6 de junio de 2017

Relato erótico: La muñequita de la caja de música

                                                                           
Agalmatofilia
Fuente: Pixabay

Una noche más, Juan se sienta al borde de la cama y, con delicadeza, toma entre sus manos la caja de música que hay sobre la mesilla.
Después de girar la llave del mecanismo de la cuerda varias veces vuelve a dejarla en su lugar. Toma aire y lo expulsa lentamente mientras levanta la tapa.

Ante sus ojos, una muñequita de porcelana con tutú de gasa baila sobre una superficie plateada que gira mientras se escuchan las notas del Danubio Azul.

Cada noche cumple con el mismo ritual antes de acostarse, desde que tenía doce años y decidió invertir el dinero que había recaudado en su cumpleaños en ese objeto que él considera un tesoro.

Cuando la melodía termina y la bailarina se detiene, acaricia la porcelana despacio con la yema de sus dedos. Es tan pequeña, tan frágil, tan hermosa... Levanta el tutú con la uña y mira debajo, a pesar de que sabe lo que va a encontrar. La bailarina le sonríe pícara.

Poco después deja la caja abierta y se acuesta por fin. Juan espera...

La luna se esconde detrás de las nubes negras del otoño, la habitación se oscurece aún más. La respiración de Juan se acelera, sabe que ya falta poco...

Todo comienza con una partícula de luz que se va haciendo más y más grande mientras se acerca a él. Juan no pierde de vista el fenómeno que, aunque invariable, le sigue pareciendo fascinante.

Justo cuando la luminosidad se vuelve cegadora deja de mirar durante un segundo. Cuando de nuevo abre los ojos, frente a él se encuentra la muñequita de la caja de música, solo que ahora a tamaño humano. 

Sus movimientos son elegantes. Los brazos se unen por delante de la cintura estrecha a la vez que el tutú flota a su alrededor. Nunca habla; Juan sabe que las estatuas no pueden hacerlo, aunque a él le transmitan multitud de sensaciones con solo tocarlas: la pasión que el escultor puso en ellas... tal vez enamorado de la obra que creaba...
                                                  
Danza sensual

                                                  
Roza levemente la porcelana nacarada y siente cómo la excitación se materializa en su cerebro primero para después descender hacia su vientre.

La muñeca alarga los dedos finos y coloca la mano sobre el pecho de Juan. Sus pezones se endurecen al instante. Contiene la respiración mientras espera el siguiente movimiento.

Las delicadas manos de la bailarina descienden por su torso, mientras le mira con ojos negros estáticos cuyos párpados jamás se cierran.

Él permanece muy quieto, teme que si se mueve el encantamiento se interrumpa. Se concentra solo en sentir. La mano de porcelana se enreda en su vello púbico mientras el pene se endurece hasta parecer de piedra. Al poco, un dedo lo recorre hasta el glande que, al igual que una flor cuando se abre, queda liberado de la piel que lo recubre, brillante y gordo. 

La mano, antes delicada, cambia de actitud y agarra el miembro con firmeza. El movimiento es lento al principio. Dentro del puño, la piel flexible se desliza sobre la dureza que protege.

El ardor en su sexo aumenta cada vez que el prepucio emerge como si fuese la cabeza de una ballena que asoma por encima de las olas para tomar oxígeno.

Una y otra vez, la mano sube y baja. A juan le gustaría elevar la pelvis como si estuviese penetrando a la mano que mece su placer, pero sabe que no debe. En ese momento, él es una estatua. Le esta permitido gozar por dentro, pero no puede demostrar lo que siente.

Escucha el crujido acelerado de la gasa del tutú que pone la banda sonora a su gozo sigiloso. La mano continúa sin tregua, incluso ha aumentado el ritmo y la presión de cada acometida. Juan ahoga un gemido. Los espasmos en el perineo anteceden al orgasmo. El esfínter anal se cierra con fuerza y los testículos se endurecen. Es una tortura no poder expresar el deleite que experimenta. Y cuantas más ganas tiene de gritar, más se empecina en permanecer mudo.

Silencio...
Silencio...
Culminación
Imparable...
Placer...

Sucede sin más. Se libera... Mientras ocurre pierde la razón. La mente se funde en la nada y el cuerpo toma el mando. Solo importa el júbilo atávico que se derrama en la porcelana fría. El tiempo se detiene y su pupila se dilata.

Poco a poco, va recuperando el control que había perdido durante unos segundos. Como cada noche, su mano húmeda y caliente abarca el pene que ahora está un poco menos tenso. Se incorpora ligeramente y mira hacia la mesilla.

