5 de septiembre de 2017

El charquito

                                                      
Amor en la piscina
¿Te gusta nadar en compañía?

Marisa se despierta porque los rayos del sol han alcanzado su lado de la cama. Aunque se ha cubierto con la sábana porque quiere dormir un poco más, el brillo de la luz se cuela por cada fibra del algodón y le calienta la piel, despejándola por completo.

Está desnuda, pero antes de salir del dormitorio se coloca la camiseta que ayer llevaba puesta Rowan. Por cierto, no le ha oído levantarse, ¿dónde estará?

El ruido del chorreo del agua orienta sus pasos hacia la cocina. Le encuentra frente a la pila, fregando los cacharros de la cena. Veranear en el pueblo tiene sus incomodidades, por ejemplo: no tener lavavajillas.

Está tan concentrado en la tarea que no parece que se haya dado cuenta de que tiene compañía.
Marisa observa su espalda desnuda un poco encorvada para adaptarse a la altura del grifo. Aún tiene puesto el pantalón de pijama; sabe que no lleva ropa interior: siempre se la quita para dormir.

Mientras frota el cazo que utilizan para calentar la leche, sus caderas se impulsan rítmicamente hacia delante una y otra vez. Bajo la tela azul del pantalón se adivina la contracción de los glúteos. Le gusta mucho esa parte de la anatomía de Rowan. Es uno de sus puntos fuertes, pero no el único. 

Su pelo rojo de irlandés, un poco largo ya, está húmedo..., como la noche anterior. Al recordar lo ocurrido, Marisa nota que su pulso se acelera. Bajo la camiseta, sus pezones se hinchan y presionan contra la tela. Desea acercarse para pegar su torso, ahora tan sensible, contra la espalda amada, pero se contiene. 

Él la ha enseñado que el placer se multiplica cuando consigue dominar los primeros impulsos sexuales, cuando se permite prolongar el juego..., y eso hace ella ahora, pone en práctica la disciplina que ha aprendido de Rowan. Quiere ser una alumna aplicada.

En el patio de la casa hay una pequeña piscina antigua. Ellos la llaman "el charquito", dado su tamaño. Sirve para refrescarse y poco más, pero en las noches tórridas, cuando los grillos no cesan su canto de verano hasta avanzada la madrugada, se agradece meterse dentro y sentarse en la oscuridad, con el agua hasta el cuello, a contemplar las estrellas. 
                                                      
Buscando sirenas

El día anterior, como cada atardecer, con una cerveza en la mano, habían salido a contemplar cómo desaparecía el sol tras las paredes de piedra que rodean el jardín. Juntos, sentados en un viejo balancín, se mecían mientras el cielo iba cambiando de color. Los rojos se fundían con púrpuras y amarillos hasta derivar en el ultramar más oscuro. La luna se dibujaba, nítida, antes de que las estrellas se encendiesen.

Quizá fuese porque la noche estaba resultando ser la más calurosa del verano, o tal vez porque el agua del charquito a esa hora era la réplica de un pedazo cielo y a Rowan le apeteciese bañarse en un pequeño firmamento. El caso es que interrumpió el silencio del momento.
-¿Nos bañamos?
-¿Desnudos? -preguntó Marisa rápida.
-Vamos -dijo él poniéndose en pie con una mano tendida hacia ella.
Poco después, las ropas de ambos quedaron en el suelo, junto a la piscina. El primero en meterse en el agua fue Rowan. Sentado como estaba, el agua le llegaba casi a la barbilla.
-¡Está divina! Ven.
Marisa se introdujo lentamente. El contraste de temperaturas era agradable, pero quería disfrutar del agua despacio, para prolongar el efecto refrescante durante el mayor tiempo posible.
-Acércate. Siéntate aquí -pidió Rowan señalando su regazo.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Marisa. Ambos estaban desnudos..., con ninguno de sus amantes se había metido en el agua así, sin bañador. La novedad la estaba excitando.
                                                      
Gotas de rocío


 Lentamente, se dejó caer de espaldas sobre las piernas estiradas del hombre. La sorprendió el calor que irradiaba la piel masculina a pesar de la temperatura del medio. Y esa fogosidad se multiplicaba entre sus glúteos, donde había quedado encajada la dureza del pene de Rowan.

Sintió los labios del hombre deslizándose por su cuello y espalda, alternando besos con suaves succiones. El cosquilleo que sentía le impedía permanecer quieta. Marisa percibía cómo el agua bailaba a su alrededor y le lamía la piel que no estaba inmersa. 

