16 de mayo de 2017

Gente que enamora: La chica de la maleta.


                                                                           
El reencuentro
Emilio y Emi
«Emilio y yo estamos juntos porque el destino se ha empeñado en ello; llámalo como quieras.» Emi Caballero

 Las historias exitosas, esas que parecen necesitar paisajes paradisíacos para desarrollarse, o estar rodeadas de mil misterios para justificarse, son las que los escritores inventamos con la legítima intención de captar el interés de los lectores. Pero luego están las otras, las que recogemos de la realidad, las que sin florituras adicionales llegan a tocarnos el corazón; esas son las historias importantes que debemos plasmar para que no se olviden y, lo más importante, para aprender de ellas: de los errores y aciertos de quienes las protagonizan. 

Emilio y Emi, así se llaman los protagonistas de hoy, son Gente que Enamora. A primera vista, ambos guapos, de sonrisa fácil, sensibles y muy expresivos, ya cautivan, pero en el momento que empiezan a narrar su historia superan cualquier expectativa preconcebida; además, resulta aconsejable tener algún pañuelo a mano... Lo sé por experiencia propia, cuando sumergida de lleno en el pasado de la pareja, en determinado pasaje muy tierno, tuve que pedir que me alcanzasen el rollo de papel de cocina que era lo que teníamos a mano. 

Lo primero que llama la atención de estas personas es la similitud entre sus nombres; el de él contiene las letras que forman el ella, como si el nombre de uno cobijase al de la otra. Y esa impresión influye en la idea que te formas de la pareja, aún antes de conocerles. 

Se vé que Emi es fuerte, luchadora y decidida; una mujer de rompe y rasga, que se decía entonces, cuando ellos se conocieron.
Emilio concuerda con el ideal del caballero español: atento con las mujeres, educado y muy generoso.
Es él quien propone el título de este post: 

La chica de la maleta

Un día de verano del año 1972, que empezó como si nada extraordinario pudiese interrumpir la rutina de los devenires cotidianos, Emilio, que era albañil, salió de casa para ir a trabajar. Desde el tejado de la vivienda que estaban construyendo se divisaba buena parte del pueblo, Fuente de Santa Cruz, incluso se veía llegar a los viajeros por el camino de la estación. 

A Emilio le gustaban las alturas, de vez en cuando levantaba la vista para contemplar durante unos segundos un horizonte que solo cambiaba ligeramente con las estaciones. Cuando llegaba un viajero, la faena se interrumpía para comprobar de quién se trataba: interesaba si era foráneo o no, desconocido o de algún pueblo cercano... 

Aquella tarde, con una mano a modo de visera para que el sol no le cegase, Emilio vislumbró a lo lejos una silueta. No distinguía si era hombre o mujer, joven o viejo, pero sí que llevaba una maleta. 
Poco a poco, la forma fue cobrando definición; se trataba de una jovencita muy agraciada y salerosa que se atrevía a vestir minifalda. 

El muchacho se sintió atraído por esa mujer desconocida desde el instante en que le puso la vista encima. A pesar de que notaba que el corazón le latía en la garganta, no se arredró y se atrevió a lanzarle algún requiebro que ella aceptó complacida.

Emilio no tardó mucho en averiguar que la joven era nieta de una vecina que vivía frente al bar de la familia: «Casa Emilio».
Mientras cenaba, empezó a maquinar qué podía hacer para que la chica de la maleta se fijase en él. Aunque ya se había enterado de que se llamaba Emi, era incapaz de olvidar la estampa que había contemplado unas horas antes por el camino de la estación. 

Ninguna de sus ocurrencias le parecía apropiada. No podía abordarla sin más, tenía que ser sutil. Tan evidente y sencilla era la solución, que tardó en darse cuenta, pero cuando lo hizo, enseguida puso en práctica la estrategia.

