31 de octubre de 2017

1...,2...,3... ¡Desaparece!

                                                                               
posesión
Y la sombra se hizo carne ante mis ojos; después, la nada...

31 de noviembre de 1982, 23:00 p.m.

Luis suda copiosamente. La camisa se pega a su espalda. Siente las piernas acalambradas, medio enterradas en el lodo como están, y los brazos doloridos. El bosque entero parece exhalar una bruma fría que se cierne en torno a él.

Continúa echando paladas de tierra para tapar la fosa cuanto antes, sin descanso, cada vez más rápido, mientras repite:
-Un, dos, tres...¡Desaparece!
El sonido de la pala al clavarse en el suelo del bosque es el quejido de huesos que se fracturan..., le sigue un siseo intenso cuando la tierra se despega de su lecho. Trabaja deprisa. Quiere -necesita- acabar cuanto antes. 

El cuerpo apenas se ve ya, sin embargo, él intuye la mirada de unos ojos claros como esferas de agua.
                                                       
Los ojos del bosque

Por la noche, el bosque tiene ojos. Solo los árboles conocen lo que esconde la tierra bajo sus raíces... 


Un mes antes...

La primera impresión que le había producido el sótano de la casa que acababa de heredar de su tío Fernando, el raro de la familia, había sido de profundo desasosiego: un hormigueo constante en las extremidades, y los oídos taponados como cuando subía el puerto en coche; además estaba la humedad, la maldita humedad que en algunos lugares dibujaba siluetas de vírgenes retorcidas sobre las paredes de piedra, mientras que en las zonas iluminadas por la bombilla de la escalera las bañaba con una pátina brillante y viscosa.

No se consideraba un hombre valiente, tampoco tenía interés en serlo, por eso, cuando se le erizó el bello de los brazos, lo achacó al miedo a la oscuridad, a los lugares abandonados bajo la tierra, cual tumbas que esperan...

El último escalón era el más empinado. Su pie derecho se posó sobre un suelo compacto. Casi había esperado que fuese blando y embebido del agua que resbalaba por las paredes.

La linterna del móvil le permitía ver lo que tenía ante sí: una pared llena de agujeros, como pequeños nichos, donde yacían botellas oscuras. ¿Sería vino? Había oído contar a su madre que el tío Fernando era muy aficionado a empinar el codo, así que no sería extraño que tuviera una bodega bien surtida teniendo en cuenta que también tenía dinero.

Se aproximó para ver de cerca las botellas. De arriba abajo, la pared estaba cubierta con una tela de araña que crepitó al ser retirada. Se limpió la mano en el pantalón y fue leyendo la añada de la fila que tenía a la altura de los ojos: 1965. Don PX Toro de Albalá. No tenía mala pinta el sótano dichoso a fin de cuentas. 

Complacido con el hallazgo, agarró el cuello de una botella que le había llamado la atención por el color dorado del cristal. Apenas lo elevó del lecho donde se posaba, escucho un chasquido metálico y la pared se hundió ligeramente. El sótano se extendía más allá.

Empujó con cierto remilgo y el hueco se amplió sin apenas esfuerzo. La luz brillante de la linterna desveló un cuarto cuadrado no muy grande. Era algo parecido a un dormitorio, pues en el centro había una enorme cama con dosel de madera casi negra. Sobre el colchón amarillento, una manta color granate mal doblada y unas cuerdas gruesas. 

En el otro extremo, y sobre una alfombra, una caja de madera rústica que bien podría haber servido de ataúd por su tamaño y forma. Luis sintió un escalofrío que se originó en su nuca, como si un viento helado se hubiese introducido por el cuello de su camisa, pero se impuso la curiosidad... y la avaricia. ¿Y si dentro había dinero?

Acercándose, tocó la madera con un dedo. Nada, no sintió nada especial que le indicase cuál podría ser su contenido.

Agachado frente a la cerradura, observó la llave de ojo grande  que sobresalía de ella. Agarrándola con decisión, la giró. Apenas tuvo que hacer fuerza. Sin moverse, levantó la tapa.