Como si fuesen pececillos juguetones, los dedos de Rowan empezaron a rozar sus muslos. Se deslizaban ingrávidos por su piel a la vez que con las yemas dibujaban círculos que ascendían hacia su entrepierna... Pero antes de llegar se detuvo en sus ingles; con las palmas de las manos extendidas y los pulgares hundidos en ellas enmarcó el triángulo de su monte de Venus, de tal forma que parecía que a su sexo le hubiesen crecido alas. 

Rowan presionaba hacia abajo a la vez que impulsaba la pelvis hacia arriba, y Marisa era cada vez más consciente de lo que tenía entre los glúteos, rozándole el perineo.
-Tócate, preciosa -susurró en su oído Rowan.
-Prefiero tocarte a ti... deja que me de la vuelta...
-No, espera un poco. Quiero que antes te corras así, según estás. 
-Voy a hacer algo mejor -dijo Marisa agarrando la mano derecha de Rowan y llevándola hacia su vulva-. Me voy a masturbar con tus dedos.
Su mano, pequeña en comparación con la masculina, aprisionó los dedos del otro por la base y empezó a acariciar todos sus pliegues, hurgando por cada rincón, exponiendo su sexo, abriéndolo como capullo de amapola que estalla para mostrar sus pétalos.

No quiso ir demasiado deprisa, sabía que si dirigía aquellos improvisados micro dildos hacia su clítoris no tardaría mucho en llegar al orgasmo, y ella quería retrasar ese instante..., tal y cómo Rowan la había enseñado. 

Tenía que prolongar el juego...

Se inclinó un poco hacia adelante para sentir más cerca de la entrada de su vagina el roce de la base del pene del amante. Al hacerlo, sus pezones hinchados rozaron el agua y un escalofrío la recorrió partiendo de esa zona. 

Los dedos del hombre, que al principio no se movían, se mostraban ahora más activos. Juntos exploraban los volúmenes más sensibles de su sexo. Habían empezado por recorrer de arriba abajo los labios abultados, yendo después, como si se estuviesen enterrando en una fruta madura, hacia su clítoris.

El corazón de Marisa empezó a latir más allá de su pecho, cuanto más trataba de contener, de dominar el placer, más se empeñaba su cuerpo en culminar lo ya imparable. Cuando Rowan introdujo los dedos en su interior, gimió rendida y se dejó llevar. A través de la vagina abierta, su vientre sumergido parecía absorber con cada contracción parte del agua de la piscina. Cerró los ojos y la oscuridad fue total. En brazos de su amado, creyó diluirse como un terrón de azúcar en una taza de café caliente.

Cuando abrió los ojos, aún bajo la influjo de los últimos coletazos de placer, sonrió y se giró hacia su amante.
-Ahora te toca a ti -dijo a la vez que sumergía la cabeza hacia el regazo de Rowan.
Abrió la boca para abarcar el pene del hombre y notó el sabor del cloro. La sensación era tan diferente bajo el agua... En el sexo le gustaban las novedades, pero aquella práctica, aunque muy placentera, tenía un grave inconveniente: ella aguantaba poco tiempo buceando. Sus pulmones empezaron enseguida a clamar por una bocanada de aire. Emergió y aspiró con fuerza. Su amante la miró divertido antes de ponerse en pie.
-Espera un momento -dijo al mismo tiempo que salía de la piscina.
Marisa estaba intrigada, ¿dónde habría ido Rowan?
No tardó mucho en regresar, en sus manos llevaba algo que no pudo identificar hasta que lo tuvo frente a la cara.
-Vamos, ponte esto -pidió él entregándole los objetos-. Así podrás tomar aire, cuando lo necesites, sin sacar la cabeza. ¿No te parece una buena ocasión para estrenar las gafas y el tubo de snorkel  que se te antojaron el otro día? 
                                                           
El charquito
¿Qué me dices hoy? ¿Te gustan los baños a la luz de las estrellas? 


16 comentarios:

  1. Mmmm, baños a la luz de las estrellas...
    No estaría mal, pero no se yo las noches en algunas zonas de Castilla, son fresquitas.
    En mis recuerdos de juventud hay baños a la luz de las estrellas, pero claro, también hay amenazas del propietario de la piscina y carreras por una huerta descalza.
    Por cierto, mis pantalones cortos nunca aparecieron, nunca volví a por ellos.