Cogió la guitarra española y salió decidido a la puerta del bar. Le gustaban las canciones de Julio Iglesias, se sabía todas las letras. Esa noche su voz fue un reclamo para el amor que había nacido a primera vista. 

Curvas de guitarra
Tienes una sorpresa en el enlace que contiene el nombre del cantante.
 ¡Pincha sobre él!


Emi, desde el otro lado de la plaza, escuchaba la guitarra y la voz armónica y viril que acompaña la música. Adivinó enseguida que quien estaba cantando era el albañil que le había piropeado desde el tejado de una casa. Era tan guapo que resultaba imposible no fijarse en él.

Empezaron a encontrarse a menudo, unas veces de forma fortuita y otras provocada. Ambos eran conscientes de que en el pueblo había que andarse con cuidado y no dejarse ver, pero el afecto que había nacido entre los dos acabó siendo un secreto a voces.

Emi, que con tan solo quince años se había enamorado, no aspiraba a mucho, se conformaba con escuchar las palabras de amor de las canciones de Julio Iglesias que Emilio cantaba como si se las estuviese susurrando a ella.
                                                       
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El tiempo transcurrió demasiado rápido para los dos. Los días se fueron acortando y la proximidad del otoño empezó a notarse en la frescura de las noches. Por aquellas fechas se celebraba la función de Nava de la Asunción (así llamaban a la fiesta de ese municipio), y allí fue donde por primera vez, fuera del dictado de lo conocido, surgió para los dos la anhelada oportunidad de estar solos.

Bailaron, hablaron y sintieron vibrar sus cuerpos con cada roce tímido al principio. Emilio percibió la levedad de la cintura de Emi: aquella curva, entre el torso y el vientre, que se estrechaba rotunda para realzar la silueta de guitarra española de la muchacha. A través de la tela de la blusa notó la tibieza de una piel joven. Deseaba pegarse a ella y sentir el calor no solo en las manos, sino en todo su cuerpo. Suponía que ese fuego lo traspasaría y quedaría guardado en su interior para cuando tuviese que separarse de ella. Sería un recuerdo que le acompañaría en los momentos de soledad. 

Emi, tan cerca de aquel hombre, se olvidó de todo lo que no fuera el entonces tiempo presente. Concentrada en el olor a colonia que emanaba de la piel recia de Emilio, no era consciente de lo que ocurría alrededor. La música solo era una excusa para que aquellos brazos que notaba fuertes, musculados por el trabajo duro, la abrazasen. Hubiese querido que la noche no acabase nunca... 

En otras circunstancias hubiesen ido más despacio, pero ambos sabían que disponían de poco tiempo y que tenían que aprovecharlo para decirse las palabras que habían ido acumulando en el lugar del alma destinado a guardar amores, secretos y pasiones.
«Estábamos en el baile, y llegó un momento que aquello se nos quedaba pequeño... o grande, no sé, pero nos marchamos de allí porque necesitábamos estar solos.» Emi 
Agarrados de la mano se alejaron de la plaza y buscaron la intimidad de un rincón solitario y oscuro. Las palabras dulces del amor joven fueron desplazadas por del deseo carnal que había despertado en ellos desde el momento en que se conocieron.

Caricias egoístas para sentir la piel del otro..., muy juntos, fundidos en una sola sombra. Sabor a labios jugosos, a notas de guitarra que viajan en el aire de una noche de verano... Las yemas de los dedos acariciando la piel del amado, reconociéndola por primera vez, grabándola en la memoria para siempre. Caricias tímidas bajo ropas ajustadas al principio, después más libres, más osadas, pero Emilio no olvidó en ningún momento que Emi, a pesar de su apariencia, era casi una niña. Sabiendo que la sed que había despertado en sus cuerpos no se calmaría jamás, regresaron a casa. 

