4 de julio de 2017

Lencería: seda, satén y encaje en contacto con tu piel


                                                                                   
Desnudo parcial
Seducción sobre negro: armas de mujer


Vamos a sincerarnos todos un poco. En primer lugar, pongámonos en situación. Toca imaginar. No hace falta que cerréis los ojos, pero cada cual que lo haga como guste. 

Estás paseando por un centro comercial. No vas a comprar nada, pero de vez en cuando te detienes para mirar alguna prenda que te llama la atención: una blusa, un pantalón... No dura mucho el interés y continúas con la inspección visual. Al torcer la esquina, te quedas clavado en el suelo. Tu cerebro aún no ha procesado qué ocurre, pero algo te ha llamado poderosamente la atención...

Frente a ti, una tienda que es en sí misma un escaparate, toda ella acristalada, ofrece lencería femenina. 
La seda, el satén y los encajes, que adornan piezas sofisticadas, conviven junto a algodones virginales que inspiran suavidad y confort. 

Sujetadores de todo tipo, braguitas preciosas que en algunas ocasiones son poco prácticas, a pesar de lo cual resultan irresistibles. Corsés, camisones de texturas suavísimas, batas que parecen hechas con hilos de oro y plata tejidos por hadas sensuales... Y tangas, cuyo uso ya se ha normalizado (afortunadamente). 
                                                     
Glamour pasado

                                                     
Las bragas de nuestras abuelas han quedado relegadas a los baúles guardados en los trasteros y poco más. Cuando la mía, la señora Carmen, veía las de sus nietas colgadas en el tendedero de la ropa, para que secasen, se reía de su tamaño y las denominaba bragas de tápame la cosa. 

Solía enseñarnos alguna que conservaba de su madre, mi bisabuela, de algodón rosado cuya característica principal era la abertura central que recorría el perineo y más allá. Conclusión: no hacía falta bajarse las bragas para casi nada.
Afortunadamente, hoy en día, la utilidad de la ropa interior excede al uso de cubrir el cuerpo, ahora es un potente elemento de seducción.

Por un momento, las bragas de la abuela me han hecho perder la concentración; regresamos a la tienda. La oferta que tenemos delante es un festín para los ojos y para la libido. Sientes el subidón. ¿Será la adrenalina? Ardes en deseos de entrar para tocar todo lo que allí se ofrece...
                                                  
Body


A pesar de lo pequeños que son los probadores, avanzas decidida. 

Cuéntame: si tuvieses que elegir un solo color, ¿con cuál te quedarías?


Entras en el establecimiento, ya lo creo que entras. Empiezas a mirar ordenadamente. Tocas e intentas valorar cuál va a ser tu prenda fetiche en esta ocasión. Para seducir, siempre acabas apostando por los clásicos: el negro, el blanco, y el rojo. O tal vez te guste experimentar... 

El tacto de la seda y el raso es frío, a pesar de cual notamos calor en las mejillas. Elegimos un conjunto (imagina cómo quieres que sea; diseña, se atrevida). Tratas de engañarte pensando que lo necesitas para reponer la ropa interior más usada, pero sabes que no es así, sino que la decisión que acabas de tomar es toda una declaración de intenciones porque la ropa interior es solo eso, interior. 

¿Por qué nos atrae entonces? Al contrario que las prendas que nos ponemos encima (faldas, vestidos, pantalones...), esta no la va a ver nadie, ¿o sí?


Piel

¿En quién piensas cuando compras lencería?

Vale, puede que solo pienses en ti, porque te gusta verte bien y consideras que la ropa interior es un complemento imprescindible en el atuendo diario. 

La lencería de calidad, bien seleccionada, resulta muy favorecedora. Se adaptará y en ocasiones moldeará la anatomía femenina con naturalidad, aportando seguridad y confianza en cualquier ocasión.

La lencería es, en definitiva, un secreto de belleza. 

Pero hoy, dentro del probador, sentirte cómoda no es la prioridad. Has elegido pensando en otra persona. Tal vez sepas algo sobre sus gustos, si es así la alternativa no revestirá mayor inconveniente: sabes bien cómo encender la llama de la pasión sirviéndote del sentido de la vista.

O quizá, por el contrario, quieras experimentar y sorprenderle con algo más radical. ¿Qué tal si sustituyes la seda por el cuero? ¿Te imaginas su reacción? 

