14 de marzo de 2017

La rosa blanca. Invierno. Epílogo


                                                                           
Seducción



Adoro Comillas desde la primera vez que mis padres decidieron que íbamos a veranear allí. De eso hace algunas décadas, pero recuerdo el primer verano como si fuese ayer.

Estos cinco días de puente han pasado rápidos. Y, aunque ha habido tiempo para todo, yo he reclamado mi espacio de soledad. Como mis amigas me conocen bien, me han dejado tranquila. Necesitaba pensar, pero sobre todo, aceptar.

Sí, digo bien, asumir que para todos hay un final, incluso para María... Es un contrasentido que con la profesión que he elegido, me plantee estas cosas tan evidentes. 
Soy así..., eso es algo que también tengo que asumir sin más.

Hoy llego al hospital demasiado temprano. He dormido mal, varias veces me he despertado pensando en María. Temo por igual que ya no esté o que, por el contrario, continúe en la habitación y tenga que ser testigo de cómo se va yendo.

Las escaleras se me hacen demasiado empinadas. Parece que, bajo mis pies, la gravedad haya aumentado diez veces. Mi espalda es una tabla. Cuando llego al segundo piso giro a la derecha para entrar en la planta de Medicina Interna.

A simple vista parece que este vaya a ser un día más. Pero yo se que la tranquilidad de los hospitales en engañosa. Al otro lado del pasillo distingo los árboles que bordean las pistas de tenis que se ven desde la ventana. La habitación de María se encuentra en esa parte de la planta. A mitad del pasillo está el control de enfermería, hacia donde camino con paso firme a pesar del desasosiego que tengo.

Mis compañeras del turno de noche están acabando de escribir las incidencias en los cuadernos. Doy los buenos días y escucho exclamaciones sobre lo pronto que he llegado; no presto atención a lo que me dicen, mi vista está fija en el tablero de distribución de habitaciones: las 207-B no tiene nombre. La cama ha quedado vacía.

Noto palpitaciones y un malestar en la boca del estómago. Por fin me decido a preguntar. Tengo que parecer profesional.
-¿María? 
-Se fue... el lunes por la tarde.
Intento recordar qué estaba haciendo yo ese día por la tarde. Estaba en la playa, eso seguro... Después de comer decidimos echarnos una siesta en la arena. Sé que pase casi dos horas mirando el ir y venir de las olas, como hipnotizada, pero no sentí nada especial, ninguna premonición de que ... 

¿De qué? 

Seguramente María murió mientras yo me entretenía disfrutando del paisaje. Me parece tan absurdo lo que se me está pasando por la cabeza, que la muevo negando como si quisiera vaciarla.
Esfera
                                                    
       -¿A qué hora ocurrió? -pregunto al fin.
-No sé -responde Rita- creo que poco antes de que las compañeras empezasen a repartir las cenas. Tardaron en llevársela porque el doctor García era muy reacio a firmar el consentimiento...
-No comprendo... ¿Qué consentimiento? -Estoy confusa. Hay algo que no consigo entender-. Querrás decir el certificado de defunción, ¿no? 
 Mis compañeros callan a la vez y me miran. Rita se echa a reír en mis narices y los demás la imitan. Yo no le veo la maldita gracia y estoy a punto de explotar de muy malas maneras...
-¿He dicho yo en algún momento que María hubiese muerto?
Mi corazón está desbocado y noto que estoy a punto de perder el control. Tomo una gran bocanada de aire e intento centrarme en el significado de la pregunta que me acaban de hacer.
-Si no ha muerto..., entonces... ¿qué ha ocurrido? ¿Dónde está María?
Cuando va a empezar a darme explicaciones, noto una mano sobre mi hombro, es Luisi.
-Ya me encargo yo de poner al día a Rosa -le dice a Rita.
-Perfecto -responde ella- pero antes te cuento un par de cosas importantes y me largo a dormir, que no puedo con las piernas. 
 Mientras, yo hago lo propio con los otros compañeros, aunque apenas me entero de lo que me dicen.
En cuanto salen por la puerta, Luisi me pide que me siente, abre su bolso y me entrega un sobre con el membrete del hospital.
-¿Y esto? -Continúo confusa. No consigo imaginar qué ha pasado. Tampoco sé si deseo averiguar lo que hay dentro del sobre.
-Es de María..., para ti, Rosa. Nos lo dio antes de marcharse, también el ramo -dice señalando a la mesita que está al lado del frigorífico de la medicación.
 Ni me había fijado en él. Seis rosas rojas y una blanca. Tengo la garganta seca, por eso cuando pregunto me sorprende que mi voz suene como siempre.
-¿Dónde está María?
-Se la llevaron... Vinieron dos mujeres. Una mayor y otra joven. Supuse que serían madre e hija... No preguntamos nada... ocurrió todo muy deprisa y enseguida se hizo cargo el doctor García..., al parecer eran familia de alguien importante... Se las veía con clase. María se despidió de nosotros con mucho cariño. Se le cayeron algunas lágrimas cuando nos pidió que te diésemos la carta..., yo decidí guardarla en un sobre y cerrarla..., para evitar la tentación de leerla.También quiso que el ramo, que había recibido ese día, se quedase aquí... No puedo decirte mucho más..., solo que se fue feliz. Y ahora, te dejo sola para leas.
                                                                             