Llegaron al pueblo a las seis y media de la mañana. Poco después, Emilio cogía el petate para viajar hacia León, donde cumpliría con el servicio militar.
Le entristecía la separación, pero se llevaba tantos recuerdos e ilusiones con él que pensó que, bien dosificados, le durarían los veinte meses que tendría que pasar lejos de su amor.
                                                    
Paracaidista


Emi, por su parte, regresó con su familia a Madrid. También ilusionada y dispuesta a esperar al que por entonces ya sabía que sería el hombre de su vida.
                                          
                                              
La chica de la maleta

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A partir de este momento, y durante cuarenta y cuatro años, sus vidas transcurren por separado.
Habían acordado cartearse a menudo, y al principio lo cumplieron a rajatabla, sin embargo, a pesar de que Emilio escribía a Emi, ella solo llegó a recibir una carta. 

¿Qué ocurrió con el resto?


La madre de Emi consideró que el futuro que había planeado para su hija se veía amenazado si la relación entre la pareja se consolidaba. No quería que su hija acabase en el pueblo, aspiraba para ella a futuro mejor. Si llegó a leer las cartas o no, Emi nunca lo supo, pues no fue hasta que su madre enfermó de gravedad cuando confesó lo que había hecho. 

A pesar de su juventud, y ante tan duro golpe, nuestra protagonista tuvo que dejar de trabajar para hacerse cargo del cuidado de su progenitora, de hermanos y padre. Ya en su lecho de muerte, la madre le confesó todo. Emi cree que cambió de opinión respecto a continuar guardando el secreto porque se sintió en deuda con ella. Ya no había remedio...

Emi se casó y tuvo cuatro hijos que la colmaron de felicidad. Quiso a su marido, pero nunca, jamás, olvidó a Emilio.

Por otro lado, Emilio también contrajo matrimonio y tuvo un hijo al que adora, a pesar de lo cual, no fue feliz. Refiere que con los años se le olvidó sonreír. Vivía en un estado de perpetua amargura. Aguanto lo que pudo y se acostumbro a vivir inmerso en una pesadilla diaria. Cuando su esposa y él se separaron, dejó de cuidarse. Estaba enfermo de tristeza. Llevaba tanto tiempo así que no veía la salida a ese malestar que le aquejaba desde lo más hondo. Se abandonó, sin esperanza, se limitó a sobrevivir al día a día...

Volvemos a dar un salto en el tiempo, en esta ocasión reaparecemos a finales del año 2015. 
Emi asiste al funeral de un primo suyo que había fallecido en Olmedo. En el tanatorio se encuentra con un familiar de Emilio que le cuenta la situación dura por la que está atravesando.
Ese día empieza a fraguarse la segunda oportunidad para la pareja. El destino se había aliado con ellos para enmendar lo que una decisión equivocada había impedido en el pasado.

Emi decide llamar a Emilio. Según sus propias palabras:
«No se me puso nada por delante. Hubiese saltado por encima de mi marido e hijos si hubiese sido necesario». Emi
Emilio cuenta cómo fue esa primera conversación después de cuarenta y cuatro años.
«Me dijo: "Soy Emi, ¿te acuerdas de mí?" La respondí: "Solo conozco a una Emi"». Emilio
Así comienza de nuevo su historia juntos. Con gran confianza, confiesan su temor a defraudar al otro porque ya no son los jóvenes de antaño. Bromean, pero Emilio le asegura a Emi que en cuanto la vea, sin duda, la va a reconocer.
Se citan frente a la catedral de Ávila. A ella la acompaña un hijo, que después contaría que se sintió como un padre que conduce del brazo a una hija, hacia el altar, en el día de su boda. 

                                                                               
Reencuentro


Entre la gente, se buscan con la mirada.
«La vi llegar. La reconocí por su sonrisa. Nos abrazamos..., después la separé de mí para mirarla bien, porque apenas me había dado tiempo a verla. Estaba preciosa.» Emilio
Con estas palabras, acompañadas de la mirada de adoración que dedica a Emi al pronunciarlas, nos deja a todos los presentes sin habla. Casi puedo ver la escena y percibir, al ver la emoción que el recuerdo les produce, lo que ellos sintieron durante el  reencuentro.

