21 de marzo de 2017

¡No uses las manos, por favor!

                                                    
Uñas de rojo pasión.
Fuente: Pixabay

Tumbada en la cama, Marina acaricia su vientre despacio. Llega hasta el elástico de la braguita que lleva puesta y se detiene ahí, como si esa fuese una barrera infranqueable. 


Al otro lado de la cama, su futuro esposo ronca suavemente. Es un sonido agradable por lo conocido. En lugar de molestarla, la tranquiliza y arrulla. Sabe que solo tendría que pegarse a él y abrazarle la cadera con una pierna para que Jacobo reaccionase. Es un hombre pasional.
Sin embargo desde que Rebeca, la hermana de su novio, le descubrió una nueva sexualidad, no es la misma; Marina tiene otros anhelos. 

Con el pie derecho se roza la base donde el pulgar y el segundo dedo del otro se unen en el empeine. 
Marina recuerda.

«Esta zona se parece a un pubis pequeñito; es un triángulo mágico, ¿sabes?...»

Había dicho Rebeca mientras le acariciaba esa parte tan sensible e introducía el índice, humedecido antes con su propia saliva, entre ambos dedos.

La evocación despierta el deseo. Está en trance y no puede dejar de pensar en esa nueva practica recién descubierta... Ojalá pudiese planteárselo abiertamente a su novio, pero, a pesar de la confianza que comparten, teme que Jacobo no acepte bien esta nueva "afición" suya, y mucho menos si llega a sospechar que la maestra ha sido su hermana.

                                                 
La excitación le impide dormir. Da vueltas en la cama. Se desespera. Decide masturbarse en silencio. Empieza a acariciarse por encima del tul de la braguita. La tela está húmeda. A su mente acude ralentizada la imagen de su cuñada introduciéndose el dedo pulgar de su pie en la boca.

Lo dejó allí quieto unos segundos, después empezó a mover la lengua alrededor. Tenía la cavidad oral muy caliente. De aquellas manipulaciones, la que más placer le producía era que le lamiese la yema del dedo como si quisiera desgastarla. La sensación era una cosquilla que le recorría toda la planta del pie..., y más, mucho más arriba.

Marina revive las experiencias de aquellos tres días de las pasadas navidades, y siente que no puede ni quiere renunciar al placer que le proporcionan sus pies.

Al principio estaba sorprendida por el hallazgo, pero después, cuando tuvo tiempo para analizar lo que había ocurrido con Rebeca, se dio cuenta de que esa faceta suya había convivido con ella desde hacía mucho tiempo, solo que había estado silenciada, u olvidada, o relegada al rincón donde se guardan las caras que no queremos mostrar ante los demás por miedo a que nos consideren diferentes ... Pero... y una vez despertada la fiera ¿qué? 

                                                     
La cobra

-Jacobo -susurra acercándose al oído de su futuro esposo.  
-Mmnn..., dime, cariño -responde el interpelado con voz somnolienta.
-¿Me darías un masaje en los pies? Por favor.
-¿Ahora?
-Sí, ahora mismo.
No se mueve. «Tal vez se haya vuelto a dormir», piensa Marina. Sin embargo, unos segundos después, se da la vuelta y la mira sonriente a pesar de la cara de sueño.
-¿No prefieres que te de el masaje en otro lugar? -propone a la vez que coloca la palma de la mano abierta sobre su pubis-. ¡Vaya!..., estás... ¡empapada!
-¡No uses las manos, por favor! 
Marina se sorprende por la urgencia de su propia voz. Jacobo ha retirado la mano de su entrepierna como si esta quemase. 
-Hoy prefiero hacer algo diferente... -se decide a aclarar por fin.
-¡Ah, claro, quieres que saque los juguetitos! -propone él.
-No. 
-¿Lengua?
-No. 
-¿No? Entonces, ¿qué se te ha ocurrido?
A Marina no se le escapa el detalle de que a su novio se le ha acelerado la respiración. Señal de que le gusta el juego.
-Quiero que me acaricies con los pies..., por todo el cuerpo... 
-¡Vaya! ¿De verdad quieres eso? 
Jacobo se ha puesto serio y Marina se preocupa. «¿Y qué coño esperabas después de hacer una petición como esa?», se recrimina, a pesar de lo cual vuelve a responder afirmativamente. Total, ¿qué tiene ya que perder?
-Sí, es lo que deseo.
Le mira retadora. Durante unos segundos parecen dos gallos con las plumas erectas a punto de iniciar un combate. 
-Te daré lo que quieres, pero se hará a mi manera.
Marina es incapaz de articular palabra cuando le ve salir de la habitación desnudo. Casi hasta se arrepiente de haber hecho esa petición. 