Despedida
Fuente foto: Pixabay

Antes de salir, Luisi me da un beso en la frente. Desde el control me llega la cháchara familiar de un comienzo de turno cualquiera. El sonido del rasgar del papel enmudece todo lo demás. Me estremezco. La escritura que contemplo me sorprende, parece hecha con un molde. Las letras son redondeadas, equilibradas en tamaño y forma. María escribe muy bien...
«Querida Rosa, creí que iba a morirme en este hospital; por lo visto me resigné demasiado pronto.
Me voy. Mejor dicho, me llevan. Mirella y mi hija, las dos, han venido a buscarme y quieren que me vaya con ellas a Comillas, donde tú estás ahora. 
Nunca pensé que Ojos de hielo fuese a romper nuestro pacto, pero le ha contado a mi hija que yo soy su madre verdadera.
Verónica, mi hija se llama así, me ha abrazado mucho rato, y me ha prometido que cuidaría de mí. Y ¿sabes?, me ha dado las gracias. ¡A mí, que la puse en brazos de otra mujer en cuanto la parí! Me ha dado las gracias y me ha besado. Y he notado que esos besos me curaban, no de la enfermedad, que bien sé que pronto me iré para el otro barrio, sino del dolor que tenía en el corazón guardado.  
Soy una vieja afortunada al fin y al cabo, porque no voy a morir sola. Me voy con Mirella y con Verónica, para vivir en días lo que no pude en años. Estaremos las tres solas... él ya no está, hace diez años que se fue de casa. Dejo a Mirella por otra mujer más joven, pero esa es una historia que no me pertenece...
 ¡Escribe mi historia, Rosa! Escríbela con el cariño que sé que me tienes. Te deseo todo lo mejor. En el poco tiempo que me queda, te voy a recordar todos los días. 
Y no tengas pena, hija, que este morir que me espera es el más dulce de todos porque va acompañado de amor.
María la Bienllevá»
La rosa roja
                                                                     

Aunque lloro en silencio, al ver que ha firmado con su nombre de guerra, sonrío. Esta mujer es genuina y la admiro por su forma de entender la vida.
Ojalá yo fuese igual de valiente..., pero no, eso no es posible porque carezco de la generosidad que a ella le sobra.

Esta es su historia. Una parte importante ha sido escrita, pero, soterrada bajo estos renglones, hay otra mucho más transcendental que ha quedado silenciada. Espero que como lectores seamos capaces de rellenar y comprender, sirviéndonos de nuestras propias experiencias y sentimientos, los huecos que han dejado los muchos silencios de María.
Cada cual tenemos nuestra historia que, aunque nos parezca lo contrario, no es ni más ni menos importante que la de los demás.
No obstante, hay algunas que son merecedoras del mejor papel y de una pluma que las inmortalice.


1978
                                                       

¿Qué me dices? ¿Te ha gustado la historia de María La Bienllevá?