A partir de ese día feliz para ambos, como cualquier pareja de enamorados, empiezan a hablar por teléfono (a veces hasta tres horas) y a verse cada vez que tienen ocasión. Tienen que recuperar el tiempo perdido. Ahora, en la madurez de sus vidas, no consentirían que nadie manipulase lo que sienten el uno por el otro: AMOR.

Meses después, en el pueblo donde se conocieron, aparece una pintada de autor desconocido, aunque no faltan suposiciones.
Amigo Emilio, Emi Caballero siempre fue tuya.
El mensaje es revelador, pero a pesar de los comentarios que suscita en el lugar, los protagonistas lo ven como un hecho anecdótico que no influye para nada en su situación actual.

La serenidad de ambos mientras hablan da para pensar mucho, sobre todo por el agradecimiento que manifiestan hacia el destino, o la vida, que les ha vuelto a unir. No se lamentan de lo que pudo haber sido y no fue. Gozan de la ilusión del primer amor como si el tiempo de separación solo hubiese sido un paréntesis corto y ellos fuesen los mismos de antaño: un chico guapote que toca la guitarra y canta, y una muchacha moderna, Miss Alcorcón, ahí se dice todo, que camina con una maleta de la mano por el camino de la estación.


La rosa se abre

Para Emi, Emilio y toda su familia, de Fuente de Santa Cruz y de Olmedo.
A menudo recuerdo la tarde que pasé en vuestra compañía, fue una delicia y me siento muy agradecida por haberos conocido.
Un abrazo enorme,
Carmen








                                                        









14 comentarios:

  1. Espero que recuperasen el tiempo perdido

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    1. Buenas tardes, Anónimo.
      Pues según las últimas noticias que tengo, muy recientes, continúan juntos y felices. Lejos de lamentarse, afrontan el día a día con ilusión y con amor, mucho amor.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  2. Que historia tan triste,pero con ese final feliz,es de esas que hacen que se te pongan los pelos de punta. A veces,el destino es el más sabio consejero,y une corazones que no deberían de haberse separado nunca,aunque sea en distancia,puesto que en sentimiento parece que siempre han estado juntos.
    Respecto a las madres,deciros que nunca intentéis decidir lo que será mejor para los hijos en el futuro,que siempre escucharemos vuestros consejos,pero dejadnos elegir y equivocarnos,que de los errores también se aprende.
    Yo personalmente no tengo nada que reprochar a mi madre en este sentido,pues siempre he hecho aquello que he querido y por lo que la estoy muy agradecida.
    Me ha encantado el post,enhorabuena a la escritora y a los protagonistas.
    Un saludo

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    1. Buenas tardes, Dama.
      En verdad, Emilio y Emi estaban predestinados. Un cúmulo de factores acabó con la relación bonita que tuvieron de jóvenes, pero ellos no se lamentan de aquello, muy al contrario, miran al futuro con ilusión porque saben que están juntos y que tienen el apoyo de sus respectivas familias.
      Respecto a lo que dices de las madres, ¿qué te voy a decir?, claro que tienes razón. A veces nos creemos más listas que nuestros hijos tan solo por tener más años, y comentemos el error de querer controlar sus decisiones. ¡Error!, hay que dejarles volar.

      Te doy la enhorabuena por esa magnífica relación que tienes con tu madre, me alegro muchísimo.
      Gracias por comentar este post y abrirte un poco a contar tu experiencia.

      Un abrazo.

