No hizo falta que hablase, enseguida le indiqué cómo colocarse. 
-Aquí, al borde de los pies de la cama..., para que yo pueda maniobrar de pie. Ponte de rodillas.
«¿Abro las piernas?»
-No hace falta.
«¿No? ¿Seguro? ¿No entrará mejor si las abro? Un momento..., ¿por dónde me vas a meter esa cosa?»
Creí que ahí se le iban a acabar las ganas de querer saber y experimentar lo que le hacía a su marido, pero ni por esa. Mirella estaba decidida. Sin moverse de como estaba preguntó:
«A mi querido esposo..., ¿le dabas por el culo, verdad?
-Sí.
«¿Le gustaba?
-Mucho.
Ya ves, hija, una vez que se empiezan a decir verdades, no se puede parar -dice María a modo de inciso.
«Pues entonces, hazme lo mismo que a él» -pidió Mirella.
No lo dudé. Estaba viviendo un sueño en el que yo  no parecía yo. Actué con profesionalidad... ¿Se dice así, verdad?
-Si te refieres a cumplir con el trabajo que tenemos de la mejor forma posible, sí -respondo segura, aunque me cuesta ver su actividad como un trabajo de "verdad".
María calla un instante; a estas alturas he aprendido que lo hace cuando va a dar un doble salto mortal en la historia. 
 -Cogí el tubo de vaselina y embadurné el aparato. Con la cabeza vuelta, ella me miraba con los ojos como platos, pero no se movió ni un centímetro.
Su trasero era muy blanco. Lo tenía más pequeño que su esposo y menos redondo. Si no hubiese sido porque podía ver su sexo entre las nalgas delgadas y planas, bien hubiera podido pasar por el de un hombre.
Cuando Mirella vio que me preparaba detrás de ella, colocó la cabeza derecha e inclinó el torso..., supuse que para ofrecerse más.
Fíjate lo que es la vida, oye, ese día quise hacer bien las cosas. Mirella despertaba..., no tengo ni idea de lo que despertaba en mí, pero me empeñé en que tenía que gozar. Tal vez porque quisiera saldar alguna deuda... Conseguir darle el mismo placer que había dado a su esposo... ¡Qué sé yo!
Le acaricié el sexo por detrás. Con la palma abierta, lo abarqué como si quisiera esconderlo. Sus jugos de mujer se mezclaron con los restos de la vaselina en mis manos pringosas. Mirella lanzó un suspiro, le había gustado que la tocase de esa forma. Noté como sus piernas aún cerradas apretaban mi muñeca. Comprendí que no quería que retirase la mano de donde la tenía.
El sexo de mujer es muy suave por dentro, y más si está excitada. Bueno, supongo que eso ya lo sabes... Porque te tocas ¿no?
María había interrumpido la historia para preguntarme si me masturbaba... ¡Con esta mujer no gana una para sorpresas! Debe notar mi estupor y reacciona rápida.
-¡No! Tranquila, no me contestes, que ya sé que sí -se responde a sí misma.
Ni que decir tiene que aquello me estaba pareciendo inaudito, pero de nuevo acabo muerta de la risa por las ocurrencias de esta mujer.
-Voy a seguir. Calla, deja de reírte, que me distraes -ordena risueña-. Jugué como si en vez de su coño fuera el mío. Hice las mismas cositas con los dedos. En el garbanzo y por dentro de la cueva..., la tenía muy abierta..., a ver, con tantos hijos seguidos no podía dar tiempo a que eso se cerrase en condiciones.
Bueno, que me lío otra vez. El caso es que Mirella estaba disfrutando. Al principio, cuando le metí dos dedos, se quedó quieta, pero poco a poco empezó a moverse hacia adelante y hacia atrás, y ella misma se clavaba en ellos, lo hacía como con rabia. Supe que se estaba corriendo porque su vagina empezó a apretar y soltar mis dedos muy deprisa. Cuando las vibraciones esas...
-Contracciones -corrijo.
-Cuando las contracciones -repite María- terminaron, le pedí que no se moviese...
Un golpe en la puerta interrumpe la narración en el momento más intenso, como si fuese el final del capítulo de una buena novela. Cuando María responde con un escueto "Pase", entra el muchacho que suele repartir las flores en el hospital. Me había olvidado de que hoy es día impar. Después de firmar la entrega, la anciana coge las flores y da las gracias. No presta más atención al joven que sale por la puerta tras despedirse amablemente.
Posiblemente sepa que no huelen a nada, pero ella se las acerca a la nariz y aspira. 
                                                    
                                                     
El símbolo



Nota informativa: No habrá publicaciones nuevas hasta el martes, día 28 de febrero. 
El motivo de que esto sea así es que necesito estar un poco más desahogada de tareas, para terminar la revisión definitiva de la segunda novela: Tu gloria será eterna.
A partir de esa fecha, publicaré el final de la historia de María La Bienllevá y haré un recopilatorio descargable con todos los capítulos.
El calendario de post continuará con:
-De formas y tamaños; ahora en femenino.
-Continuación del triángulo mágico. 
-La seducción de los tatuajes. 
 ¡Hasta pronto!