8 comentarios:

  1. Que historia!Estoy deseando de que hagas el recopilatorio!
    Mirella me ha vuelto a sorprender,al final ha contado la verdad a su hija y me gusta mucho que hayan ido las dos a buscar a María,creo q se merece ese final,se lo ha ganado. No podría irse mejor acompañada,aunque la compañía de Rosa también fuese muy grata.
    Que casualidad que a María la hayan llevado a Comillas y Rosa haya estado allí,podría haberla contado su final en persona.
    Respecto al marido...ha tenido dos grandes mujeres y no ha sabido valorarlas.
    Sin duda ha sido una gran historia,queremos más de éstas araña!!!
    Un abrazo

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    1. Buenas tardes, Dama.
      Estoy en ello, en el recopilatorio. Tengo que revisar la historia antes y ver cómo hacerlo para que se pueda descargar fácilmente. Para esto necesito ayuda, soy un poco patosa con las nuevas tecnologías. En fin, que me hace ilusión que quien quiera leer la historia pueda hacerlo de un tirón cuando quiera.
      A mí también me ha dado pena separarme de estas mujeres...
      Comillas..., buena observación, Dama. Ha sido así para que el círculo se cerrase. Allí nació Verónica, y allí morirá María, su madre.
      Siempre os doy las gracias por vuestros comentarios, en esta ocasión estoy mucho más en deuda con vosotros, porque si la historia ha llegado hasta aquí, ha sido por la fidelidad que le habéis demostrado.
      Un abrazo.

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  2. Qué historia tan bonita y a la vez tan dura; me he emocionado al leerla y al saber que era el último capítulo.Me da pena despedirme de los personajes que por otra parte nos dejan grandes enseñanzas: EL PERDÓN,ACEPTACIÓN,RESIGNACIÓN, RENUNCIA, GENEROSIDAD,EL NO JUZGAR AL PRÓJIMO....Pero me pregunto si Mirella, la gran revelación de la historia, habría actuado de la misma manera si hubiese seguido casada,....En fin tal vez sea otro gran protagonista de toda historia que se precie el que define, en términos generales,justa o a veces injustamente las cosas: EL TIEMPO.
    Un saludo a todos y me reitero ME HA ENCANTADO LA HISTORIA.

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    1. Buenas tardes, Casiopea.
      ¡Me encanta que hayas sacado esas enseñanzas de la historia de María!, señal de que son tus insignias también.
      Mirella me conquistó, nos conquistó, poco a poco. ¡Menuda mujer! y lo mejor de todo: estoy convencida de que hay muchas Mirellas entre las mujeres que conozco: valientes, fieras, generosas, inteligentes, y algunas con ojos o corazón de hielo..., en apariencia, claro.
      He disfrutado muchísimo escribiendo esta historia.
      Ah, el tiempo... De acuerdo contigo, no podría haberlo expresado mejor. Es, sin duda, el protagonista invisible de esta historia, y de casi todas.
      Me alegran esas mayúsculas del final. Es mi gran RECOMPENSA.
      ¡Gracias!
      Un abrazo.

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  3. Buenas tardes.
    La historia acaba bien, me ha dejado un buen sabor de boca. Ahora a esperar ese recopilatorio para volver a leerla.
    Un saludo a todos.

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  4. Buenas tardes, Capricornio.
    Me alegra haberte complacido con este final.
    Las historias a veces no pueden acabar bien por el planteamiento de la trama, sin embargo, en esta ocasión, el final se dulcifica. Me pregunto qué tendrá el amor para conseguir que hasta la misma muerte parezca dulce...
    Gracias por comentar.
    Un abrazo.

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  5. No has podido elegir mejor final!!!me encanta que María x fin esté con su hija sin rencores ni resentimiento x parte de ella y sea consciente de que su madre la quería mucho y lo hizo x su bien.Ha sido una gran historia de principio a fin que me ha llegado,espero que no sea la última de estas características y que nos vuelvas a enganchar con otra saga.un beso

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    1. Buenas tardes, Tere.
      Me alegra mucho que hayas quedado satisfecha con el final.
      Ojalá en la vida hubiese segundas oportunidades, ¿verdad?
      Me gustan las historias humanas, así que continuaré en esa línea, seguro.
      Agradezco tu fidelidad.
      Recibe un abrazo.

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