28 de febrero de 2017

María la Bienllevá. Parte VII. El pacto


                                                                               
                                                                           
Piel castiza

Después de un rato, María me ofrece el ramo de rosas y me pide que lo coloque en uno de los jarrones que le hemos prestado en el hospital.



Obedezco con gusto; al complacerla me siento útil.
Mientras cumplo con el encargo, ella sigue hablando a mis espaldas.
-Con mis manos en sus caderas, la iba trayendo hacia mí. Notaba la rigidez de sus carnes, estaba muy tensa. Le pedí que se relajase y paré. Solo había entrado una cuarta parte del consolador, decidí que era suficiente y empecé a moverme suavemente. Mirella parecía una estatua. Me detuve y, sin sacar el cacharro, empecé de nuevo a tocarla por delante.
Reaccionó como esperaba... Cuando me quise dar cuenta, tenía metido todo el cacharro dentro y mi pubis se encajaba entre sus glúteos para profundizar y sentir el placer que me producía su proximidad. Recuerdo que levanté una pierna y apoyé el pie en la cama. Así el contacto era más íntimo. 
¡Aquello sí que fue una fiesta de castañuelas de las buenas!
De nuevo María calla. Sus ojos brillan ausentes. Me mira, pero sé que no es a mí a quien ve. Le doy un pequeño respiro antes de preguntar.
-¿Ahí acabó todo?
-No. Después intercambiamos los papeles... Fue la primera vez que me dejaba meter algo por el culo. Nunca había querido utilizar ese agujero..., y nunca más, después de aquel día, lo volví a hacer.
A estas alturas, de María ya nada puede sorprenderme. Ahora quiero que complete la historia y me cuente cómo decidió que Mirella se hiciese cargo de su hija. No sé muy bien cómo abordar el tema pero, una vez más, la mujer me lo pone fácil.
-Nunca volvimos a hacerlo. Ese día nos despedimos con un beso de amor y decidimos no hablar jamás de lo que había ocurrido aquella tarde. Nos citamos para el día siguiente.
Pasé toda la noche dando vueltas en la cama. El recuerdo de mi amante no me despertaba ya los mismos sentimientos que antes de aquel día. Era como si Mirella fuese una bruja capaz de lanzar un hechizo con el coño...

Dirás que soy muy bruta, pero es lo que pensé y no sé explicarlo con otras palabras. También estuve dando vueltas al ofrecimiento que me había hecho Mirella..., lo de criar al niño que venía de camino.
Al día siguiente, las dos actuamos como habíamos decidido, aunque... ¿qué quieres que te diga?, simplemente con el frufrú de su falda al caminar, se me erizaba el vello de todo el cuerpo, y mis pezones presionaban el sostén como si quisieran salir a tomar el aire.
                                                                                   
