25 de noviembre de 2017

Huevo de dragón #25N

                                                                           

Ni una más, ni una menos
Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer
Ni una más, ni una menos...

La puerta de la habitación tiene la llave puesta en la cerradura, Jorge lo sabe, a pesar de que no puede verlo porque hace rato que anocheció. En el dormitorio, la cama es un barco que navega en la oscuridad. 

De pronto, el silencio se interrumpe por el ladrido de Ataulfo, el mastín de los vecinos. Jorge se sobresalta, pero se tranquiliza enseguida porque su madre está tumbada a su lado.

La observa curioso y se fija en que permanece despierta porque tiene un ojo abierto, aunque el otro, de color morado brillante, está cerrado. De nuevo, a pesar de que quiere olvidar, Jorge recuerda lo que ha ocurrido después de la cena.
-Mamá, ¿el dragón está dormido?
-Sí, mi amor. No te preocupes, el dragón ya no está.
-Entonces... ¿regresará papá?
-Sí, mi niño. Él lucha contra el dragón cada día..., a veces vence, pero otras no lo consigue.
-Me gustaría tener un papá más fuerte...
-A él también le gustaría serlo. Tal vez algún día lo consiga..., lo de vencer para siempre al monstruo.
-¿Me lo prometes?
-Prometer no sirve de nada cuando la solución depende de otros.
-No lo entiendo, mamá. No me gusta que hables raro.
-Perdona, cariño. Los padres a veces decimos cosas ininteligibles.
-¿Qué es intigilibles? 

Jorge observa fascinado la sonrisa de su madre y la imita sin darse cuenta. No sabe por qué de repente ríe, pero le gusta verla así. Al estirar los labios, en el rostro amado aparece un gesto amargo y él se preocupa. El niño levanta la mano y le toca la mejilla hinchada.
-¿Te duele?
-No, hijo mío, ya no.
-El dragón es malo. ¡Quiero que se muera! ¡Quiero que papá lo mate!
-Papá hace lo que puede...
-Pero... ¿y cómo se metió el dragón dentro de papá? ¿Por la boca?
-No, cariño..., es muy complicado..., no lo entenderías.
-Siempre me dices lo mismo. ¡Ya tengo cuatro años! Dice la señorita Leonor que soy un niño mayor...
-Sí, es cierto, ahora lo veo: mi niño es un hombrecito ya.
-¡Entonces dime cómo el dragón se metió dentro de mi papá! Ya verás como lo entiendo. ¡Mami, porfi!
-Vale, te lo explicaré. Presta atención. Cuando papá nació, Dios puso dentro de su corazón un huevo de dragón de oro. Quiso premiar la bondad que traía al mundo. Pero ocurrió que tu padre sufrió mucho cuando era pequeño... ¡muchísimo! Fue un guerrero  que luchó contra un dragón gigante y malo que hacía daño a su mamá, la abuela Margarita...
-¡Ah, sí, la que está en el cielo!
Eso es, muy bien, cariño. Y además también tuvo que cuidar de sus hermanitas, tus tías Amalia y Rita. Ya ves, papá era un héroe valiente..., pero al pasar cada día cerca del dragón, el huevo de oro que guardaba en el corazón se volvió azul, y luego gris, y luego negro. Y así empezó a crecer, y llegó el momento que ya no cupo en su corazón, ni en su pecho..., y entonces salió al exterior y se hizo cada vez más fuerte..., y por fin, un día, cuando tú aún dormías en la cuna, derrotó a papá por primera vez.
-Es una historia muy triste. Me dan ganas de llorar.
La primera lágrima que resbala por la tez pecosa de Jorge se desliza suave hasta su barbilla. Se frota los ojos como si quisiera limpiar su acuosidad y pregunta en voz baja:
-¿Yo también tengo un huevo de dragón en el corazón, mamá?
Levanta la cara en busca de la respuesta, pero no ve nada, aunque escucha los ruiditos que hace su madre cuando llora: emite los mismos sonidos que cuando está constipada, como si metiese los mocos para arriba..., y eso que a él le dice que no hay que hacerlo, que los moquitos hay que echarlos en pañuelos de papel.

Jorge sabe que su mamá se pone muy triste cuando hablan del dragón. Tal vez debería preguntarle otra vez, pero siente miedo y no sabe qué hacer.

Aunque hoy no quiere dormirse, cada vez le cuesta más permanecer con los ojos abiertos. Lo último que percibe antes de que el sueño le lleve en volandas es el olor de su madre, que se parece al caramelo de los flanes que hace los domingos. 

Jorge sueña que le crecen unas alas como las de los ángeles que ha visto en la iglesia y que es muy fuerte, tanto, que puede coger a su mamá en brazos, y llevarla a un castillo que está en la cima de una montaña rodeada de nubes de color rosa. La fortaleza está tan cerca del cielo que ni los dragones pueden acceder a ella. 


  
  

4 comentarios:

  1. Uffff,que historia más dura,y que madre más valiente. Lo que son capaces de hacer las madres para proteger a sus hijos!Pero ante la violencia de género no hay justificación posible.Cada vez son más las mujeres maltratadas y es algo que no se puede consentir.Ni una mas,ni una menos.
    Me ha encantado la historia y la forma en que la madre,paciente,le cuenta a su hijo,de forma distorsionada y maquillada,un acto que no debería de ocurrir jamás.
    Ojalá no fuera necesario que hubiera un día intenacional contra la violencia de género porque no existiera,pero parece algo muy complicado.
    Por este motivo,en este día y en el resto del año, ¡NO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO!
    Un saludo araña.

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    1. ¡Buenas noches, Dama!
      Quise escribir este relato porque opino que los niños son las víctimas más indefensas cuando se produce una situación de violencia. Me parece tan triste y tan difícil de solucionar cuando estos casos se dan en el seno de la familia, donde más seguros deberían estar los más pequeños, que me planteo que tal vez sería bueno recuperar su perspectiva y ponernos en su lugar, aunque sea a través de un cuento.
      Tienes razón, ojalá no fuesen necesarios estos días para llamar la atención de la sociedad sobre un fenómeno que causa tanto dolor.
      Y, por supuesto, como también manifiestas, debemos tener presente esta lacra cada día. ¡No a la Violencia del Género!
      ¡Gracias!
      Un abrazo.

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  2. Buen relato araña, expresa a la perfección una de las caras más duras de la violencia de género, el sufrimiento de los más pequeños y la fuerza de esas madres para protegerles. Bien por ti

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    1. Buenos días, Anónimo.
      Cierto, es una de las caras más duras y más invisibles de la Violencia Intrafamiliar. Y también más injustas... los niños tienen pocos medios para hacerse escuchar, son víctimas fáciles.
      Gracias por leer el relato, aunque no corresponda al género que suelo escribir por aquí.
      Un beso.

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