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  3. Es una historia preciosa de dos personas que tenían que estar juntas de una forma u otra,cuando encuentras a tu alma gemela lo sabes y ellos lo tenían muy claro desde el principio,me da mucha pena que no les dejaran disfrutar de su amor durante tantos años,es muy injusto,y todo x que la madre de Emi pensaba que era lo mejor para su hija ,pero ellos lo han afrontado y tienen su segunda oportunidad espero de todo corazón que la disfruten y se quieran toda la vida,estos post me emocionan muchísimo y me parecen maravillosos muchas gracias araña

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    1. ¡Hola, Tere!
      La historia tiene magia. El amor que sentían el uno por el otro superó la mayor adversidad de todas: la separación durante más de media vida.
      Tengo la sensación de que a todos nos entristece lo que les ocurrió, a todos excepto a los protagonistas, que no se apegan al pasado y viven el presente con ilusión. Ya ves qué gran lección nos dan al resto.
      Historias así, Tere, se escriben solas.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  4. Un historia conmovedora..con un final que invita a la reflexión.Me alegro que sus caminos se volvieran a unir y que sus sentimientos siguieran intactos, como si hubieran permanecido en un estado de hibernación a lo largo de los años...ENHORABUENA EMY Y EMILIO y también a tí Carmen por plasmar tan bien esta historia.Reconozco que me ha emocionado mucho.Qué cosas tiene la vida no? Besos a todos!!

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    1. ¡Buenas tardes, Casiopea!
      Es una historia que no debería olvidarse jamás por el mensaje de esperanza que encierra. Cuando caemos en la desesperación y no vemos el mañana con ilusión, por muy duras que sean las circunstancias, debemos tener presente que puede ocurrir algún milagro que lo cambie todo, en este caso ha sido el milagro del amor.
      Como decía en un comentario anterior, en este caso la escritora no tiene ningún mérito, solo Emi y Emilio son protagonistas, narradores y autores a la vez.
      Eso mismo digo yo: ¡Qué cosas tiene la vida! Una de las mejores: conocer a gente maravillosa para hablar, compartir, reír, llorar...,y lo que haga falta.
      A mí también me emocionó su historia, mucho.
      Gracias por pasarte a comentar.
      Un abrazo.

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  5. ¡Oh, qué historia! Espero que puedan recuperar el tiempo perdido, que por lo que veo según tu comentario así es.
    Gracias por compartir esta historia.
    Besicos

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    1. ¡Hola, Mary Asexora!
      Tremenda la verdad. Yo no podré olvidarla mientras viva porque me conmovió profundamente. La tarde que pasé con ellos fue estupenda. Tuve la sensación de encontrarme entre viejos amigos, ¡y eso que acababa de conocerles!
      Para tu tranquilidad, y la de todos, siguen juntos, cada vez más ilusionados y enamorados.
      Gracias a ti por leerla.
      Un abrazo.

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  6. Buenas tardes.
    Una historia preciosa. Emilio y Emi, espero que seáis muy felices.
    Un abrazo.

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    1. Buenas tardes, Antonio.
      En el nombre de los protagonistas, te doy las gracias por estos buenos deseos que expresas.
      Estoy segura de que Emi y Emilio van a aprovechar muy bien esta segunda oportunidad.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo para ti también.

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  7. Que bonita historia. Cuantas como esta se habran quedado en papel, en ese papel amarillento que tiene el color del fondo de los baúles.
    Cómo nos equivocamos a veces pensando que hacemos lo mejor para los demás. En este caso y gracias al destino menos mal que las aclaraciones no han llegado tarde.
    Deseo que sean todo lo felices que su capacidad de amar les permita.
    Enhorabuena a esa pareja que conserva su amor en la esencia de su juventud.
    Gracias araña, gracias Emi y Emilio.

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    1. Buenas tardes, Atalaya.
      Antes de nada: ¡¡¡Bienvenida!!!
      Seguramente haya muchas historias como esta, de amores frustrados o de reencuentros, de finales desgraciados o de segundas oportunidades bien aprovechadas. ¡Quién pudiera tener acceso a esos secretos!, que se tragarán esos baúles que tan bien describes..., casi puedo percibir el olor del papel viejo, mezcla de años, polvo y humedades.
      Gracias a ti. Ha sido un placer leerte de nuevo.
      Un abrazo.

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