No tarda mucho en volver. Le observa cuando entra en el dormitorio. Le precede una erección que por su tamaño tiene que ser hasta dolorosa. De su mano derecha cuelgan unas cuerdas verdes, como las que usa en la terraza de la cocina para tender la ropa. El intelecto de Marina, alarmado, la pone en guardia, a la vez que su cuerpo reacciona con unas contracciones rápidas en la vagina. 
-Si no quieres que te toque, átame -pide Jacobo con voz ronca.
Marina nota la boca seca. Parece que esté un poco mareada, o confusa..., supone que por la excitación del momento. Enseguida obedece la orden.

Él coloca las manos unidas por delante del cuerpo y la deja hacer. Poco después se encuentra inmovilizado por un montón de vueltas de cordón verde alrededor de las muñecas.
-Coge el lubricante y embadurna mis pies -Pide.
Tras abrir el cajón de la mesilla de noche, Marina agarra un envase aleatoriamente y dispensa una buena cantidad sobre la palma de su mano. Huele a piña. Jacobo se ha tumbado de nuevo en la cama y ha colocado la almohada doblada para estar semisentado.
-Vamos, ¿a qué esperas? -anima él.
Mientras se frota una mano contra la otra, su piel se despierta con escalofríos, a pesar de lo cual percibe quemazón en las yemas de sus dedos, deseosas de acariciar los pies de Jacobo.

El primer contacto es ligero, como si quisiera comprobar la consistencia de algún material desconocido. Frío. Calor. Frío...
Enseguida entrelaza los dedos de sus manos con los de los pies de su amante. Encajan perfectamente. Él da un tirón como si quisiera utilizar las manos, parece que se haya olvidado de que las tiene atadas.
-¡Vamos, acaba de una vez! Embadúrname bien. Así... entre los dedos... y en la planta.
Marina amasa la carne que poco a poco toma temperatura. Sus manos se deslizan sobre la piel del otro, veloces, ágiles, sincronizadas derecha con izquierda.
-Date la vuelta y ponte de rodillas, ¡ya!
Pega un bote sorprendida por la voz autoritaria de su novio. Su excitación crece con el nuevo mandato. La piel de su sexo se tensa.
Se da la vuelta y se coloca como él le ha pedido. Ahora no puede verle. Tiembla como si tuviese frío, pero no es eso lo que siente.
-Agáchate.
Ella inclina su torso y recuesta el pecho sobre sus brazos cruzados. Se siente indefensa, con el culo en pompa y sin poder ver la expresión de su pareja. 

-Separa la piernas..., más-. La voz de Jacobo vibra y le hace cosquillas en la piel. 
                                                   
Jugando contigo
Fuente Pixabay

Imagina la panorámica que él contempla. Sentirse tan expuesta la enardece. Sus senos rozan la colcha de raso y se electrizan aún más. Arquea la espalda como si fuese una gata en celo. Se contonea intentando controlar los músculos que tapizan su vientre. 
Marina espera...

Sabe que él se ha movido porque nota que el peso en el colchón se desplaza. Contiene la respiración. Agacha la cabeza e intenta mirar entre sus piernas lo que ocurre detrás de ella.

El pie que antes ha estado masajeando se eleva y se acerca a su vulva. El dedo gordo avanza en solitario, los otros están un poco encogidos. Entonces recuerda lo que ocurrió por debajo de la mesa el día de Nochebuena... Al parecer, su novio y su futura cuñada comparten algo más que el parentesco.

La sensación es semejante a la que notaría si Jacobo, en vez de con un dedo, le acariciase con la punta de su pene: calidez y suavidad que tantean alrededor de su gruta sin decidirse a entrar en ella. Se sorprende de la pericia que demuestra su novio. «¿Lo habrá hecho más veces?», pero la curiosidad se esfuma cuando por fin el apéndice que recorre su sexo la penetra. Su vagina lo estruja con fuerza, se acopla a su tamaño como si quisiera cercenarlo y guardarlo dentro. 

El misionero invertido
                                                     
Sentir, solo sentir... Alrededor, todo desaparece. Su mente confunde a Jacobo con Rebeca..., imagina que está con los dos... y que los dos la penetran. Reprime las ganas de chillar a la vez que todos los músculos de su cuerpo se tensan. El placer, convertido en instrumento de deleite, penetra en su sexo y la atraviesa como si la hubiesen empalado con él hasta llegar a su garganta, que en ese momento se libera con el grito triunfal del que atraviesa en primer lugar la meta.