  


14 comentarios:

  1. Joder asique me voy a quedar oliendo rosas.......

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    1. Buenas noches, Anónimo.
      Jajajaj..., estoy segura de que con este post me voy a llevar más de una bronca. Lo tuyo ha sido suave para lo que espero me caiga encima.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  2. Buenas tardes arañita como me animo nos dejas con un par de rosas?
    No porque desde!!!!!!
    Bueno tendré que esperar para el final
    Como te gusta avernos de rabiar
    Un bss arañita

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    1. Buenas noches. Set.
      Al menos os dejo una imagen agradable, las rosas son muy chulas...
      Tranquilo, que ya va quedando menos.
      Gracias por comentar.
      Un saludo.

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  3. No vaaaaleeee!!! Siempre nos haces lo mismo,ya queda poco ya queda poco...pero....Yo cuando leo un libro que me engancha, necesito llevar una continuidad, leérmelo todo lo rápido que pueda y que los quehaceres diarios me permiten...Me va a entrar ansiedad, mejor dicho...ya me ha entrado ,porque no me veis pero me tiemblan las manos, sufro sudoración, taquicardias, e hiperventilo...por saber el desenlace,no duermo por las noches... No es que me quiera cargar a María que mira que lo intuyo pero la incertidumbre es malísima para la salud......Jajaja...Me encanta la historia.Besos

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  4. Buenas tardes, Casiopea.
    ¡Ay, perdona!, mira que siento estar produciéndote toda esa sintomatología, jejejej.
    A mi también me gusta mucho María, y Mirella también. Me cuesta despedirme de ellas, ya ves, y eso que solo yo conozco el final...
    Gracias por el comentario.
    Un abrazo.
    La leerás de un tirón dentro de poco ;-)

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  5. Buenas noches araña!
    Según iba leyendo la historia me estaba imaginando que no acababa con este post,la he leído despacito como si así no fuera a acabar tan pronto,pero me has vuelto a dejar con la intriga. Menos mal que soy paciente y que he cogido aprecio a María y creo que podré esperar a que acabe de contarnos su historia,pero como dice Casiopea,cuando algo que lees engancha no puedes parar,asique tengo ganas de que publiques toda su historia para poder leerla seguida. Por cierto,Mirella sigue sorprendiendo,vaya parte subida de tono que hemos tenido,jeje.
    Un saludo

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    1. Buenas tardes, Dama.
      Me alegra tenerte pendiente de la historia; eso es buena señal.
      A pesar de que María es fruto de mi imaginación, también me ha engatusado. Es un personaje con fuerza, de los que dejan huella. Queda poco ya. Estoy deseando que leáis el capítulo final para ver vuestras reacciones.
      Mirella ha sido el personaje que más ha crecido desde la idea inicial, se me desmandó desde la segunda aparición y así sigue, dando sorpresas...
      Muchas gracias por el comentario.
      Un abrazo.

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  6. Siempre nos dejas con ganas de más,la pena es que sólo queda un capítulo que seguro que nos va ha sorprender mucho y va a ser muy especial,esty deseando saber que pasa.No nos hagas esperar mucho

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    1. Buenas tardes, Tere.
      Puedes apostar a que será especial. No digo más. Ya queda poco, eso sí no es un solo capítulo, son dos, pero irán casi seguidos.
      Un abrazo.
      Gracias por pasarte por aquí.

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  7. Buenas noches a todos.
    Otra vez lo has vuelto a hacer, y encima veo que me das un disgusto.
    Joder con Mirella, que parecía una mosquita muerta, para fiarse de las apariencias.¡Cómo se lo pasó!
    Un saludo.

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  8. Buenas tardes, Capricornio.
    Procuraré que acabes complacido con el final, porque si no veo que me echas una bronca.
    Nunca debemos fiarnos de las apariencias, eso es algo que he aprendido con los años y que tengo muy presente.
    Gracias por comentar.
    Un abrazo.

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  9. Menos mal que voy con retraso y puedo leer el siguiente post de María, que sino me da un patatús. Buen post araña.

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  10. Buenas tardes, Leo.
    Vaya, siento hacerte sufrir... Te conviene aprender que las emociones de la ficción no hacen daño, y sí pueden hacernos más empáticos. Por cierto..., ¿has hecho trampas y leído el último capítulo antes que este?
    Gracias por leerme, aunque sea alterando el orden natural de la historia.
    Un abrazo.

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