8 de agosto de 2017

Solo para tus ojos

                                                                     
Piel mojada

Hoy bailaré solo para tus ojos

Suena el despertador, las 7:30, aún no ha amanecido. Javier se levanta de la cama reacio a abandonar la temperatura agradable que le envuelve.


Se coloca las chinelas y se dirige hacia la ventana. Ha llovido, al igual que en los últimos tres días; se pondrá las botas altas para salir, decide. Hoy tiene una entrevista en una galería interesada en exponer sus pinturas y, aunque la cita no es hasta las once de la mañana, prefiere que le sobre tiempo.

La ventana de su dormitorio está abierta a un patio interior. Desde donde está puede ver a las personas que viven al otro lado. Le gusta asomarse a las vidas ajenas, se justifica pensando que lo hace porque las imágenes le sirven de inspiración para su obra.

En el piso de la derecha vive una madre con su hijo; Javier suele contemplar las muestras de cariño entre ambos.
En el apartamento de la izquierda se ve la sala de estar de una pareja de ancianos. A veces discuten porque no se ponen de acuerdo sobre qué programa ver en la televisión; la mayoría del tiempo están en silencio.

La ventana del centro pertenece al 3ºB y es la que tiene mejores vistas desde su dormitorio, solo que el piso lleva deshabitado mucho tiempo. Hasta hoy...

Javier observa intrigado cómo una luz se enciende y una silueta femenina se acerca a la ventana. La humedad que empaña el vídrio parece una túnica de gasa sobre su cuerpo desnudo. La imagen que tiene ante sí es tan sugerente que querría plasmarla en un lienzo. Lo que se insinúa a través del vidrio velado es el nacimiento de una diosa, encerrada en una placenta opaca de cristal, a punto de hacer realidad el sueño atávico del hombre.

La mujer se aproxima a la ventana y con una mano retira la humedad y se asoma al exterior. Javier distingue ahora los ojos grandes y el pelo oscuro que enmarca la cabeza. La piel es del color del café con una nube de leche. 
                                                                                                 
Ébano

Preocupado, retrocede unos pasos, no quiere ser descubierto. Aún es de noche y su habitación está a oscuras, así que está seguro. 

La mujer se retira al interior de la vivienda y él permanece a la espera. Segundos después regresa con un paño blanco y limpia la ventana. La nitidez de la imagen que se revela le deja sin aliento. Bajo el pantalón de su pijama, el Gran Cocodrilo despierta.

Embelesado, Javier admira cómo eleva los brazos estirados por encima de la cabeza y une las palmas de sus manos. Su torso se tensa y los pechos se levantan con los pezones erizados, se pregunta si por el frío o por la excitación.

En el ombligo, una joya lanza un destello cristalino cuando la mujer comienza a mover las caderas como si estuviese dibujando ochos sobre el plano imaginario de su espacio vital.

Al principio los brazos se mantienen inmóviles en lo alto, pero después se unen al balanceo de la cadera. Parecen serpientes que ondulen sus cuerpos alargados bajo el encantamiento de la flauta de un faquir. Los giros de las muñecas permiten a las manos esbozar dibujos sinuosos, hipnóticos. Los dedos se unen y se separan, desgarrando el aire con suavidad.

La mujer baila, pero él no puede escuchar la música que inspira esa danza.

Javier siente que todo su cuerpo se tensa. El Gran Cocodrilo tiene hambre. Sin dejar de mirar lo que ocurre en la habitación de enfrente, introduce la mano por dentro de la cinturilla del pantalón del pijama y libera a la bestia.

En vez de escamas, el Gran Cocodrilo tiene una piel rosada muy suave y un solo ojo, pequeño, pero muy sensible. Javier pasa la yema del dedo pulgar por su abertura mientras lo agarra por el cuello. Encerrado en su puño, la bestia crece cuando comienza el movimiento arriba y abajo.

Imagina que otra mano toma el relevo en la caricia. La mujer se desdobla... continúa moviendo las caderas y balanceando los senos cada vez más rápidamente, pero al mismo tiempo percibe una boca de labios gruesos y oscuros pegados a su oreja, exhalando un aliento cálido que sin embargo le produce escalofríos.
                                                       
Sensual
 
Como si fuese un sueño, advierte que la bailarina se coloca en cuclillas, sin dejar de contraer el vientre, que parece un mar de ébano mecido por suaves olas. Su sexo se pierde en la oscuridad de la carne. Lo imagina como una gruta húmeda y profunda que conduce al epicentro del maremoto que se desencadena bajo el cráter de su ombligo

El Gran Cocodrilo, veintitrés centímetros de fiera, tira del resto del cuerpo y Javier avanza hacia la ventana precedido del lagarto. 

Las manos femeninas están ahora apoyadas sobre las rodillas. Lentamente se desplazan por la cara interna de los muslos hasta las ingles.

La bestia reptiliana, ahora fosilizada en dura roca, colea y abre las fauces. Él ralentiza la presión y velocidad de su puño para que se aplaque.

No dura mucho la calma; siente que pierde el dominio cuando la mujer separa los labios de su vulva, que parece de terciopelo grana, con una mano, mientras con la otra acaricia el lienzo oval.