Sensualidad

Mirella empezó fuerte apenas hubo colocado el culo en el sillón.
«Tenemos que hablar de la criatura. No me gustan las florituras, así que voy a ser clara. ¿Qué puedes ofrecer a tu hijo? ¿Un hogar cristiano? ¿Una buena educación? ¿Un futuro desahogado y una buena carrera? No..., creo que ninguna de esas cosas..., ¿verdad?»
Ojos de hielo, me refiero a ella así porque en esos momentos me pareció fría y calculadora, esperó mi respuesta.
-Amor de madre -respondí orgullosa. 
«¿Amor de madre, dices? ¿Y qué te crees que es el amor de madre? ¿Acaso piensas que eso puede asegurar un plato de comida en la mesa a tu hijo? ¿O un colchón sobre el que dormir caliente? ¿Y si cae enfermo?... María, piensa bien lo que te ofrezco, en la oportunidad que le ofrezco a él -dijo señalando mi vientre-. Si de verdad sabes lo que es el amor de madre..., no dudarás en hacer lo mejor para tu hijo, aunque sufras por ello». 
-¡Yo soy su madre, no tú! -No sabía qué más decir. Me parecía un disparate que Mirella criara a mi hijo, porque siempre le recordaría lo que había hecho el padre..., pero esa mujer, Rosa, ¡esa mujer era implacable! Parecía que estuviese escuchando mis pensamientos y supiese de mis miedos. 
«No me conoces de nada. Si temes que me vengue en la criatura de los pecados del padre, estás muy equivocada. Nunca sería capaz de hacer daño a un niño, ¡nunca!»
-Entonces dime por qué quieres criar a uno que no es tuyo si ya eres madre. No entiendo por qué quieres que te dé el mío.
«Siempre he querido tener muchos hijos -empezó diciendo Mirella-. No me conformaba con cinco. He nacido para ser madre, lo sé. Cuando nació mi hijo pequeño... hubo complicaciones serias. Yo viví, mi hijo, murió. Ese es el mayor fracaso para una madre: no poder dar la vida a la criatura que llevas en tus entrañas... Cuando me dijeron que no podría tener más..., me desesperé, fui egoísta y me alejé de mi esposo... Ya ves, María, por eso le perdono, para que él me perdone a mí».
 Escucho lo que me cuenta María, pero no estoy en la habitación, sino en otra estancia muchos años atrás... Soy capaz de percibir el dolor que cada una de las mujeres expresa con cada revelación. Una lágrima se desliza rebelde por mi mejilla, las demás, me las trago. María cambia el registro de su voz, que se vuelve más esperanzador.
-Mirella y yo pasamos muchas tardes juntas. Me daba dinero y procuraba que no me faltase nada. Se comportaba como una hermana. Me olvidé de trabajar. A medida que mi vientre crecía, yo iba conociendo más y más a la mujer que se ocultaba tras unos ojos de hielo. El día que, estando sentadas muy juntas en el sofá, quiso acariciar mi vientre, tomé la decisión de que fuese ella la madre de mi hijo.
Posó la palma de la mano encima justo de mi ombligo, y la dejó quieta. A través de la tela del vestido notaba que temblaba un poco. Despacio, casi con timidez, la fue moviendo en círculos. Su contacto me reconfortaba, era la caricia de una hermana, o de una madre.
«Me gustaría que fuese niña», dijo.
Al mes siguiente me acompañó a Comillas. Cuando parí, estuvo a mí lado. 
Mi hija era perfecta. Me abrí en canal cuando se la llevaron... Mis pechos estaban preparados para que mamara, pero la madre de Mirella no quiso que le diese el pecho ni una sola vez.
Permanecí en la casona un mes más, pero la niña ya no estaba allí... Me dijeron que se encontraba bien...
Regresé a Madrid. Tenía dinero de sobra para estar una buena temporada sin tener que prostituirme. Me lo había dado Mirella. Al principio fue muy duro, pero un año después, cuando decidí que no quería cambiar de profesión, supe que había hecho bien. 
                                                                               
Seducción

 El día que mi hija cumplió un añito recibí una fotografía. No se le veía la cara, pero se podía apreciar que crecía sana y feliz. Estaba rodeada de paquetes de regalo. Parecía una princesa con el vestido que le habían puesto. Acompañando a la foto, un ramo de flores: seis rosas rojas y una blanca. Dentro de un sobre, una nota breve. Supe que era de Mirella, aunque no venía firmada.
 «De entre las rosas rojas, destaca la excelencia de la blanca, nuestra hija, María».
Cada año que cumplía la niña, recibía un ramo, nada más. Me conformaba porque eso significaba que mi hija estaba bien. 
Hasta que he caído enferma. Al parecer, Mirella siempre estuvo pendiente de mí sin que yo lo supiese...
Estoy sorprendida y emocionada por el giro que ha dado la historia. Y yo que pensaba que el ramo era de algún admirador...
-Claro, por eso cada dos días recibes flores..., es su manera de decirte que no estás sola.
Tengo los ojos anegados de lágrimas. María lo nota.
-¿No irás a llorar ahora?
-Intentaré no hacerlo...
-No lo intentes, ¡hazlo! A pesar de lo que pueda parecerte, he tenido una buena vida. Te contaría experiencias que te dejarían con cara de boba, pero lo más importante de mi historia ya ha sido contado, y estoy muy cansada. ¡Esto de recordar es agotador!, pero ha merecido la pena. Me ha gustado hablar contigo. Ven, dame un abrazo. 
Me levanto y me acerco. Nos abrazamos, y yo, como es de esperar porque soy así, me derrumbo.
-Vaya, menuda sorpresa -dice María apartándome un poco-. Una mujer fuerte y sensible a la vez. No llores, niña, o bueno, hazlo si así te desahogas.
Permanecemos un rato cogidas de la mano, mirándonos... y también despidiéndonos.
Cuando salgo de la habitación me llevo la sonrisa de María y una historia humana de la cual aprender sobre errores y aciertos, sobre amor y generosidad.