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    1. ¡Vaya, menuda anécdota la tuya! Eso sí que son emociones fuertes, que te pillen en una propiedad privada con los pantalones bajados :-)))))
      Buenas tardes, Atalaya. Es cierto que en Castilla es raro que las temperaturas nocturnas permitan un baño tan prolongado, excepto este año, claro, que hemos batido récords. Por si acaso, ahí queda este relato, por si alguien se anima a probar.
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.
      PD: ¿Cómo estaba el agua de la piscina en aquella ocasión?

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    2. En aquella piscina de las afueras del pueblo el agua siempre estaba helada.
      Pero nos hacíamos los valientes, jjjj

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    3. ¡Jajajaj! Qué locuras más divertidas eran aquellas. En mi pueblo estaban de moda los baños nocturnos en el río. Veníamos a casa con los labios morados.

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  2. Pues sí que dio de sí ese charquito... ¿Veis? Si habiendo maña, no importa el tamaño, jajaja.
    Fantástico relato.
    Besicos.

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    1. ¡Hola, Mary Asexora!
      El tamaño no importa, claro que no, sobre todo cuando la imaginación y la pasión van sobradas.
      Por cierto: ¡tengo un charquito en el patio trasero de la casa :-))!, pero no tengo máscara de snorkel
      :-((
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  3. Buenas tardes a todos.
    Esto es otra cosa, Araña, leyendo este relato me he decidido a poner una piscina en mi patio, y si hace falta me compro unas gafas de buceo para mi pareja.
    Enhorabuena por este relato.
    Un saludo.

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    1. Buenas tardes, Capricornio.
      Me alegra que te haya gustado el relato y que continúes siguiendo a La Araña Rosa después del post anterior. ¡Gracias!
      Te recuerdo que estamos casi en otoño, o sea, que no sé si será buena idea colocar una piscina en el exterior, pero vamos, la decisión es tuya. Por cierto: ¿tú no piensas usar las gafas de buceo?
      Un abrazo.

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  4. A mi me encanta darme un bañito a la luz de la luna y con todo el firmamento sobre mi,me parece un momento único y muy especial sobre todo si es con la persona que tú quieres,pero vamos que con lo acuática que soy yo si alguien me quiere invitar a su charquito a cualquier hora a darme un baño con charlita incluida también me vale que no soy exigente,buen post

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    1. Buenas tardes, Tere.
      Vamos, que también te apuntas a un baño social con charla incluida. Me parece estupendo, aunque seguro que de poder elegir, te decidirías por un baño íntimo en compañía de alguien especial, sea escocés o español.
      Y tú, ¿tienes gafas de buceo?
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  5. Por favor pero qué cosa más incomoda se mete el agua por todos los sitios, por todos y para qué más cuando estás en el mar aún peor pica, escuece, te escurres no hay donde sujetarse. ... vamos que prefiero otras experiencias

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    1. ¡Oh, vaya, me acabas de dar una idea chulísima para un relato!
      Buenas tardes, Anónimo.
      Después de leerte, me pregunto qué habrás hecho en el mar para especificar tan bien lo que ocurre en esa tesitura ;-)
      Tienes buena parte de razón, porque el agua arrastra la lubricación natural de las mucosas, motivo por el cual, por muy erótica que parezca la experiencia, las relaciones sexuales pueden ser molestas en el medio acuático. Aunque no me dirás que el vaivén de las olas no tiene su puntito, ¿eh?
      Gracias por leer este relato.
      Un abrazo.

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  6. Si que tengo gafas pero son de nadar no de buceo...

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    1. También sirven al propósito, pero te haría falta el tubo para coger aire de vez en cuando..., que no quiero ser la responsable de ningún ahogamiento.

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  7. Ayyyy el charquito...con lo que me gusta a mi el agua!!Y si es un baño por la noche,mirando las estrellas y con buena compañía mucho mejor. Y me gusta la idea de Rowan de usar las gafas de snorquel,que a veces compramos cosas que nunca utilizamos,y ¿que mejor manera de probar si funcionan que ésta? jajajaja.
    Muy buen post araña,me ha gustado mucho.
    Buenas noches.

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    1. Buenas noches, Dama.
      A mí también me gustan los baños nocturnos en buena compañía.
      Fíjate lo que son las cosas, las gafas de snorkel me parecían una chorrada hasta ahora que he escrito este relato. Ahora veo que tiene su utilidad incluso en una piscina "casera". 8-)
      Gracias por entrar a comentar.
      ¡Feliz noche de sábado!
      ¡Un superabrazo!

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