Un grito, que no parecía haber emitido él, rebotó contra las paredes como si fuese una pelota de goma arrojada con fuerza.

Sentado en el suelo, apenas podía moverse. Cuando se tranquilizó un poco volvió a asomarse a la caja. Tal vez la imaginación le hubiese confundido...

El pelo negro enmarcaba un rostro de proporciones equilibradas. Pestañas oscuras y largas que remataban los párpados cerrados, nariz fina y recta, y labios voluptuosos y rojos. El mentón dibujado iniciaba el cuello largo que se abría para dejar paso al más bello busto que jamás hubiese soñado. Sobre ella, una tela de gasa apenas conseguía ocultar el cuerpo desnudo. La mujer parecía dormida.

Luis respiró profundamente y enfocó la luz al rostro. Tardó un buen rato en darse cuenta de que se trataba de una muñeca, tal era el realismo conque estaba hecha. Al parecer, sí que era cierto que su tío tenía gustos raros...

Levantó la tela que la tapaba para descubrir lo que aún quedaba oculto. El ombligo era un pequeño pozo oscuro, y el sexo, desprovisto de vello, una concha de nácar pulido. Tuvo que tragar varias veces saliva, pues se había olvidado de respirar y se le había secado la garganta.
                                                  
Ombligo acerado



¿Qué haría su tío con esa muñeca?

La pregunta le pareció absurda al momento. Esas muñecas tenían una finalidad concreta, aunque él nunca hubiese pensado que las fabricasen tan perfectas.

El hecho de imaginar al tío Fernando, seco de carácter y constitución, desnudo y encima de ella, le causaba una excitación extraña..., poco conveniente, aunque ahí estaba, oculta bajo el relieve triangular de la entrepierna de sus pantalones.

Algo aturdido, llevó la mano hacia uno de los pezones eternamente erectos. El tacto era dulce, como tocar una camisa de seda. Le pareció que la carne vibraba bajo su palma. Volvió a sentir la corriente de aire frío bajar por su columna hasta perderse entre sus nalgas, pero pudo más el calor que el contacto de la muñeca le había proporcionado. 

Tras colocar las manos bajo su cintura, tiró de ella para sacarla de la caja..., esperaba que pesase menos y se sorprendió al notar el tirón de sus bíceps. 

Apreció el cuerpo mullido y suave que se amoldaba entre sus brazos como si fuese una mujer real que se hubiese desmayado. Con delicadeza, se aproximó a la cama y la depositó encima. Se entretuvo mirándola un buen rato. Era muy hermosa. 

Las piernas, de muslos eternos, terminaban en un triángulo de carne despejado en cuyo centro se abría la vulva rosada, cual labios inocentes prestos a ser besados.

Le parecía que, de un momento a otro, ese cuerpo artificial fuese a ponerse de pie. Esperó inmóvil, sintiendo crecer su excitación a cada segundo que pasaba. 

Los ojos brillaban bajo la luz de la bombilla y los pómulos parecían encendidos por algún sofoco. Aquella mirada azul le intimidaba... Enseguida se dio cuenta de por qué: cuando abrió la caja, la muñeca tenía los ojos cerrados. ¿Cuándo los había abierto?
-¿Por qué me miras así? -preguntó confundido al escuchar el sonido de su voz en la habitación vacía-. Ahora eres mía ¿sabes?, y puedo hacer contigo lo que quiera, ¡lo que me de la gana!

Envalentonado, agarró a la muñeca y la dio la vuelta. Casi esperaba que se resistiese, hasta le hubiese gustado. Colocó sus manos sobre las escápulas y recorrió el contorno de la espalda hasta la cintura. Sin perder el contacto, continuó hacia las nalgas abultadas, pero firmes, y clavó los dedos en ellas, amasándolas con fuerza. 

Luis notaba el cuerpo tensó, rígido por la lujuria que le impedía razonar. El corazón le golpeaba en las costillas, y la onda de ese latido viajaba hasta su sexo transformado en un dolor muy placentero.