Estaré fuera cinco días. Posiblemente, cuando regrese, María ya no esté.


Amor eterno
                                                 


¿Crees que la historia de María ha terminado aquí? 

17 comentarios:

  1. Noooooooooo!!!!No puede terminar así!Pero donde se va Rosa 5 días?Por dios,que se espere a que María cuente su final,o q muera para que no lo haga sola...Que interesante está,como va a morir esta mujer sin despedirse de su hija...y de Mirella!Por cierto,el marido ha pasado a un segundo plano totalmente,¿que tipo de relación tuvieron después y por cuanto tiempo? María no puede acabar aquí que yo todavía tengo muchas dudas.
    Nos has tenido esperando un mes pero has vuelto con fuerza araña. Me encanta volver a leerte.
    Un abrazo

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    1. Buenas tardes, Dama.
      ¡Qué bien sienta que a una la echen de menos!
      La historia ya está en manos de mujeres, solo ellas, en presente, pasado... y futuro.
      Rosa se va de puente cinco días. A su regreso nos dejará las claves precisas, no te preocupes, aunque haya que sufrir un poco...
      ¡Eh, no me tires de la lengua!, que soy muy parlanchina :-))
      Muchas gracias, Dama, y bienvenida de nuevo.
      Un beso.

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  2. Hola araña, ya estás de nuevo aquí me alegro.
    No, no ha terminado yo creo que Rosa ha ido a buscar a la hija de María para que la conozca antes de morir eso sería un final feliz. Pero seguro que tú le pones un final más emocionante esperamos que sea lo más pronto posible.
    Hasta pronto

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    1. Buenas tardes, Taconcitos.
      Yo también me alegro de saludarte. Es un placer reencontrarse con los seguidores de María.
      ¡Chica lista! Bueno..., espero sorprenderte un poco aunque solo sea.
      Queda una entrega, y me está costando despedirme de este personaje, mejor dicho, de las dos mujeres: Mirella y María. ¡Esto de ser madre literaria es muy duro a veces!
      Gracias de nuevo por tu fidelidad.
      Un beso.

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  3. Hola araña!! La verdad es que a mí Mirella me tiene muuyyy despistada, no sé si es así de generosa porque es muy buena o todo lo contrario, demasiado egoista como para que alguien tenga por ahí algo que le pertenece a su marido y por lo tanto a ella y a su familia.Realmente no lo sé, juegas con esa dualidad que no sé si realmente es para que cada uno saquemos nuestras propias conclusiones o porque las cosas muchas veces son más simples de lo que pensamos.En fín, me gusta el giro que ha dado la historia pero ¿ que pasó del marido que ha pasado de ser en un principio protagonista principal a actor totalmente secundario? Besos a todos!!

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    1. ¡Hola, Casiopea!
      A Mirella se la conoce en las distancias cortas; supongo que al ser su esposo un político conocido, y pertenecer a una clase social con una moral rígida basada en las apariencias, actuaba siguiendo el dictado que convenía a su faceta pública. Pero en la intimidad era muy distinta.
      Todas las personas tenemos dos caras..., la que mostramos a los demás y la que guardamos para nosotros y para unos pocos; Mirella también.
      En mi opinión, tiene más de ángel que de diablo.
      El marido pasó como pasan las historias que parecen importantes y luego resultan ser solo un espejismo. Ya sabes, un hombre joven, atractivo, poderoso, buen amante, de gustos refinados...
      Gracias por comentar. Bienvenida de nuevo.
      Un beso.