Marina, agradecida, se sienta en la cama y contempla la erección de Jacobo. Su glande expuesto brilla como si estuviese recubierto de saliva. Sigue con las manos atadas en el regazo y la mira con ojos turbios. Quiere agradecerle que haya satisfecho sus deseos... Sin pausa, agarra el lubricante con sabor a piña y vierte un poco, ahora en sus propios pies. Observa que hombre no pierde detalle de lo que hace; su pene tiene pequeños espasmos y parece haber crecido aún más.
-Separa las piernas, pide ahora Marina.
El amante acata la orden enseguida. La piel blanca de los pies femeninos parece luminiscente cuando los dedos se enredan en la mata de pelo ensortijado del pubis de él.

Al principio, Marina no es capaz de controlar la presión que ejerce cuando con las plantas, arqueadas y unidas una con otra, intenta acoger el pene de Jacobo, pero no tarda mucho en adquirir la pericia necesaria.

Nota como se contrae el miembro entre sus pies. Su novio ha cerrado los ojos y manifiesta su placer y tortura con exclamaciones sin sentido. Impulsa la pelvis y la despega del colchón... 

«Se mueve igual que cuando folla», piensa Marina cuando, justo un instante antes de llegar al orgasmo, Jacobo se detiene.
Como un pequeño cañón de nieve que asoma entre los pies menudos y suaves de Marina, el pene expulsa su contenido con fuerza, mientras ella observa embelesada como la esencia cálida los baña.
                                                     
La mirada
                                                      
 Si no conoces el principio de la historia, puedes leerlo pinchando AQUÍ.

¿Qué opinas de la relación de Marina y Jacobo? ¿Crees que se complementan como pareja?


Agradecimientos: A Corazón de Dragón, por animarme a escribir esta historia y por su ayuda en la documentación.

Nota: El siguiente post se publicará el día cuatro de abril.
Título: Arte en la piel: El tatuaje.









10 comentarios:

  1. ¡Sin duda que se complementan como pareja!Sin haber hablado antes sobre sus deseos,saben a la perfección como complacerse el uno al otro,como si llevaran toda la vida haciéndolo. Parece que la familia de Jacobo tiene una afición común,y tanto su hermana como él saben usar muy bien todas las partes de su cuerpo,sobre todo los pies.Marina seguro que esta deseando que haya otra cena en familia para sentarse en frente de su marido y de su cuñada,a ver quien la sorprende esta vez,o lo mismo ambos.
    Muy entretenido el post.
    Un saludo.

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    1. Buenos días, Dama.
      Pues sí, los dos hermanos comparten la sabiduría de utilizar los pies para algo más que caminar y lucir zapatos.
      Las relaciones sexuales que se desmarcan de lo convencional resultan de lo más estimulantes para la mente...
      Marina ya no podrá renunciar a esa práctica, tonta sería si lo hiciese, o mejor dicho: mal estaría que renunciase a esa faceta que tanto le place y que sirve de contrafuerte a su relación de pareja.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  2. Me gusta muuuuchoooooooooooo

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    1. Buenos días, Anónimo.
      ..., y yo me alegro muuuuuuchoooo de que te guste.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  3. Una idea maravillosa continuar con esta historia me enganchó tanto que la recuerdo como si la hubieses escrito ayer. Gran sonrisa. .......

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    1. Buenos días, Anónimo.
      Tenía que rematar la historia..., al igual que otras que tengo pendientes por ahí, por ejemplo: la de un pianista, una mujer, dos gatas y un piano por el medio. Muchos lectores de La Araña sintieron curiosidad por el marido, un abogado que andaba de viaje...
      Me encanta la idea de haber conseguido que alguien sonría de satisfacción :-))
      Gracias por el comentario.
      Un abrazo.

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  4. Buenas tardes a todos.
    Muy buen relato, aunque personalmente prefiero usar otras partes del cuerpo, creo que la situación es excitante.
    A esa pareja les gusta lo mismo, así que van bien así.
    Un saludo a todos.

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    1. Buenas tardes, Capricornio.
      "En la variedad está el gusto", en La Araña hemos utilizado este refrán, aplicado al sexo, muchas veces. A unos les gustan las manos, a otros la boca, los pies... Todo es válido si es consensuado y sirve a una misma finalidad: el gozo de todos los participantes.
      Gracias por comentar. Me complace que el relato te haya parecido excitante.
      Un saludo.

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  5. A mi me parece bien la relación si a los dos les gusta estupendo,yo pienso como capricornio que hay otras partes con las que disfrutar yo no soy mucho de pies.Pero la historía está genial y es muy excitante espero que siga a ver que pasa,un beso

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    1. Buenas tardes, Tere.
      Los pies son una parte más del cuerpo humano, al respecto,opino ninguna debe ser vetada para el placer. Como bien dices, depende de cada cual elegir; mientras haya consenso...
      Me alegra que te haya gustado la historia :-)
      Gracias por comentar.
      Un beso para ti también,

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