¿Llego tarde con la sugerencia porque ya has explorado esta opción? ;-)

Te dejo sola en el probador. No puedo aconsejarte porque en lo que respecta a la lencería, la decisión es muy personal. Eso sí, estoy segura que no vas a salir de ese comercio con las manos vacías. ¿Me equivoco?

                                                    
Ama
La curiosidad
«Según la mitología griega, Hera, esposa de Zeus, le pidió consejo a Afrodita, la diosa de la belleza y el amor, para seducir a su marido. Esta le entregó un ceñidor (una especie de faja primitiva). Así, cuando Zeus vio a su esposa luciendo aquella prenda bajo la túnica y cómo afinaba su figura de forma sensual, volvió a caer rendido ante sus encantos». (Historia de la lencería)

Fuentes: Pixabay
Historia de la lencería





8 comentarios:

  1. Me encanta la lencería, aunque tengo multitud de colores el negro sigue siendo mi favorito,en cuanto al cuero no me gustó mucho la verdad, aunque parezca mentira tiene poca gracia, no es nada flexible y tampoco reacciona con el cariño que lo hace la seda. Me encantan las prendas con lazos son sugerentes, eroticas y exóticas, sorprendentes,se adaptan a ti y... como rezan algunos anuncios mejor ver y probar.

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    1. Buenas tardes, Anónimo.
      El tacto de la seda es inigualable,¡me encanta!
      El cuero, en la lencería, es mi asignatura pendiente; no me veo yo vestida "para matar" de esa guisa, aunque sí me gusta la estética de las prendas de este material. y, efectivamente, pinta de cariñoso no tiene, al menos para llevarlo en contacto con la piel. Los lazos que se sueltan con solo tirar..., ¡ya te digo!, son adictivos colocados en sitios estratégicos.
      Gracias por el testimonio.
      Un abrazo.

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  2. Buenas tardes a todos. Me ha gustado mucho el post de hoy porque me ha recordado a cuando mi novia se ponía un vestido de un tejido parecido a la seda. Pasaba la.mano por encima y parecía que estaba acariciando la piel Era muy excitante. Me iba a casa con un buen calentón.
    Respondiendo a tu pregunta prefiero el color negro.
    Un saludo.

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    1. Buenas tardes, Capricornio.
      Me alegra mucho saber que este post ha servido de clavija para activar ese recuerdo tan sensual.
      Te felicito por la experiencia.
      El color negro es muy favorecedor y sugerente; también es mi preferido, aunque de vez en cuando hay que sorprender y sorprenderse.
      Gracias por compartir esa experiencia tan linda.
      Un abrazo.

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  3. Hola Araña yo soy una chica joven y me encanta la lencería, pero para ese momento erótico, para el día a día me gustan las bragas de abuela, de algodón cómodas y que tapen bien todo jajajja,me ha gustado mucho el post a ver si el próximo nos pones que es lo que mas se lleva de lencerías.

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  4. Buenos días, Anónimo.
    Renunciar a la comodidad no es necesario hoy en día, sabemos que hay prendas chulísimas confeccionadas con tejidos naturales, sin costuras... Seguro que son esas las que usas.
    Las de mi abuela, en fin, cómo decirte, eran anti lujuria total, eso sí, con la abertura en medio, determinadas partes quedaban muy "accesibles" y ventiladas, claro.
    Gracias por comentar.
    Un abrazo.

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  5. Yo cuándo compro lencería, pienso en mi novia, ya que es ella la que se las va a poner. Eso sí a la hora de elegir soy my indeciso ¡me la imagino vestida con cada uno de los modelitos y madre mía! ,¡me pongo como una moto! (de lo bien que le quedan, y lo buena que está). Buen post araña.

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  6. Buenas tardes, Leo.
    Tu novia es una mujer afortunada (además de bella, por lo que nos cuentas). Se confirma mi teoría: la lencería excita la imaginación, fíjate que poder tiene.
    Me parece estupendo que compres lencería para esa persona especial.
    Me alegra mucho que hayas disfrutado con el post. Espero que te sirva de inspiración y que te pases por algún comercio del ramo, para darte (y dar) una alegría.
    Gracias por el comentario.
    Un abrazo.

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