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Deseaba enormemente conocer el final de esta historia, pero creo que a estas alturas de la misma no se si quiero que acabe. Se la podría sacar un jugo infinito, y sabe usted bien como dosificar las emociones y los deseos de saber mas. En vilo nos tiene.
    Quisiera pensar que la clave final está en esa hija que las une, tres mujeres, tres historias, tres vidas.
    Querida araña, ha creado usted una magnifica historia.
    ¿Habrá una recopilación completa en papel u otro formato para poder disfrutarla?
    Gracias. La espera merece la pena.
    Por cierto, bellísima imagen la que abre esta entrega, bellísima.

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    1. Buenas tardes, Anónimo.
      Estamos acostumbrados a los finales felices, pero esta circunstancia no siempre es posible. En el caso de María, opino que lo importante es la enseñanza que nos deja: vivió como quiso, amó, cometió errores, pero ha llegado al final de su vida sin arrepentimientos, aunque eso no quiere decir que no haya sufrido. Ha sido un personaje rebelde y libre.
      Me gustaría que el capítulo final (previsto para el día 14 de este mes) dejase a todos un recuerdo entrañable. Son muchos los lectores que me han pedido en privado que indulte a María... ¡cómo si a estas alturas pudiese elegir ya!
      Respondo a su pregunta: Sí, habrá recopilación completa. Aún no me he decidido por el formato, pero son solo detalles técnicos.
      Estoy de acuerdo con usted, las imágenes, esta y las que quedan pendientes, son muy hermosas.
      Agradezco sus palabras. Sepa que que me sirven de acicate para continuar en esta línea de historias humanas.
      Hasta pronto.
      Un abrazo.

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  6. Buenos días arañita esto no acaba aki nos tienes que desvelar las claves de la historia
    Un abrazo arañita

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    1. ¡Hola, Set!
      No, no acaba aquí. Ya queda muy poco, y me da cierta pena despedirme de María, y de Mirella. A mí también me han conquistado un poco, pero hay que dejar que se vayan...
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  7. Buenos días a todos.
    Yo creo que la historia no puede acabar aquí. Estoy seguro de que en el próximo episodio nos vas a dar el día. En fin ya veremos. Impaciente por leer el próximo capítulo.
    Un saludo.

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  8. Buenos días, Capricornio.
    Tranquilo, que ya falta poco. Será la semana que viene.
    Agradezco tu fidelidad a la historia de María.
    Hasta pronto.
    Un abrazo.

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  9. Menuda vuelta te has marcado siguiendo con la historia de María,perdón x no escribir antes pero ni cuenta me había dado de la fecha en que x fin volvíamos a disfrutar con tus escritos.Esta historia no puede estar más interesante necesito saber más, en el lugar de Rosa me habría dado mucha pena irme sin saber el destino de María,si la volvería a ver y poder indagar más en su historía....en fin espero que no acabe aquí x favor un beso muy grande

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    1. Buenas tardes, Tere.
      No hace falta que te disculpes. Vivimos inmersos en un mar de acontecimientos y no podemos estar pendientes de todo.
      Bueno, el final llega para María, la historia acaba y otras habrá que nos harán olvidar esta... O tal vez no, ojalá la recuerdes mucho, mucho tiempo.
      Gracias por comentar.
      Un beso.

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  10. ¡No!, aquí no se debe acabar la historia de María, todavía le queda mucho que contar y a nosotros mucho que leer sobre ella. Buen post araña.

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    1. Buenas tardes, Leo.
      Siento decirte que no, que en realidad queda solo un capítulo (aunque creo que eso ya lo sabes). No se debe prolongar lo que ya ha sido resuelto...
      Te invito a que releas la historia.
      Muchas gracias, Leo, un placer tenerte por aquí.
      Un abrazo.

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