La amante marturbadora le observa desde la quietud de la porcelana sin vida. Los brazos, como siempre han estado, unidos por encima de su cabeza, un pie en contacto con el disco plateado que ha dejado de girar, el otro elevado y con la punta apoyada en la rodilla de la otra pierna.
                                                 
Tutú

                                                 

La música ha cesado. 

Juan baja la tapa de la caja y cierra los ojos. 

La curiosidad

Amalgatofilia: Se trata de una parafilia que consiste en sentir deseo sexual hacia las estatuas, muñecos, maniquíes, u otros objetos similares, sirva de ejemplo la muñequita de la caja de música de Juan. 

Y tú, ¿habías oído hablar de esta parafilia?

Aviso: A partir de ahora solo publicaré una entrada mensual. El motivo no es otro que la falta de tiempo para planificar los post. Además, creo que el verano es una época muy propicia para descansar y recolectar ideas nuevas. Os invito a que hagáis sugerencias.

La próxima entrada se publicará el día 4 de julio.
Título: 
Lencería: seda, satén y encaje en contacto con tu piel




10 comentarios:

  1. Qué post, creo que aún tengo a la bailarina dando vueltas a mi alrededor. No había oído el tecnicismo de Parafilia aunque sí lo que conlleva. Me dan ganas de comprarme un tutu de esos y probar esta noche a ver que pasa. Me gusta este post

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    1. ¡Me ha encantado tu comentario!, sobre todo la parte final. Si te decides, por favor, comparte la experiencia. Según yo lo veo, puede ser una fantasía sexual de lo más original.
      La segunda fotografía del post, por ejemplo, me parece muy sensual: corsé, mallas ajustadas, movimientos elegantes, flexibilidad...
      Gracias, Anónimo, por este comentario de hoy.
      Un abrazo.

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  2. Este post me recuerda a una historia que me contó un amigo.
    No se si conocerás la estatua de " la Fe velada", hay una en el Louvre y varias copias repartidas por museos y palacios. Es una estatua bellísima en mármol. Está cubierta por una especie de gasa pero las formas de su cuerpo se distinguen y parece casi real.
    El caso es que mi amigo era guardia de seguridad y en sus rondas nocturnas no podía evitar pararse a contemplarla hasta que una noche no tuvo por menos que tocarla los pechos.
    El mismo quedó sorprendido de la reacción que le produjo, vamos, una erección de campeonato.
    Yo tampoco conocía el término " Amalgatofilia".
    Gracias Araña por enseñarnos tantas cosas.

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    1. Buenas tardes, Atalaya.
      Tengo que decirte que la experiencia de tu amigo da para escribir un buen relato sobre un caso Amalgatofilia, ¡ya lo creo! Menuda ambientación se conseguiría en un museo a altas horas de la madrugada. Incluso los protagonistas, un guardia de seguridad y una escultura muy sensual, son ideales.
      No conocía la existencia de esa estatua, pero dadas sus características, y el efecto que al parecer causa, voy a buscarla en Internet. Has despertado mi curiosidad.
      Gracias por contarme esta experiencia (sublime).
      Un abrazo.

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  3. Buenas tardes a todos.
    Sabía que a algunas personas les gustaban las estatuas pero no tenía idea de que se llamase así.
    Me ha gustado mucho este post.��
    Muy erotico.
    Un saludo.

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  4. Buenas tardes, Capricornio.
    ¡Me alegra que te haya gustado el post!
    Me intrigan los dos rombos que me has puesto en el comentario. Me recuerdan a los que ponían en las pelis picantes de antaño. Supongo que eso significará que te ha parecido "subidito de tono", ¿no?
    Gracias por comentar.
    Un abrazo.

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  5. Hola araña, yo si que había oído hablar de la amalgatofilia. Un ejemplo de amalgatofilia, se da en la historia de Pigmalion y Galatea. Me hubiese gustado que la muñeca cobrase forma humana, realizando todo tipo de favores sexuales a Juan. Buen post Araña.

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    1. ¡Hola, Leo!
      No tenía ni idea de la historia de Pigmalión y Galatea. He de confesar que he estado indagando en la Red y ¡me ha encantado!
      Bien podría la muñequita haberse convertido en la diosa Venus...
      Gracias por compartir aquí esta información y por tu comentario.
      Un abrazo.

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  6. Esty descuerdo con leo no hubiese estado mal que la bailarina se transformara en humana,seguro que a juan le habría encantado.Un post muy erótico me ha gustado

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    1. Buenas tardes, Tere.
      Me alegra que el post te haya parecido erótico.
      Juan vive una experiencia que es muy subjetiva, y algo mágica también. Tengo la impresión de que la bailarina convertida en humana perdería parte de su encanto. Ya sabes: amalgatofilia.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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