Las caderas se columpian suavemente y los dedos, como si fuesen micropenes unidos, se sumergen dentro de la vagina, para a continuación emerger y volver a zambullirse en ese mar que él intuye de aguas gelatinosas y envolventes.

Ajustándose al ritmo del placer ajeno, Javier se ocupa del suyo propio. Cuando la mujer, con la boca abierta, echa la cabeza hacia atrás para inmediatamente caer de rodilla, poseída por mil demonios, Javier, aunque no haya escuchado nada, sabe que ha gritado.

Con los párpados fuertemente apretados une su propia voz a la de ella, un alarido que se pierde en el silencio que ambos comparten. Él también cae de rodillas mientras su cuerpo convulsiona con los espasmos de un placer que parece no tener fin.

Un minuto después, abre los ojos y contempla la espesura blanquecina de su esencia que ha salpicado el cristal y se desliza lentamente.
Al otro lado, la danzante se pone de pie y, como si fuese el escenario de un teatro, cierra las cortinas.

Javier la imita lleno de energía. Está seguro de que va a conseguir sus objetivos y, en cuanto termine la entrevista empezará a pintar un cuadro. El título de la obra: "Solo para tus ojos".
                                                      
Ángel de lujuria

Bueno, ¿qué me dices? ¿Te ha gustado asomarte a esta ventana?
Otra pregunta: ¿Crees que los artistas se inspiran observando a otras personas?


                                                  



                                                                               

10 comentarios:

  1. Mira que desde mi ventana se ven cosas interesantes pero como esa noooo. Donde dices que vive? Y sí, estoy segura de ello y no es difícil de entender porque a veces ciertas imágenes son inspiradoras de verdaderas obras de arte, escritas, esculpidas, plasmadas en lienzos, ...

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    1. ¡Hola, Anónimo!
      Pues sí, estoy de acuerdo con que ciertas imágenes inspiran que no veas. Todo está en la mente. La imaginación es un aliado poderoso, pero para eso hay que estar predispuestos al juego..., como los dos personajes del relato de hoy.
      Gracias por el comentario.
      Un abrazo.

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  2. Muy inspirador. Pero yo esperaba la segunda parte de las pesadillas, que llevo un mes sin dormir! !!!!!

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    1. La semana próxima. Y te informo que la historia es muy complicada, casi tanto como la personalidad de la protagonista. Nos ponemos serios; además de la erótica, me gusta el drama extremo...
      ¡Besos!

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  3. Buenas noches!!
    Mira que no suelo mirar por la ventana,pero creo que desde ahora voy a empezar a hacerlo por si me pasa algo parecido,aunque viendo a mis vecinos...no lo creo,jajaja.
    Yo pienso que muchos artistas se inspiran observando a otras personas,de hecho,en algunas calles de mi ciudad se puede ver a pintores retratando a gente sentada en un banco,un grupo de personas conversando,etc.
    Un saludo!

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    1. ¡Hola, Dama!
      Sí, mira a ver si te encuentras alguna sorpresa "solo para tus ojos". Si ocurre, retransmite, por favor.
      Hemos hablado muchas veces por aquí de que la realidad supera la ficción. Hay caras, gestos, actitudes..., que caracterizan a la persona. Por ejemplo, si te veo llorar, sentada en un banco retirado a la sombra de un árbol centenario y vestida de negro, ten por seguro que me voy a montar una película que no veas, cuando en realidad puede que estés así porque se te haya muerto el pez (que pobrecillo, vaya).
      Conclusión: los artistas buscan los tres pies al gato de la realidad.
      Gracias por el comentario.
      ¡Abrazos!

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  4. Buenas tardes a todos.
    Yo creo que el cocodrilo es un poco grande, 23 cm. Te has pasado con el tamaño, jajaja!
    Yo no tengo vecinos enfrente, así que no puedo inspirarme como el resto.
    Creo que los artistas en general se inspiran en la que ven porque se fijan en cosas que los demás ni nos enteramos que las tenemos delante. Para ejemplo te tenemos a ti Araña.
    Me ha gustado este relato de hoy.
    Un saludo.

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    1. ¡Buenas tardes, Capricornio!
      A ver, sobre los veintitrés centímetros, ¿por qué crees que se llama Gran Cocodrilo? ;-)
      Bueno, si no tienes vecinos enfrente que "te inspiren" puedes utilizar la imaginación; mejor todavía: ¡lee La Araña Rosa!
      Me alegra mucho que te haya gustado el relato.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  5. Desde mi ventana sólo se ven tejados y un par de árboles desafortunadamente no tengo muchas posibilidades de poder ver a nadie y menos así de interesante,me parece que Javier estaba muy inspirado pero no x pintar precisamente él estaba pensando en otra cosa seguramente,buen post

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    1. ¡Hola, Tere!
      Javier tuvo un buen despertar, sin duda. Yo, que me levanto dormida, no me fijo en nada que no tenga que ver con la meteorología. Claro, que la ventana de mi dormitorio está orientada a un patio interior...
      Y no seas perversa, que Javier, el pobre, necesitaba ir relajado a la entrevista. Lo de la inspiración llegó después de...
      Gracias por comentar.
      ¡Un abrazo!

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