Sin desnudarse, se desabrochó la cremallera del pantalón y se bajó el slip. Colocado a los pies de la muñeca, tiró de sus piernas hasta la posición que considero adecuada. Preocupado, se dejó caer despacio no fuera a ser que, bajo su peso, la muñeca estallase...

Sin embargo, la sensación fue muy agradable; el cuerpo parecía acolchado en los lugares precisos. Luis se sumergía en aquellas carnes, suponía que de plástico, que tan reales resultaban. La muñeca se adaptaba a él, parecía hecha a su medida. 

Basculó la pelvis hacia adelante y notó cómo su pene atravesaba el orificio vaginal dulcemente. Y a pesar de que las paredes que recubrían la cavidad no abrazaban su miembro como cuando penetraba a una mujer real, sintió algo parecido a multitud de microesferas gelatinosas vibrando en torno a su prepucio y se acordó de los pececillos que se comían las durezas de los pies en algunos tratamientos podológicos.

Escondió la cara en el hombro de la muñeca y le mordió el cuello a la vez que aumentaba el ímpetu de las embestidas. Una y otra vez profundizaba para experimentar el masaje en la cabeza de su miembro. 

La inmovilidad del cuerpo artificial contrastaba con la aparente vida del abismo de la vagina. Nunca hubiese podido imaginar nada más morboso que aquello... El placer le confundió los sentidos cuando imaginó que la muñeca exhalaba un suspiro al tiempo que elevaba el trasero, como si quisiera ser penetrada aún más profundamente.

Minutos más tarde, complacido, se separó de ella para examinarla detenidamente. Ya no le parecía tan real como hacía un rato, ni tan apetecible su cuerpo. Decidió guardarla en la caja de madera y olvidarse de ese cuarto secreto.

Dada la hora, pasaría la noche en la casa. Se ducharía, encendería la chimenea, sacaría los bocadillos que había traído y se bebería una de las botellas de vino que había encontrado en la bodega. Dormiría en la antigua habitación de su tío.

Cuando se dio por satisfecho, y bien entrado en calor, subió las escaleras en dirección al dormitorio. Abrió la puerta y pulsó la llave de la luz. Sobre la cama, la muñeca parecía estar esperándole con la cabeza girada en su dirección y los ojos muy abiertos.

Luis experimentó una súbita pérdida de la voluntad. Era una marioneta guiada por una querencia ajena a su propio cuerpo. Aquello no podía estar sucediendo, era ¡imposible!
Un, dos, tres... ¡Desaparece! -musitó con los ojos cerrados.
Aún antes de abrirlos, Luis ya había empezado a bajar la cremallera de su pantalón. Seguidamente, arrastró el cuerpo de la muñeca hacia los pies de la cama...

31 de octubre de 1982, 23:59 p.m.

Luis se pregunta si a la muñeca le habrá entrado tierra en la boca, vacía desde la noche anterior, cuando él quiso follarla por ese agujero después de asegurarse de que no tenía dientes. 
¿Y qué más da eso ahora? Ya está hecho, ya no volverá a seducirte. Enterrada en el bosque, pronto se fundirá con las raíces de los árboles, que estrangularán su pecho y  la empalaran rompiendo su piel perfecta y falsa...
Cansado, entra en la casa, deja la pala en el pasillo, al lado de la puerta, y camina hacia la cocina. Toma un trago de vino -en un mes ha dado buena cuenta de las botellas que había en la bodega- y después sube las escaleras. Se dará una ducha y dormirá toda la noche. Quiere madrugar. Regresará a su verdadero hogar, no quiere pasar ni un día más en esa casa. 

Camina cabizbajo por el pasillo, cuando una mancha húmeda en el suelo le llama la atención. No es la única, poco más adelante hay otra, y otra más... Barro negro de las profundidades del bosque. Huellas de pies pequeños. Sigue el rastro hasta el dormitorio. Abre la puerta sabiendo lo que va a encontrar. Con la vista fija en la cama, repite una y otra vez:
Un, dos, tres... ¡Desaparece!
                                                                                                   

¿Crees que la erótica y el terror combinan bien?








14 comentarios:

  1. ...y en la profundidad de aquella habitación de la que las arañas parecían haberse echo dueñas hace tiempo colgaban sus telas cual cortinas de encaje. .... Claro coño que la erotica y el terror combinan no hay más que ver lo espectacular de tu post ya no se si soy la muñeca o Luis. Felicidades Araña me encanta

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    1. Buenas tardes, Anónimo.
      Lo tienes clarísimo, yo también. Mezclar personajes tenebrosos con la erótica permite dejar en libertad la imaginación, y eso me encanta. Aunque no creas que a todo el mundo le gusta el cóctel..., en fin, para gustos, colores, pero yo no pienso renunciar a este tipo de relatos.
      Me alegra muchísimo saber que te ha gustado "bajar al sótano". ¡Pobre Luis! :-))))
      Gracias por comentar.
      ¡Feliz noche!

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  2. En este caso, ¡encaja a la perfección!
    Besicos

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    1. Hola, Mary Asexora.
      ¡Eso me parece a mí! Oye, ¿y lo divertido que es escribir sobre tal mezcla?
      ¡Feliz noche!
      Un abrazo.

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  3. ¡Ahhh!, ¡qué fuerte!, siempre nos dejas con las ganas de más. Yo que quería saber si la muñeca mató (a polvos)a Luis. La erótica y el terror combinan muy bien. Buen post araña.

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  4. ¡Jjajajaj! Buenas tardes, Leo.
    ¿Cómo quieres que acabe? Decide tú el final que creas conveniente... ¡Ya me gustaría saber cómo cerrarías la historia!
    Gracias por comentar.
    Un abrazo.

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  5. Claro que encajan perfectamente!!!A mi personalmente me dan mucho miedo las muñecas,y si son vivientes mucho mas.Pero en este post hay una mezcla muy buena de terror y erótica,y mientras vas leyendo no sabes porque estás más acelerado,si por la primera,o por la segunda.
    Muy buen post araña.
    Un saludo.

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    1. Buenas tardes, Dama.
      A mi también me dan muy mal rollo las muñecas, y mucho más aún los payasos, esos si que me ponen los pelos de punta.
      Me alegra lo que me dices de "acelerar" porque eso es señal de que el relato ha cumplido su función. O sea, ¡encantada de acelerarte!
      Gracias por comentar.
      ¡Un abrazo enorme!

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  6. Buenas tardes a todos.
    Aunque ya he dicho anteriormente que los relatos de fantasía no me suelen gustar, este me ha parecido interesante, pero prefiero los relatos entre personas normales, no paranormales...
    Respondiendo a tu pregunta, prefiero los géneros separados.
    Un saludo.

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    1. Buenas tardes, Capricornio.
      ¡Vaya, he aprobado por los pelos! Qué bien que te haya parecido interesante, aunque con matices.
      Ya sabes que me gusta utilizar la fantasía en los relatos..., aunque no guste a todos los lectores de La Araña. Prometo resarcirte y agarrarme a la realidad; aunque tengo alguna duda sobre cómo somos las personas normales..., ¿Qué me dices?
      Gracias por el comentario.
      ¡Feliz fin de semana!

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  7. Encajan perfectamente,a mi son las historias que más me gustan dado que el terror es uno de mis géneros favoritos y si ya se mezclan con el erotismo...me imagino un final un poco aterrador para Luis y a la vez con tonos gratificantes pero eso será otra historia

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    1. ¡Hola, Tere! ¡Feliz domingo!
      Pues sí, el destino de Luis, condenado a permanecer eternamente en la casa, pinta mal, muy mal. ¡Placeres mortales!
      Gracias por comentar.
      ¡Un beso!

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    2. Por cierto, a mí también me gusta el terror, de hecho, esta noche voy al cine a ver una película del género: Muñeco de nieve.

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  8. Ya me contarás que tal está que quiero ir a verla,pero para peli de miedo la de Anabel se la recomiendo a todos los amantes del cine de terror

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